|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La actualidad de la persecución.
Homilía p021001a, predicada en 20040419, con 7 min. y 33 seg. 
Transcripción:
Hermanos, es posible que nosotros cuando leemos estos relatos de las persecuciones que sufrieron los apóstoles, pensemos que todo eso ha quedado ya atrás, ha quedado en otras épocas. En la mayor parte de nuestros países no se oye hablar de persecución religiosa, no andan metiendo gente a la cárcel porque es católica o porque fue a misa o porque se confesó. Esos no son motivos para encarcelar personas. Sin embargo, podríamos equivocarnos si decimos que las persecuciones ya terminaron. Podríamos equivocarnos si tenemos en cuenta que en el solo siglo XX hubo miles de mártires, gente que murió muchas veces después de horrenda tortura. por dar testimonio de su fe en Jesucristo. No está eso tan lejos en países como Albania, Vietnam o China. Hasta hace muy poco, y no sabemos si incluso en estos mismos momentos hay gente que está padeciendo lo que se cuenta en la primera lectura. Gente que ha estado en la cárcel y gente que ha sido privada de sus derechos simplemente porque cree en Jesucristo. Pero aparte de esa persecución, hay otros modos de persecución, hay otros modos de acoso, hay otros modos de marginación y por eso yo creo que nosotros como creyentes tenemos que estar dispuestos a dar razón de nuestra fe, como dijera el apóstol Pedro en su primera carta, invitando a todos a tener buena conciencia y a ser capaces de dar razón de su esperanza. ¿Qué clase de persecuciones podemos encontrar hoy? Pues probablemente algo sabe de esto el Papa Juan Pablo Segundo, que, como recordamos, tuvo que recibir su formación sacerdotal en secreto, precisamente por la represión del régimen comunista en la Polonia de aquel tiempo. Y es como un estribillo que tiene el Papa, especialmente en sus predicaciones, en sus discursos a los jóvenes. Es como un estribillo que él tiene, invitándolos a estar dispuestos a vivir en contravía. A caminar a contracorriente. ¿Qué indican estas expresiones? Ir en contravía quiere decir que mucha gente o que muchas otras personas o que la corriente general del pensamiento va en la otra dirección. Cuando nos sentimos minoría, a veces puede ser porque la Iglesia se ha quedado atrás, se ha quedado rezagada en muchas cosas o a veces puede ser porque la corriente va en sentido contrario. Valorar el matrimonio, valorar la familia, buscar la solidaridad real entre los pueblos. No creer, no creer que la injusticia económica y política que vemos hoy en el mundo y esa distribución tan desigual de las riquezas y recursos, no creer que eso tiene la última palabra. Eso es ir en contravía. Proponer caminos de diálogo cuando lo más sencillo es destruir al otro y aplastarlo. Eso es ir en contravía. Proponer que el valor de la pureza. Cuando el libertinaje y todo género de experiencias íntimas y sexuales parecen la norma, es decir, ir en contravía. Pero tenemos que aprender de la primera lectura también que no es posible soportar la persecución sin oración. Aquellos apóstoles, sintiéndose perseguidos, no se consideraron capaces de afrontarlo todo con sus solas fuerzas, ni confiaron únicamente en el apoyo, en la solidaridad, en el cariño que les pudieran tener los otros cristianos. Se reunieron los que habían pasado por la persecución y los que podían pasar por la persecución. Todos se reunieron. Y juntos invocaron a Dios y descubrieron que eso ya estaba predicho en la Escritura. Y descubrieron también que eso estaba entonces en el plan de Dios, y descubrieron que el plan de Dios no termina en la hora triste, en la hora oscura de la persecución, sino que el plan de Dios va más allá. Ese plan llega hasta el feliz desenlace que ya vimos en el gran mártir en Jesucristo. Así como el martirio de Cristo no terminó en el frío de la tumba, así también la persecución que sufren los cristianos no termina en la mala hora, sino termina en la gloria del cielo, y se expresa también en el renacer, en el florecer y en el robustecerse de la Iglesia en esta tierra. Y qué hermosa petición la que hacen en esa primera lectura. Concede a tus siervos anunciar tu Palabra con toda libertad. No piden que cese el dolor, no piden que cese la tortura, no piden que cese la persecución. Lo que están pidiendo es que, a pesar de todo eso, que más allá de todo eso, que por encima de todo eso nosotros podamos expresar con valor, con audacia, con libertad, tu palabra, Señor. Y lo único que piden es, danos esa libertad, manifiesta tu poder. Qué lindo que aparezca tu poder para que sea tuya la gloria y el poder que piden. Es el poder de curar. Sí, el poder de la petulancia y de la altanería de este mundo. Es poder para desgarrar y poder para destrozar. El poder que pide el cristiano es el poder de sanar. Danos poder para que se realicen curaciones. ¡Qué gran ejemplo para nosotros! Estamos viviendo y tal vez las cosas se pongan peores. Estamos viviendo tiempos donde los cristianos somos y seremos perseguidos. Hay que ir más allá, hay que dar un paso más, hay que ir a la oración, hay que encontrar en la palabra la clave. Hay que alimentarse en esa oración comunitaria cargada de fe y sentir cómo el Espíritu nos da fuerza para anunciar con libertad la Buena Noticia.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|