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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El hecho de ser perseguidos no es buena noticia; pero saber por qué nos persiguen y qué fruto sacará Dios de la persecución, sí que lo es.
Homilía o343010a, predicada en 20161123, con 17 min. y 12 seg. 
Transcripción:
Sabemos bien que la palabra Evangelio quiere decir buena noticia. Hoy podemos preguntarnos qué tiene de bueno todo esto que nos describe el Señor que habla de persecución, odio, ataque, aislamiento, exclusión. Sí debe tener algo de bueno, sí tiene que ser una buena noticia, pero no es obvio. Con la ayuda del Espíritu Santo, vamos a detenernos un momento con esa pregunta, dónde está la buena noticia en medio de la persecución, en medio de las dificultades, en medio del rechazo, ¿dónde está la buena noticia?
Por supuesto que, si uno mira simplemente el rechazo o la cárcel, o la tortura, o la muerte misma, eso en sí no es deseable, no es deseable, no es un bien, no es algo que uno pueda legítimamente decir, lo apetezco. No, uno no quiere eso. Entonces, la parte buena debe tener que ver no con el hecho en sí, sino el por qué y el para qué. El qué es la persecución, el por qué me persiguen y el qué frutos salen de la persecución, ahí es donde está la buena noticia. Entonces, para encontrar la buena noticia, uno tiene que preguntarse por qué son perseguidos los que son perseguidos. Y para encontrar la buena noticia, uno tiene que preguntarse cuáles son los frutos que salen de esa persecución, o de esa exclusión o de ese odio.
Algo parecido nos dice el apóstol San Pedro en la primera carta, cuando utiliza más o menos estas palabras: Si alguno lo castigan porque hizo algo malo, eso no tiene ningún mérito. Pero si uno está obrando bien y es perseguido, ahí sí hay mérito. Eso tiene un paralelo con lo que estamos reflexionando acá. Uno tiene que preguntarse por qué se da esta clase de persecución y esta clase de rechazo. Y entonces vienen en nuestro auxilio algunos pasajes del Evangelio, por ejemplo, cuando Cristo dice a Nicodemo en el capítulo tercero de San Juan dice: «El que viene a la verdad busca la luz. En cambio, el que vive en las tinieblas rechaza la luz». Entonces, uno se da cuenta que un motivo de odio para aquellos que viven es que su vida se convierte en una denuncia.
Sobre esto tenemos una gran claridad en el capítulo segundo del Libro de la Sabiduría, donde se habla de la persecución que sufren los justos. Es un pasaje muy elocuente en el cual se presenta algo así como el discurso que utilizan los enemigos de la gente buena. Me acuerdo que empieza diciendo: «Razonaron equivocadamente los impíos, pensando?». Y entonces describe lo que hay en la cabeza de los corruptos, lo que hay en la cabeza de los impíos, lo que hay en la cabeza de los enemigos de Dios. Y lo que hay es que no soportan, no soportan el testimonio del que vive rectamente, el que vive rectamente, el que vive según Dios se les ha vuelto insoportable. ¿Por qué? Porque la luz denuncia. Entonces uno piensa, por ejemplo, en nuestros votos, particularmente en nuestra época, hay que apreciar el valor de testimonio que tiene la castidad.
Piense, por ejemplo, una persona que ha tenido no sé cuántos enamorados, amantes, varios abortos y esa persona se encuentra con el rostro limpio, luminoso, alegre, de quien está viviendo la castidad, la alegría, la pureza, la mirada despejada, limpia del que vive la castidad se convierte en una denuncia. Entonces, ¿cómo se defiende la persona? Seguramente con vulgaridad, seguramente con sospecha, seguramente con comentarios: Quién sabe en qué andará, quién sabe qué esconde, quién sabe. Pero, detrás de ese lenguaje, que es el lenguaje de la serpiente, lo que está mostrando la persona es: En el fondo yo quisiera esa alegría, en el fondo yo quisiera esa paz, yo quisiera esa transparencia que tienen tus ojos. Pero la perdí hace mucho tiempo, porque hace mucho tiempo perdí la inocencia.
Entonces, por eso la persona que vive rectamente se convierte en una denuncia, aunque no hable, aunque no hable, se convierte en una denuncia. La persona que es obediente, que es paciente, que es generosa, la persona que es sincera en un mundo donde tantas apariencias hay, en un mundo donde hay tanta adulación, donde tantas personas por hacerse amigos de los poderosos, les dicen solamente lo que quieren oír. Por supuesto que la persona que es sincera se vuelve antipática, la persona que no está con ese lenguaje alambicado y adulador, obviamente va a ser rechazada, porque uno se acostumbra mucho a que le digan solo cosas bonitas, uno no se acostumbra a que lo critiquen.
