Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los votos religiosos pueden verse como una restricción o como una renuncia que es un anticipo de los frutos pascuales.

Homilía o343006a, predicada en 20101124, con 12 min. y 23 seg.

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Transcripción:

Hermanos, la palabra Apocalipsis quiere decir una revelación, es como dejarnos entrever un poco del desenlace de la historia humana, que también por supuesto, nos habla del desenlace de la historia de cada uno de nosotros. Hoy, por ejemplo, aparecen aquellos que proclaman el cántico de Moisés y del Cordero, un cántico que la Iglesia ha tomado para las Vísperas. Y lo interesante aquí es que se relaciona la Pascua de Moisés, la Pascua de Cristo y la Pascua de los cristianos. Lo hermoso que tiene ese cántico es que relaciona el pueblo de la Alianza, la victoria de Jesús y nuestro propio triunfo sobre el pecado y la muerte. Y de ese modo nosotros quedamos descritos como un pueblo pascual, nosotros somos el pueblo marcado por la Pascua.

Y esto llega hasta detalles tan sencillos de nuestra vida que tienen que ser bendecidos, tienen que ser consagrados por la Pascua del Señor. Cada una de las renuncias, por ejemplo, para el caso de nosotros religiosos, cada una de las renuncias nuestras que están expresadas en los votos, son participaciones de la Pascua de Cristo. A cada uno de los votos uno le puede dar tres o cuatro miradas diferentes. Uno puede mirar el voto como una restricción que suele ser la mirada que tiene la gente común. Por ejemplo, ¿la obediencia qué significa? Que usted no puede disponer de sí mismo. ¿La castidad qué significa? Que usted no tiene compañía, que usted no va a tener hijos. Siempre va por delante un no gigantesco, es una visión negativa y es la visión que mucha gente tiene.

Existe también la versión tramposa, es decir, la de aquel que hace un voto de obediencia, pero luego no obedece, hace un voto de pobreza, pero se rodea de comodidades y lujos, hace un voto de castidad, pero únicamente significa no comprometerse verdaderamente con nadie, lo cual no cierra la puerta a algún disfrute o deleite. Entonces, existe también esa versión tramposa de los votos. Pero la versión cristiana no es ni la versión represiva ni la versión tramposa.

La versión cristiana es pascual, nosotros renunciamos a muchas comodidades y posesiones, nosotros renunciamos a una familia propia y a tener como esa especie de afecto seguro y renunciamos a la paternidad, nosotros renunciamos a imponer nuestra propia voluntad en nuestra vida. Y todos esos son aspectos de muerte, son participaciones en la muerte de Cristo, pero al mismo tiempo, renunciando a esa posesión particular de bienes y de lujos, quedamos con las manos más libres para servir al Señor. Además, nuestra vida comunitaria hace que nuestra atención más fácilmente se concentre, digamos, en el caso de nosotros religiosos, se concentre en el estudio de la Palabra, en el ministerio, en tantas otras realidades para las que nadie tiene tiempo porque están ocupados tratando de sobrevivir o tratando de hacer más dinero.

Lo mismo, al desprendernos de la posibilidad de una pareja, también ganamos una cantidad enorme de libertad, porque resulta que toda pareja impone sus condiciones. Hay una campaña muy interesante que hacían unos católicos en Estados Unidos invitando a la gente a la responsabilidad en el uso de la sexualidad. Y entonces, la campaña decía algo parecido a esto: el sexo tiene un tiquete de precio que indica que todo empeño, que toda relación en la que se entra, pues finalmente también resta libertad, y eso lo ve uno en los casados. Uno se da cuenta cómo la persona casada, que es una vocación muy santa, no me aparto de ahí, pero inmediatamente pierde libertad, porque como lo ya lo dijo San Pablo en su carta a los Corintios, ya tiene que complacer, ya tiene alguien a quien complacer.

Si ese alguien es un santo perfecto, si ese alguien es una santa perfecta, pues no hay dicotomía entre servir a Dios y servir a la esposa. Pero usualmente, esas mujeres no son santas perfectas. Entonces, se presenta división y tensión y ahí es donde entra la tribulación de la que habla el mismo apóstol. En cambio, por el hermoso voto de la castidad, nosotros nos liberamos de todo eso y estamos, como Jesús, libres para amar en unas dimensiones, en unas proporciones y en una clave de libertad que la gente no comprende, pero que finalmente también agradece. Por eso el cariño que tienen por los buenos religiosos y sacerdotes.

Entonces, nuestras vidas son vidas pascuales, nuestra vida sacerdotal es una vida pascual. El ministerio puede ser a veces muy pesado, pero en ese servicio, en esa entrega, nosotros verdaderamente sembramos de cielo a esta tierra. Yo les invito entonces, a que asumamos esa realidad pascual. Hay unos que la han asumido hasta el extremo y se llaman los mártires, que lo perdieron todo junto en el momento de su cautiverio, las torturas y finalmente la ejecución. Otros, quizás no llegaremos a ese extremo, no nos toque, pero lo importante es que evitemos esas dos miradas, la mirada represiva y la mirada tramposa, y en cambio, nos aferremos a esa mirada pascual.

