|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo no miró a los fariseos como enemigos, y si fue duro con ellos, es porque las circunstancias reclamaban acción drástica.
Homilía p021003a, predicada en 20120416, con 4 min. y 37 seg. 
Transcripción:
Hemos iniciado ayer la segunda semana de Pascua con el gran mensaje de la Misericordia. Qué tono va a tener esta semana después de esa caricia del amor de Dios, ¿Que es saber cuánto nos ha esperado y cómo nos ha amado? Pues mira en el Evangelio y centrémonos, por ahora, solo en el Evangelio. Vamos a seguir una conversación entre Cristo y uno de los fariseos más importantes de su tiempo. Este hombre que era fariseo y maestro de fariseos, se llamaba Nicodemo. Ahora bien, nosotros estamos acostumbrados a ver a los fariseos simplemente como contrincantes o como enemigos de Jesucristo. Yo creo que después de esta semana y después de escuchar este diálogo, nuestra opinión puede cambiar. Por lo menos puede cambiar en lo que tiene que ver con Jesús mismo. Porque el punto central es que Cristo en sus disputas con los fariseos, no está simplemente deshaciéndose o desacreditando a unos enemigos. De hecho, la palabra enemigo no sería apropiada para describir el sentimiento o la actitud de Cristo hacia los fariseos. Una cosa es que muchas veces les haya hablado con dureza, denunciando sus hipocresías, mostrando sus incoherencias, desacreditándolos incluso ante sus propios discípulos. Pero estas acciones tan fuertes de Jesús. Yo creo que hay que entenderlas como se entienden las acciones drásticas que a veces tienen que tomar un médico en una sala de urgencias. El médico no pide demasiados permisos cuando se trata de detener una hemorragia, cuando se trata de sacar a una persona de un paro cardíaco. Cuando se trata de restablecer la circulación en el cerebro, pues esa finalidad, ese objetivo, es tan precioso, tan urgente, tan importante que a nadie se le ocurre que todo dependa sólo de buenas maneras. Qué tal estaría el médico que empezara a pedirle muchos permisos a un paciente que se está asfixiando para ver si le hace una traqueotomía. Esa sencilla operación, pero tan dramática por la que se abre la garganta de la persona para que pueda respirar porque tiene una obstrucción en vías respiratorias más altas. Qué tal el médico pidiendo permiso. El médico procede y procede con cierta rudeza. Así también Jesús, médico divino, muchas veces habló a los fariseos con rudeza porque era necesario hacer una traqueotomía. Era necesario que llegara con fuerza, con poder, el Espíritu Santo a esos hombres y mujeres también. Entonces, ese es el mensaje que Cristo tiene para los fariseos. Y cuanto más endurecidos, y cuanto más arrogantes, y cuanto más adversos a Cristo querían presentarse ellos, más necesario era que Cristo obrara con esa energía, con ese dinamismo, con esa dureza. Pero repito, no es que Cristo mirara a los fariseos como enemigos. Ellos, los fariseos de ese tiempo o de todos los tiempos, lo mismo que todos los demás seres humanos, necesitamos salvación. Y esa salvación muchas veces pasa por la denuncia de nuestros pecados. No nos extrañe entonces que Cristo también a nosotros con firmeza nos denuncie lo que tiene que denunciarnos. No pensemos que la amabilidad o dulzura de Cristo va a servir como de alcahuetería ante nuestros pecados. En el caso de Nicodemo hay algo interesantísimo y es que el mensaje de Cristo realmente es el de un nuevo comienzo, y por eso es tan apropiado este diálogo para reflexionarlo en la Pascua. Lo que Cristo le está diciendo a este maestro de fariseos y también nos está diciendo a nosotros, es que en la Pascua hay un nuevo comienzo que Dios nos está ofreciendo ese nuevo nacimiento, nacimiento del agua y del Espíritu. Y vamos a ver en los textos de estos días eso qué quiere decir y hasta dónde nos va a llevar.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|