Entonces la sinceridad, yo no digo aquí agresividad, yo no digo aquí altanería, la sinceridad se convierte en motivo de persecución para algunas personas. Eso es lo que dice el libro de la Sabiduría, capítulo segundo, dicen los impíos mirando al justo: Solo verlo da grima, me produce un fastidio, me fastidia su humildad, me fastidia su piedad, me fastidia su honradez, me fastidian sus principios. Por eso el mundo no soporta, no soporta la fe, por eso tiene que burlarse, por eso tiene que criticar porque, porque si no critica, así sea a base de calumnias, tendría que admitir que el que va en el camino de Dios, ese es el que va bien y yo me equivoqué y eso le cuesta mucho trabajo admitirlo a uno.
Entonces, volvemos al principio ¿qué tiene de buena noticia esto? El hecho mismo de la persecución, del insulto, de la cárcel, eso no es bueno. Pero llegar allá porque he sido testimonio de lo que es verdadero, justo, puro, bello, santo, eso sí es bueno, porque entonces esa persecución se convierte ¿en qué? Se convierte en la certeza. Esto puede sonar raro, pero la persecución se convierte en la certeza de que voy por el buen camino. Por algo Jesús dice en el capítulo 6 de San Lucas: «Ay de vosotros si todo el mundo habla bien de vosotros». Esa frase no le sobra a la Biblia, esa frase es importante. O sea que uno tiene que experimentar rechazo, es muy peligroso ser una veleta que a cada persona le muestra la sonrisa que quiere y le dice la palabra que quiere y le da lo que quiere. Eso significa que has perdido tu esencia, eso significa que tú no eres tú, eso significa que no estás haciendo nada.
Entonces, es muy importante darse cuenta del por qué soy perseguido. Y también tiene que preguntarse uno por qué no soy perseguido, eso es algo que también hay que preguntarse. Qué bueno que muchos sacerdotes, hermanos míos en el sacramento, qué bueno que muchos obispos se hicieran esa pregunta: ¿Por qué no soy perseguido? Por ejemplo, un país que está devastado en la fe, siempre habrá gente santa en todas partes, pero un país que está devastado en la fe, como es Alemania, un país donde se ha perdido tanto, donde la Iglesia está retrocediendo a pasos acelerados, es muy peligroso que los sacerdotes, la gran mayoría, son muy bien aceptados por el mundo.
Jesús nos dijo en el Evangelio: «Si fuerais del mundo, el mundo os acogería como cosa suya». Entonces, es muy peligroso que no me estén persiguiendo. Porque si el mundo me recibe a brazos llenos y si el mundo me recibe con sonrisas y aplausos es porque, claro, yo no le estorbo, yo no le estoy predicando, en el fondo yo no estoy interrumpiendo sus planes. Por eso hay que tener mucho cuidado con los aplausos del mundo, porque muy a menudo son aplausos envenenados. Cuando el mundo aplaude a un religioso o un sacerdote a un obispo con mucha facilidad, lo que está sucediendo es: Gracias por dejarnos donde queremos estar, eso es muy terrible.
Si usted, por ejemplo, está haciendo un retiro para jóvenes y resulta que todos quedaron felices: Pero qué hermana está sí nos entiende. Estas son las religiosas que debemos tener. Yo, por lo menos, pasaría muy mala noche, muy mala noche si me llegan a decir eso. Porque yo tengo que decir por qué me quieren tanto. A ver ¿por qué me han aplaudido tanto? ¿Por qué me dicen que así es como tienen que ser todas las religiosas? No será que me dicen todo eso porque yo realmente no cambio nada en sus vidas. Lo que el mundo quiere es seguir sus caminos, así sean torpes y aviesos, el mundo quiere seguir sus caminos tenebrosos. Y por eso, el mundo tiembla cuando el sacerdote va a predicar, el mundo tiembla cuando va a aparecer la palabra del testigo, de la testigo de Cristo.
Pero si la que tiene que ser testigo de Cristo les da un mensaje dulzarrón que en el fondo les dice todo es normal, no se preocupen, eso todo da lo mismo, esa es la religiosa que el mundo quiere, la religiosa que los deja pensando lo que ellos pensaban y haciendo lo que ellos hacían. Entonces, uno tiene que preguntarse por qué no nos persiguen más. Hay ciertas circunstancias en las que toca preguntarse eso. Hay instituciones católicas que están traicionando radicalmente la enseñanza de la Iglesia. ¿Qué es lo más fácil para que hoy no nos critiquen? Como está absolutamente de moda todo este asunto del lobby gay ¿qué tiene que hacer una institución católica? Auspiciar las marchas LGBT y mostrar la diversidad, la inclusión: Todos bienvenidos, cualquiera que sea su orientación sexual, como quieran, hagan lo que quieran. Hay qué sacerdote tan bueno ese. Uy, qué institución. Eso sí es el catolicismo del futuro.