No puedo terminar sin referirme a mi propia Pascua en este momento, porque ser pueblo de la Pascua significa caminar, significa avanzar, estar disponible. Y en este momento, pues como ustedes ya lo saben muy bien, el definitorio, el capítulo provincial, pues me han puesto en Pascua también, me han puesto a morir, han dicho: Usted tiene que morir a cosas que quería, que pensaba, que planeaba, muera a eso, eso es lo que me están diciendo. Pero al mismo tiempo, me están diciendo: Usted tiene que renacer, usted tiene que dar vida, usted tiene que llevar una vida resucitada.

En cuanto a lo que dejo aquí, pues mi agradecimiento a la Santísima Virgen, mi agradecimiento a esta comunidad. Yo puse en mi actualización de Estado en Facebook, yo puse: Gracias Virgen de Chiquinquirá, porque me regalaste un segundo noviciado. No por el hecho de que uno tenga una oficina tan grande como la que tiene aquí el prior, no por el hecho de que uno tenga que firmar una cantidad de cheques, entre ellos, durante meses los cheques de la gallinaza que no olvidaré. No por eso uno debe dejar de ser novicio. Y la Virgen verdaderamente me regaló un tiempo de noviciado.

Yo dejo aquí mi gratitud, dejo también mis disculpas porque uno siempre falla, a veces dándose cuenta, a veces sin darse cuenta, sin darse cuenta. Sobre todo, siento que esa frase de la escritura me faltó mucho: Este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo. Al dejar el oficio de Prior, sobre todo me lamento de la falta de oración por la comunidad, porque quien tiene que tener poder en el corazón de ustedes es Jesucristo, con su Evangelio, con su Espíritu Santo, y eso solo lo puede traer, solo lo puede, solo lo puede clamar la oración perseverante. Entonces, de muchas cosas pido perdón, pero sobre todo de eso.

Y ¿qué sigue para mí? Pues sigue un servicio al que hay que darle mucha vida. Yo quiero que ustedes tengan una idea muy clara de por qué se dio este nombramiento así. El padre Orlando, ustedes lo conocen, es un gran líder. Y el Padre Orlando, pues desde el principio, cuando se empezó a hablar de regente, él me dijo: Realmente queremos, queremos darle un impulso a ese oficio que no sea simplemente un oficio. Y de lo que se trata es de animar eso que es tan nuestro de los dominicos, el servicio intelectual, el servicio doctrinal, que no consiste simplemente en que los frailes coleccionen títulos, que no consiste en llenarnos de un lenguaje que después nadie pueda entender. El estudio nuestro es bucear en la realidad muchas veces para encontrar perlas que nadie ha visto, otras veces para eliminar cadenas.

Cuando se atasca un barco, por ejemplo, en un mar de algas, o se atasca en una cadena o en lo que sea, se necesita a veces bajar para poder liberar. Y nuestro servicio doctrinal no es o no debe ser presuntuoso, no tiene que caracterizarse por un lenguaje que nadie entienda, todo lo contrario. Cuantos más estudios, mayor tiene que ser la capacidad de liberar los corazones, es decir, de llegar hasta el fondo de los problemas. El ejemplo nos lo da quién mejor que Benedicto XVI, gran intelectual, con una capacidad de análisis y de poner el dedo en la llaga y decir esto es lo que está pasando, así se le venga el mundo encima. Entonces, se trata de esa clase de servicio.

Hay obras muy concretas que hay que hacer. Hay que pensar en una red de bibliotecas, hay que pensar en trabajar mejor con los lectores conventuales, hay que pensar en los anales de la provincia dominicana de Colombia. En fin, son las tareas. Vamos a ver con el favor de Dios, con las oraciones de ustedes, cómo podamos responder mejor para que los estudios no sean simplemente un requisito que queda en el pasado. Fíjese que los que estudian pensando únicamente en su ordenación nunca se van a actualizar porque dicen: Yo ya me gradué de eso, ya no necesito más. Para nosotros el estudio es mucho más que simplemente cumplir con un requisito, es una exigencia natural del corazón humano a la que nosotros queremos responder en el nombre de Cristo y para bien de la Iglesia.

Así que, con estas, con estas palabras, me encomiendo a la oración de ustedes. Por supuesto, yo estaré orando para la elección y el nuevo cargo de Prior que hay aquí y que cada uno en su sitio pueda dar respuesta ante Cristo. Esto no es el prior o el Maestro que esté, es Jesucristo. Cada uno tiene que decir: Jesús es mi Prior, Él es mi Maestro. A Él estoy siguiendo, a Él la gloria por los siglos. Amén.

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