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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Frente a la persecución, aquellos primeros cristianos respondieron fortaleciendo la comunidad y la oración; y su súplica fue: valentía y misericordia.

Homilía p021011a, predicada en 20210412, con 10 min. y 51 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos. El mensaje de la Pascua se puede resumir en esa consigna que Jesús le da a Nicodemo. Nacer de nuevo. Nacer es el comienzo de nuestra vida como seres humanos en medio de una sociedad. Ahí empezamos a relacionarnos de un modo, llamémoslo así, concreto, real, con las personas que nos rodean. Y a partir de esa relación que nos humaniza, aprendemos a hablar, a pensar, a reír, a caminar, a trabajar. Eso es lo que sucede cuando nacemos y todos los que escuchamos estas palabras ya hemos nacido una vez.

Pero Jesús dice Hay que nacer de nuevo. Es algo así como si nos dijera Hay que volver a aprenderlo todo. Volver a aprenderlo todo. Volver a aprender, por ejemplo, de qué reírnos y de qué llorar. Volver a aprender cómo hablar y cómo pensar. Y en ese sentido, yo creo que algún ejemplo nos puede servir. Cuando una persona está en medio del pecado, encuentra su alegría en lo que le hace daño. El caso más sencillo de entender es el de la persona que es víctima de un vicio. La persona viciosa encuentra su alegría en lo que le destruye. Por ejemplo, el alcohol o la droga, o la pornografía o lo que sea. Cosas que le hacen daño, pero encuentra su alegría ahí. Cuando Cristo llega a su vida como Señor y Mesías, entonces las alegrías cambian y esa persona ya no encuentra alegría. Si de verdad Cristo reina en su corazón. Ya no encuentra alegría en lo que le hacía daño y hacía daño a otras personas, sino que ahora su alegría ha cambiado.

Demos otro ejemplo. Hay personas que tienen la tendencia a utilizar un lenguaje lleno de grosería, lleno de doble sentido, lleno de ironía o de humillación. Son costumbres, son malas costumbres que se meten en nuestra vida. Si de verdad nacemos de nuevo, hay que aprender a hablar. ¿Y aprender a hablar qué significa? Pues significa que lo que antes era mi costumbre, por ejemplo, utilizar la ironía, la humillación, la obscenidad, la vulgaridad, eso desaparece de mi vida porque ha llegado una vida nueva, ha llegado una verdadera vida, la vida que Cristo trae.

Un ejemplo impactante de lo que es esa vida nueva lo tenemos en la primera lectura de hoy. Porque realmente aquella comunidad cristiana de la que nos hablan los Hechos de los Apóstoles estaba siendo sometida a una situación muy difícil, de un modo injusto. Con una injusticia que raya incluso en lo ridículo. De un modo injusto ellos estaban siendo perseguidos, encarcelados, torturados, humillados públicamente. Les querían someter a prohibiciones absurdas. En esas circunstancias, ¿Cuál es la reacción usual de muchos seres humanos? ¿Cuál es la reacción usual de muchos de nosotros? Seguramente la rabia o la venganza, o en otro sentido, tal vez la frustración, la desesperación, la tristeza. Quizás alguien podría decir para qué me metí yo a creyente. Para tener todos estos problemas. Para qué me metí yo a seguidor de Jesucristo. Para que entre en este camino. Y ahora mire lo que me está pasando.

Pero ¿cuál es la reacción de ellos? Aprendamos, aprendamos de la reacción de ellos. La reacción de ellos es muy bella. La reacción de ellos es reunirse. Ojo con eso reunirse. Cuidado con la dispersión. Cuidado con el aislamiento. Cuidado con la soledad. Cuidado con eso. Reunirse. Reunirse. Hay que compartir. Hay que conectarse. Aislarse es cometer un error muy grave. Acuérdate lo que ya hemos dicho tantas veces de estas manadas, por ejemplo, de cebras, cuando son perseguidas por otras fieras, por ejemplo, los leones. Las cebras se mantienen compactas, se reúnen y la cebra que se queda rezagada, es la que va a servir de alimento a los leones. Cuidado con aislarse. Primer punto.

Segundo punto oran. Hay que hacer oración. Hay que entender que las dificultades que vivimos, ya sea personalmente o comunitariamente, las dificultades que experimentamos, son dificultades que nos llegan por seguir el camino de Cristo. Pero el camino de Cristo no termina en la dificultad. Así como la misión de Cristo no terminó en la cruz. Así como Él a través de la cruz llegó a la gloria de la resurrección. Así el cristiano que persevera a través de las dificultades, llega a la gloria, la gloria propia de ver el triunfo de Dios en sí mismo y en los demás.

