Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Señor danos valentía para ser verdaderos cristianos hasta el último momento y hasta las últimas consecuencias, valentía que hace posible la acción del Espíritu sobre su pueblo.

Homilía p021007a, predicada en 20190429, con 5 min. y 14 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy está tomada del Capítulo número Cuatro de los Hechos de los Apóstoles. Realmente este es el mejor tiempo del año para leer este libro de la Sagrada Escritura. Los Hechos de los Apóstoles. Porque lo más hermoso que tiene ese libro es que los Hechos de los Apóstoles son también los hechos del Espíritu Santo. Estoy hablando de la obra que Dios realiza, la preciosa obra que Dios realiza con la fuerza de su Espíritu a través de los apóstoles. En efecto, si el pecado es separación entre Dios y el hombre, el fruto precioso de la redención es que hay unión entre lo divino y lo humano. Qué hermosa expresión la que utiliza Santo Tomás de Aquino en su estudio teológico de la Gracia cuando dice, que la gracia de Dios, el amor gratuito de Dios, es operante, pero también es cooperante.

Cuando Dios ha hecho ya el cimiento, cuando Dios ya ha puesto el cimiento en nuestro corazón, ya no solo obra en nosotros, sino que también obra con nosotros. Y ese obrar con, es lo que se llama gracia cooperante. Con esta introducción recordemos los elementos fundamentales. Encontramos una asamblea en oración, un grupo de cristianos que está sufriendo persecución. Las cabezas visibles, es decir, los apóstoles, están siendo duramente golpeados, los han encarcelado, los han azotado, los han llenado de insultos y de amenazas. Los apóstoles han resistido bien, pero todo el mundo se da cuenta de que esta persecución no va a terminar pronto. ¿Y entonces qué hacen? Se unen y orán.

Estas palabras, hermanos, tienen una connotación muy especial para mí en este año dos mil diecinueve, porque en el momento en que les ofrezco estas palabras, están retumbando mis oídos con las noticias de la terrible persecución a los cristianos en Sri Lanka. Una serie de atentados terroristas ha terminado la vida de más de doscientos noventa cristianos católicos. Casi trescientos muertos a los que de alguna manera podemos considerar ya mártires. Porque la razón del odio contra ellos fue precisamente el proclamar su fe. El número de heridos es difícil de estimar, pero todas las estadísticas hablan de más de quinientas personas. Algunos de ellos cargarán cicatrices en su cuerpo y en su alma por el resto de sus vidas. Para mí es muy elocuente hacer una reflexión sobre este texto de la primera lectura mientras tengo en mis ojos muy frescas las imágenes del tipo de persecución que están sufriendo los cristianos en Sri Lanka. Lo mismo que en otros sitios, por ejemplo, en el norte de Nigeria, o también en Siria o en Mali en África, o también en Irak, y así en tantos otros sitios.

Los cristianos de esta primera lectura oraron ¿Y qué pidieron? He ahí la gran lección para nosotros. Dos cosas, Primero, que no nos falte valentía, que no seamos del número de los traidores. Básicamente lo que están pidiendo es eso, que no seamos de los traidores. Y segundo, ¿Qué más están pidiendo? Que Dios no detenga la fuerza, el poder de su Espíritu, que sana, que salva y que libera. Que se vea la fuerza de tu espíritu y que se vea la fuerza de nosotros, que somos tu pueblo. Fuerza que no proviene únicamente de nosotros. Fuerza que finalmente proviene de Ti, Señor. Valentía, valentía para saber ser cristianos hasta el último momento y hasta las últimas consecuencias. Valentía que abre la llave del cielo y hace posible la preciosa acción del Espíritu, de manera que el Señor siga obrando señales y prodigios en todo su pueblo.

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