¿Qué es lo que nos están diciendo con esos aplausos? Nos están diciendo gracias, gracias porque no me vas a cambiar, porque puedo seguir haciendo lo que me dé la puerca gana, gracias. Ese es el aplauso del mundo. Uno tiene que temblar frente a la mayoría de los aplausos del mundo. Y eso significa la bienquerencia de los medios de comunicación y eso significa la aprobación de ciertos sectores de la sociedad. Uno tiene que decir nos estamos equivocando, nos perdimos, así no es. En cambio, ahora se entiende mejor el Evangelio, el hecho de que nos odian algunos es buena señal, el hecho de que nos insulten es buena señal, significa vamos bien.
Ojo, dijimos que hay que mirar al por qué nos insultan, pero también hay que mirar al para qué. ¿Cuáles son los frutos que nacen de ahí? Y aquí tengo la saludable ayuda de un gran obispo y mártir por allá, como el siglo tercero en Cartago, llamado San Cipriano. San Cipriano, obispo de Cartago, tenía otro hermano que también era obispo, con la característica que era obispo de Roma. O sea, era el Papa, ese obispo Cipriano tenía un hermano Papa llamado Cornelio. Y resulta que a Cornelio lo torturaron y lo mataron, al Papa Cornelio. Y a Cipriano lo persiguieron y después lo torturaron y lo mataron, o sea que eran tiempos realmente brutales para la Iglesia. Dos hermanos, el uno Papa y el otro obispo, fueron ambos mártires.
Bueno, ¿qué nos dice San Cipriano? Una frase que se ha vuelto famosa: La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos. Ese es el para qué. Entonces, el sufrimiento ¿para qué sirve? El sufrimiento sirve para que florezca la fe verdadera. La persecución ¿para qué sirve? Para que florezca la fe verdadera, para eso sirve. Entonces, no es perdido, no es perdido, pero es muy duro. Es muy duro porque, por ejemplo, en el caso de los mártires, por definición, el mártir muere sin ver el fruto, es decir, lo verá en la eternidad, para lo cual se necesita mucha fe y mucha esperanza. Pero Dios regala siempre nuevos testigos.
Volvemos a la pregunta inicial y cerramos nuestro tema ¿de qué se alegra uno con este Evangelio, cómo puede uno alegrarse con el asunto de las persecuciones? Respuesta: Uno se alegra no de la persecución misma, sino que el motivo de la persecución muestra que soy verdadero discípulo de Cristo y que la luz de Cristo está llegando, y la sal de Cristo se está sintiendo. Y eso es bueno que sientan la sal, porque si yo he perdido mi sabor, si la gente simplemente me acoge y siente que todo está bien, uy gravísimo, soy un religioso que no tiene sabor de Cristo, gravísimo.
Gravísimo ¿por qué? Porque entonces ¿a qué le estoy entregando la vida? Si yo hubiera podido ser una cantidad de cosas muy interesantes en la única vida que yo tengo y yo dejé todas esas cosas buenas, interesantes, las dejé por ser religioso y como religioso no digo nada, no soy nada. ¿Qué hice con mi vida? Eso sí sería tragedia. Pero que la gente sienta un poquito de la sal de Cristo y que esa sal escuece y esa sal los hace reaccionar y esa sal hace que se revuelquen, como los endemoniados en el exorcismo, se revuelca el demonio, eso es muy bueno que se revuelquen porque eso significa que van a salir, eso está bien. Uno no tiene que asustarse, nada de nervios, por favor, nada de nervios. Uno no tiene que preocuparse, eso es una victoria de Cristo.
Entonces, uno tiene que alegrarse, uno tiene que alegrarse de que haya persecución, significa: Aquí hay escozor. Ahora sí. Pero por favor, recordemos siempre la primera carta de Pedro, que no esté en nuestra predicación mezclada con injusticia ni con pecado. Porque a veces, a veces uno lo que es, es un grosero. Entonces uno cree, yo soy un gran testigo de Cristo y por eso me rechazan. No, usted es un maleducado, eso es lo que pasa con usted. Pero si usted es testigo de Cristo, y si por ser testigo de Cristo es perseguido, alégrese. Y el fruto que va a dar es grande, aunque al principio no se note. Habrá algunos casos, dice aquí, algunos de ustedes los van a matar. Entonces, no sabemos en este caso a quien vayan a matar o cómo vaya a hacer eso, pero sucede, eso sucede.
Por ahora es un asunto que uno ve lejano, pero no sabemos cómo cambian las cosas porque hay ciertos movimientos que son muy agresivos. Ustedes saben, por ejemplo, las noticias en Chile, donde han quemado no sé cuántas iglesias, ustedes saben los insultos y la gente que grita que hay que incendiar la catedral cada vez que hacen estos movimientos, estas marchas de las mujeres autoconvocadas, es a atacar la Iglesia, es una cosa demoníaca, es a atacar y destruir la iglesia. Y usted sabe que la gente primero insulta, luego quema los edificios y luego empieza a matar a los testigos. O sea que no sabemos, por ahora lo sentimos relativamente lejano, pero realmente no sabemos qué vaya a suceder, todo está en las manos de Dios, que es el Señor.

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