Entonces, ¿por qué oramos? Oramos porque comprendemos que si estamos padeciendo lo que estamos padeciendo es porque amamos a Cristo y somos seguidores suyos y nos unimos a Él para decirle Tú que has vencido, danos victoria a nosotros. Ese fue el tono de la oración de aquellos discípulos. Tú que has triunfado, danos el triunfo a nosotros y sobre todo, queremos estar unidos a ti. No queremos vivir esto separados de ti. Porque es muy bueno que nos unamos entre nosotros, pero nada se lograría si estamos unidos entre nosotros y no estamos unidos a Cristo.

¿Y cuál fue el fruto de esa oración? Se sintetiza en dos palabras. La primera es la palabra valentía. Lo que ellos piden no es. Y esto es muy interesante. Lo que ellos piden no es que se acaben los problemas, que se acaben las persecuciones, que se acaben las angustias. Ellos no piden que se acaben los problemas. Ellos piden valentía, valentía para afrontar el problema. Que si el problema crece, crezca nuestro amor y valentía. Y si crece todavía más, que crezca todavía más nuestro amor y valentía a ti. Hasta llegar incluso al martirio, como fue el caso de algunos o muchos de ellos. Entonces pidieron valentía.

Yo creo que nosotros tenemos que pedir también esa fuerza, no sea que por considerar la fuerza de los perseguidores se nos olvide quién es el que ha vencido toda persecución que es Cristo. Entonces hay que pedir valentía, pero la valentía nos puede volver simplemente agresivos. Podemos caer en el terrible error de volvernos agresivos. Esto ha sucedido varias veces en la iglesia.

Algunas de las cruzadas que fueron realizadas por cristianos fervorosos allá en la época de la Edad Media. Algunas de esas cruzadas estuvieron marcadas precisamente por una violencia que ya no tenía justificación. Yo sé perfectamente que las Cruzadas empezaron como una respuesta a la agresividad de los musulmanes que secuestraban, torturaban a los cristianos o impedían que llegarán a los lugares donde vivió Cristo. Sí, las Cruzadas tuvieron un origen que se puede llamar legítimo en términos de legítima defensa, pero también hubo excesos. Seamos sinceros, también hubo excesos. Entonces, si uno se queda solamente en la parte de la valentía y tenemos que ser muy valientes, uno puede llegar a la agresión y uno puede llegar a responder odio con odio.

Fíjate, la segunda parte de la oración de aquellos discípulos. Sigue multiplicando los milagros y prodigios, las curaciones, las liberaciones, el sello de que nuestra valentía viene de Dios. El verdadero sello de que somos de Dios es que nuestra valentía no se traduce simplemente en el deseo de que yo gane o de que nosotros ganemos, sino en el deseo de que sea vencido lo que oprime a nuestros adversarios. Es decir, es la capacidad de ver al adversario, incluso al perseguidor, verlo como víctima. ¿Víctima de qué? Pues víctima del pecado que le ha ganado.

El triunfo de Dios no consiste en aplastar al pecador, sino en retirar el pecado del pecador. Y en este sentido hay algo muy, pero muy grande que tenemos que aprender. Hay movimientos católicos especialmente de tendencia, que a veces se llama derechista tradicionalista, que todo es con una agresividad en el lenguaje, pero todo, todo. Ya puedes leer tú un artículo que publicaron hoy o que publicaron hace un mes, o hace un año, o hace diez años. Y todo es negativo y todo es para criticar y todo es para decir que todo está mal. Esa agresividad en el lenguaje o en el corazón muestra que falta espíritu de Pascua. También hay otros que han llegado a la agresividad, como los guerrilleros que se creyeron de inspiración cristiana, traicionando, por supuesto, a Cristo. Una vez más vemos que la derecha extrema, la izquierda extrema, terminan pareciéndose tanto. Aquí en Colombia, por ejemplo, tenemos el caso ese. Una parte de la guerrilla se supone que tiene una especie de inspiración cristiana. ¿Qué inspiración cristiana es esa? Reventando oleoductos, oprimiendo campesinos, reclutando forzadamente a menores de edad, violando mujeres y obligándolas a abortar. ¿Qué cristiano es eso? No blasfememos, por favor. Eso no es cristiano.

Entonces, la respuesta que muestra que estos cristianos sí habían nacido de nuevo es que ellos se reúnen. Ellos oran y en su oración piden valentía. No nos vamos a acobardar. Pero también la misericordia que multiplica las señales de Dios para lograr la verdadera victoria. Porque la verdadera victoria no es que sean derrotados nuestros adversarios, sino que ellos, lo mismo que nosotros, descubramos a Cristo como único Señor. Amén.

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