
Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Nicodemo usa la diplomacia de quien no quiere cambiar mucho ni que lo cambien mucho; Cristo propone algo profundo: nacer de nuevo.
Homilía p021004a, predicada en 20140428, con 5 min. y 33 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy, tomado del Capítulo Tercero de San Juan, nos presenta un encuentro, una entrevista. Se trata de un hombre de edad avanzada, un maestro de Israel llamado Nicodemo. Es un hombre importante según los estándares de esa época. Es un hombre respetable, según la opinión de aquel tiempo y de aquel lugar, y por consiguiente, es también un hombre prudente. No quiere darle mucha publicidad a su encuentro con Jesús. Prefiere un estilo discreto, quizás porque desea cerciorarse primero por sí mismo cómo son las cosas y dependiendo de lo que encuentre, ya tomará una posición frente a los jefes del pueblo y frente a los discípulos que tiene. Esta prudencia lleva a Nicodemo a visitar a Cristo en la noche. Esta prudencia también le lleva a saludar con una especie de despliegue de diplomacia. Sabemos que vienes de parte de Dios. Nadie puede hacer las obras que tú haces si Dios no está con él. Es el saludo respetuoso de una persona que siente que está por lo menos ante un igual. Ese es el estilo de Nicodemo. El estilo de Jesús es muy distinto. Es más joven que Nicodemo. También tiene discípulos. Pero vaya contraste. Los discípulos del Señor son gente extremadamente humilde, pescadores de la región de Galilea, en su mayor parte. Y mientras que Nicodemo da esos rodeos y busca esa elegancia para tratar de congraciarse con su interlocutor, que es Cristo. El lenguaje de Cristo parece tan directo que casi es agresivo como respuesta al saludo diplomático de Nicodemo. Jesús tiene una sola palabra. Hay que nacer de nuevo. Llama la atención esto porque está indicando que Cristo no quiere ganar la simpatía o no quiere ganar la buena opinión de Nicodemo. Quiere ganar el corazón, quiere ganar la vida de este hombre. Y yo pienso que ahí hay un testimonio también para nosotros, una enseñanza que no debemos dejar perder. Cristo no viene simplemente a dejar en nuestra cabeza unas ideas interesantes. Cristo no viene simplemente a dejar en nuestro corazón algunos ejemplos que ciertamente motivan. Cristo no viene a dejar en nuestro ánimo un poco de alegría y de entusiasmo. Es verdad que Cristo tiene muy buenas ideas. Es verdad que es capaz de inspirar toda una vida, y es verdad que puede traer entusiasmo y mucho más que entusiasmo, verdadero fuego de generosidad y de entrega. Todo eso es verdad. Pero lo que Cristo quiere en nosotros es mucho más que eso. Y por eso su lenguaje directo nos está diciendo No quiero algo de ti. Se trata de nacer de nuevo. Se trata de volver a empezar. Volver a empezar del agua y del espíritu. Volver a empezar como una creación que emprende su camino desde una nueva base. Y esa base no es otra que el mismo Cristo. Según lo que dice el apóstol San Pablo, la base ya está puesta y es Cristo. Así que saquemos de este Evangelio un lenguaje más sencillo. Tanta diplomacia con que a veces nos tratamos viene a ocultar simplemente el cultivo del ego y viene a quedarse simplemente en una sociedad de mutuo elogio. Aprendiendo de Cristo sabemos que no se necesita rudeza, se necesita claridad. No se necesita agresividad, se necesita lenguaje directo. Y lo que en realidad se necesita es recibir de él nuestra verdadera base y cimiento, y empezar desde él una vida que merezca ese nombre.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|