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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Somos los hijos de la Pascua, somos los hijos de las victorias de Moisés en el Éxodo y de Jesús en la Cruz que han destruido el poder del demonio y que hacen posible la vida de Dios en nosotros.

Homilía o343014a, predicada en 20241127, con 6 min. y 14 seg.

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Transcripción:

Ustedes y yo, mis hermanos, somos el pueblo de la Pascua. Sí, nosotros hemos nacido de la Pascua. Sé que a esta altura del año hablar de Pascua quizás suena como un poquito desfasado, porque asociamos la Pascua, por supuesto, la asociamos con la Semana Santa y eso ya fue hace bastantes meses. Pero es que el nuevo nacimiento no tiene, óyeme esto tan bello, el nuevo nacimiento no tiene fecha de expiración.

Y la Sagrada Escritura misma nos habla precisamente de ese nacimiento de la Pascua. Por ejemplo, en el capítulo primero del Evangelio según San Juan, refiriéndose a los que han creído en el Hijo de Dios, que eso es lo propio del sacramento del Bautismo, que eso es lo propio de la vida cristiana, dice: Estos no han nacido de deseo de varón, no han nacido de la concupiscencia de la carne. Estos han nacido de Dios. Entonces, nosotros somos el pueblo de la Pascua. Y la primera lectura de hoy del Apocalipsis, nos presenta con una figura litúrgica tan hermosa, nos presenta cómo se fusionan las grandezas de la antigua Pascua, en figura del cántico de Moisés, y las grandezas de la nueva Pascua, en figura del cántico del Cordero. Y el Cordero es Cristo, el Cordero de la nueva Pascua.

Entonces, hay un cántico de Moisés que se une al cántico del Cordero, porque la antigua Pascua se funde, se prolonga, se levanta en la nueva Pascua y nosotros somos los hijos de la Pascua, nosotros somos el fruto de ese amor, nosotros somos el resultado de esa siembra, siembra de amor. Esos somos nosotros, eso es lo que Dios ha hecho en nosotros. Es algo hermosísimo, es algo tan bello. Nosotros somos el pueblo de la Pascua, el pueblo que Dios escogió. Es algo muy hermoso, muy, muy hermoso. Y ¿qué significa el cántico de Moisés? Lo entendemos en razón de la victoria de Moisés. El cántico de Moisés está en el capítulo 15 del libro del Éxodo. Y ¿por qué surge el cántico de Moisés? Por la victoria que Dios concedió a través de Moisés a su pueblo de elección.

Y ¿en qué consistió esa victoria? Hay que entender esa victoria para comprender que es lo que se celebra en ese cántico. Pues lo que hay en esa victoria es la derrota, nosotros somos vencedores porque ha sido derrotado el faraón. ¿Por qué es grandioso que se haya derrotado el faraón? Porque, es que el faraón pretendía ser dueño de las vidas, el faraón pretendía humillar y destruir al pueblo elegido de Dios. Tú recuerdas, por ejemplo, como el faraón pensó que podía disponer de los hijos de Israel: Si nace niña, la dejan con vida, si nace varoncito, si nace varón, lo ahogan en el Nilo. Dueño de vidas, y ¿por qué se creía dueño de vidas? Porque es que resulta que el faraón era un ser divino, se supone que era una especie de representación o de encarnación, encarnación no era la palabra, una especie de presencia de una raza divina.

Pues la victoria de Moisés es la demostración que esos dioses no son dioses, y la victoria de Cristo en la cruz es la victoria sobre la muerte, sobre la noche, sobre el pecado, sobre el demonio. Entonces, te das cuenta cómo se une. Lo profundo de la victoria de Moisés no fue simplemente derrotar al faraón, sino derrotar una falsa imagen de la religión, una religión falsa que le daba poder al demonio. Dicho de otro modo, más corto, el gran derrotado en el Éxodo no es el faraón, es el demonio. Y el gran derrotado en la cruz de Cristo es el demonio, aquél que con gran envidia introdujo el pecado y con el pecado la muerte para nosotros.

Entonces, nosotros somos los hijos de la Pascua, nosotros somos hijos de esas victorias que han destruido el poder del demonio y que hacen posible la vida de Dios en nosotros. ¿Qué hay que hacer? Agradecer ¿Que hay que hacer? Cantar, alabar y preservar el tesoro que tanto le costó a Moisés y que tantísimo le costó a Jesucristo. Amén.

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