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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cuando Cristo sea nuestro Tesoro, seremos capaces de compartir.
Homilía p022001a, predicada en 19960416, con 8 min. y 15 seg. 
Transcripción:
Durante la Pascua escuchamos en la santa misa ante todo el libro de los Hechos de los Apóstoles. Son los Hechos de los Apóstoles, pero también son los hechos del Espíritu. Son los Hechos de los Apóstoles, pero igual podrían llamarse hechos de la Pascua. Son los Hechos de los apóstoles, pero también podrían decirse los hechos de la gracia del Resucitado. Porque también el evangelio podría llamarse hechos de Cristo o hechos de Jesucristo antes de su Pascua, para luego llamar a este libro Hechos de Jesucristo después de su Pascua. Por algo son la segunda parte de una obra unitaria que tiene su autor en Lucas. Entonces Lucas escribió una obra que se llama Hechos de Jesucristo. Y esa obra se divide en dos, hechos de Jesucristo antes de su Pascua y hechos de Jesucristo después de su Pascua. Esta segunda parte igual podría llamarse Hechos del Espíritu, o de la gracia, o de la resurrección, o también Hechos de los Apóstoles. Porque apóstol del verbo apostello significa; enviar enviados. Entonces, estos son los hechos de los enviados por Cristo, de aquellos hombres enviados por Cristo, mejor dicho, hechos de aquellos hombres a los que Cristo constituyó como apóstoles. Pero en realidad no los envió, y se quedó por allá tranquilo. Cristo los envió y estuvo con ellos, como lo dice explícitamente el final del Evangelio según san Mateo: Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. De manera que aquí tenemos el caso de unos enviados, pero que no se van solos. Estos son enviados, pero el que los envía va con ellos. Estos son enviados, pero la vía por la que van es el mismo que los envía. Y por eso son más hechos de Jesucristo y de su Espíritu que de estos mismos hombres considerados en sí mismos. En ese orden de ideas, lo que hemos escuchado hoy es uno de los frutos de ese resucitado. Puesto que todos estos creyentes comparten una misma gracia, puesto que se alimentan de un mismo tesoro. En consecuencia, llegan a compartir sus bienes. A veces soy yo uno de las personas cuando se proclama este texto. Pues yo amo a las personas una cierta nostalgia. Hay tiempos, aquellos en que sí se compartían las cosas, no como ahora que estamos aquí, recogiéndonos de individualismo. No, en esa época, si todo el mundo compartía y eso, todos se alimentaban y nadie pasaba necesidad. No como ahora que estamos ahí, podridos de egoísmo. En esa época todos eran felices y todos contentos. No como ahora. Mira, cada vez que uno dice no como ahora, está ofendiendo a Cristo. Porque es como decirle a Cristo allá sí estuviste y aquí no estás. Y además cuando uno dice no como ahora, uno está negando el texto de la carta a los Hebreos, Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre. Y cuando uno dice no como ahora, está negando también lo que enseñó Dios. Por ejemplo, a Catalina de Siena cuando le hablaba de los santos y le decía ni el sol era más sol en esa época, ni es menos ahora. De manera que dejémonos del no como ahora. ¿Y de qué manera lo quitamos? De dos maneras, Primera, como vamos a escuchar, por ejemplo, en el texto de mañana de los Hechos de los Apóstoles de mañana, no, es un poco más adelante, allí donde se cuenta la famosa historia de este señor que me vendió el campo, pero se reservó una parte del dinero. Yo sé que eso existe en los Hechos de los Apóstoles. (Cuando se va a leer es lo que yo no sé, si ya pasó, no ese no ha pasado). Eso existe en los Hechos de los Apóstoles, el del famoso Ananías ese, que se reservó una parte del precio del campo y llegó allá donde Pedro con la cara lavada y tranquilo, y entonces se murió. Y bueno, y esas discusiones entre los de lengua griega y los de lengua hebrea dignas de un monasterio. Entonces hoy qué diríamos. Entonces, ¿Cómo nos quitamos el no como ahora? En primer lugar, sabiendo que la Iglesia desde sus inicios tuvo dificultades y tuvo tensiones. Incluso por allá entre gente tan importante como Pedro y Pablo, según nos cuenta la carta a los Gálatas. Entonces, dejémonos de idealizaciones. Eso es lo primero, dejarse de idealizaciones. Y segundo, el camino no es decir, cuándo llegaremos a compartir, cuando por fin compartiremos. No, el camino es una, Cristo en medio y la gente comparte. Es lo mismo que sucede con ese texto del Capítulo Trece de la primera Corintios. El amor es paciente, el amor es servicial, el amor no tiene envidia. Entonces empieza uno a luchar por ser paciente, por ser servicial, por no tener envidia. Hombre, si le dicen que el amor es eso, mejor dicho mujer. Si le dicen que el amor es eso, quiere decir busque el amor y le llegará eso. Acoja el don del amor, el carisma del amor y le llegará lo demás. Es como cuando le dicen a uno: El que tiene a Cristo en su corazón, vive alegre. Ay, yo cómo hiciera para alegrarme. Mire, no es sino tener dos dedos de frente, dentro o fuera de la toca, pero dos dedos de frente para decir bueno. Si me dicen que el que tiene a Cristo vive alegre, la respuesta es tener a Cristo. Ahí es donde tengo que hacer fuerza. Si me dicen aquí que todos compartían porque Cristo resucitó, yo tengo que buscar que esa resurrección del Señor suceda en mi vida. Cuando Cristo sea mi tesoro, tu tesoro, nuestro tesoro, así como hoy, mi cooperativa, nuestra cooperativa, cuando Cristo sea mi cooperativa, mi tesoro, tu tesoro, nuestro tesoro, compartiremos. De resto son bobadas nuestras palabras.

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