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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La ira de Dios es el desencadenamiento de las consecuencias acumuladas por nuestros pecados y el Señor actúa restableciendo el orden perdido en la creación por el pecado.
Homilía o343011a, predicada en 20181128, con 6 min. y 54 seg. 
Transcripción:
Tanto en la primera lectura de ayer como en la de hoy, aparece la idea, aparece la afirmación del despliegue de la ira, el despliegue de la cólera, el furor de Dios. Muchas personas encuentran difícil este concepto, algunos tratan de esquivarlo diciendo: Mira esas eran ideas que había en ese tiempo, pero la verdad es que eso ya no aplica para nuestra época. Algo así como que eso en realidad ya no importa, eso no hay que darle importancia, era una especie de, llamémoslo así, de concepción equivocada, que ellos tenían una idea equivocada. Cuando yo me encuentro con esa manera de razonar, pienso que estamos frente a una especie de infantilismo, es algo así como creer que el infierno va a dejar de existir simplemente porque nosotros lo neguemos.
Y tú le puedes preguntar a cualquier psicólogo qué nombre tiene ese tipo de comportamiento. Es decir, si una persona tiene, por ejemplo, un cáncer y la persona empieza a decir: Mira, no me hablen de cáncer, no pronuncien esa palabra en mi familia, no me pongan ningún programa que tenga que ver con eso, no quiero leer nada sobre eso, no quiero volver al médico. ¿Tú cómo llamas ese comportamiento? Creo que uno de los nombres que tiene es negación, y la negación no resuelve nada. Entonces, hay personas que están en negación frente a temas tan serios y tan importantes como el de la condenación eterna o como el de la ira de Dios, están en plena negación, creen que simplemente negando, negando, ya se soluciona todo. Y no, la verdad es que negando no se soluciona nada.
Pero entonces, ¿cómo debemos entender esto de la ira de Dios? Bueno, vienen en nuestro auxilio los grandes pensadores, los grandes santos que han estudiado mucho de la Sagrada Escritura, que han orado mucho y que sin duda han recibido grandes luces del Señor. Pensemos, por ejemplo, en un santo Tomás de Aquino. Y ¿qué es lo que nos dice Santo Tomás? La explicación es muy bella. Él dice que muchas veces la Biblia utiliza un lenguaje humano para tratar de describir algo de Dios. Entonces dice: Cuando nosotros vemos que una persona busca obrar la justicia con particular vigor e intensidad, y cuando vemos que Dios busca que se haga justicia con vigor y con intensidad, fácilmente le atribuimos a Dios esas mismas pasiones o sentimientos que solemos ver en las personas que obran con esa intensidad.
Por ejemplo, una persona que tiene un ataque, decimos nosotros, tiene un ataque de ira. Y en ese ataque de ira se va, por ejemplo, contra un atracador y lo derriba y lo golpea, impide que se haga ese crimen. Estaba realmente iracundo, el que obró con esa fuerza contra ese atracador. Digamos que se hizo justicia y se hizo justicia de una manera bastante fuerte, esa persona estaba llena de ira. Entonces, nos dice Santo Tomás que como estamos acostumbrados a ver que las personas que hacen justicia con ese vigor, con esa fuerza, están llenas de ira, entonces la Biblia también habla de la ira de Dios, es decir, está nombrando la causa por el efecto.
Y ¿qué significa entonces, ya no en un lenguaje antropomórfico, qué significa entonces la ira, qué quiere decir esa ira? Quiere decir la acción culminante de la majestad divina que restablece el orden perdido en la creación por el pecado. Es decir, los pecados que nosotros vamos acumulando no pueden seguirse apilando indefinidamente, hay un momento en el que eso trae gravísimas consecuencias, y esas consecuencias que responden al orden de la naturaleza y al plan de Dios para su creación, esas consecuencias son funestas, son terribles. El desencadenamiento de esas consecuencias, consecuencias de nuestros pecados, eso es lo que la Biblia llama la ira de Dios.
Entonces, no debemos ser tan antropomorfizante, no tenemos que imaginar a Dios de una manera tan antropomórfica, como que hoy estoy de mal genio y hoy estoy más tranquilo, hoy tendré un poco de paciencia, hoy si no me aguanto nada. No, ese no es Dios, no hay necesidad de imaginarlo de esa manera. Más bien lo que debemos pensar es que en su infinita sabiduría y poder, dentro de la misma creación, están dadas las condiciones para que la acumulación de nuestros pecados tenga graves consecuencias y el desencadenamiento de esas consecuencias, que responde finalmente al querer de Dios, es lo que la Biblia llama la ira divina.
Y de eso no se puede escapar, no es asunto de empezar a negarlo o no, es asunto de empezar a decir: No, no, no, ese no es el Dios en el que yo creo. El único Dios en el que yo creo es el Dios bonachón de la palmadita en la espalda, el Dios comprensivo del abrazo y del cariño. Sí, Dios es cariñoso más que cualquiera, compasivo más que cualquiera, pero las consecuencias, las consecuencias de nuestros pecados, ahí están y ahí estarán.

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