Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La unidad de pensamiento y de corazón en la comunidad cristiana surge de compartir el tesoro único que es Cristo Resucitado.

Homilía p022005a, predicada en 20130409, con 4 min. y 42 seg.

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Transcripción:

Se ha discutido bastante si la descripción que nos presenta el libro de los Hechos de los Apóstoles cuando habla de la primera comunidad cristiana, es una idealización, una especie de leyenda piadosa sobre cómo eran aquellos primeros creyentes, o si esa descripción realmente corresponde a una realidad. Lo cierto es que varias veces en ese libro que nos acompaña y nos acompañará durante la Pascua, el libro de los Hechos de los Apóstoles, se cuenta cómo era la vida de aquellos cristianos. Hoy, por ejemplo, del Capítulo Cuarto, ese compartir, esa unidad, ese amor entre todos, esa conciencia de que nadie debe pasar necesidad.

Y por supuesto, lo que más impacta de esas descripciones es ver que en nuestro tiempo no sucede así. Es darnos cuenta que, lamentablemente, como ya denunciaba la Conferencia Episcopal de Medellín en mil novecientos sesenta y ocho, lamentablemente en nuestra época hay graves desigualdades dentro del pueblo cristiano. Desigualdades que no son simplemente de talentos o de esfuerzo, sino que constituyen verdaderas lamentables injusticias. Yo creo que cuando vemos gente que muere de indigestión y gente que muere de hambre, cuando tantos compran grandes propiedades simplemente por tener otro lugar donde pasar unas vacaciones y en cambio hay familias que tienen que vivir apretujadas en el espacio de una sola habitación, con lo que eso implica de daño para la higiene, para la salud, para el desarrollo afectivo y emocional de la gente. Cuando encontramos personas que no saben en qué gastar su dinero y otras que no saben dónde encontrarlo. Y todos ellos bautizados.

Ahí hay una injusticia que clama al cielo. Ahí hay algo muy grave que está sucediendo. Pero esta conciencia de la desigualdad no tiene por qué enviarnos en los terrenos cenagosos, los terrenos tenebrosos de una mentalidad comunista. Porque la mentalidad comunista pretende solucionar el problema de esas desigualdades creando en el fondo nuevas élites. Eso sucedió en la Unión Soviética, eso sucede en Cuba, eso pasa en China, eso pasa en Corea del Norte, por citar solamente algunos ejemplos. Pasa qué, pasa que el ser humano gusta de tener privilegios y lo que antes eran privilegios de una clase política o de una clase económica pasan a ser los privilegios de la clase dirigente del partido. Esa no es solución. Y el precio que cobra el comunismo es espantoso porque significa crear odios dentro de la sociedad y significa, sobre todo, cercenar a la humanidad del tesoro más grande que es la fe en Dios.

La gran enseñanza de los Hechos de los Apóstoles no es simplemente presentarnos un cuadro muy hermoso de un modelo de sociedad. Es sobre todo mostrarnos que cuando se comparte el tesoro de Jesucristo, junto a ese tesoro los demás son fáciles de compartir. Cuando verdaderamente, y ahí debo enfatizar el adverbio cuando verdaderamente Cristo es el centro, es el Señor y es el tesoro de mi vida. Ya no resulta tan extraño compartir otros que ya serán necesariamente tesoros menores. Que la Pascua, que la Pascua de Cristo nos mueva a viva reflexión en este sentido y que nosotros podamos servir cada vez mejor como testigos de la gloria del Resucitado.

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