|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Debemos anunciar el Evangelio con alegría.
Homilía o343002a, predicada en 19981125, con 9 min. y 42 seg. 
Transcripción:
Estas escenas del final del año litúrgico nos presentan las dos caras de la victoria de Dios, el aspecto terrible y el aspecto admirable. Si lo pensamos bien, estas dos palabras son vecinas, lo terrible y lo admirable. En ambos casos nuestro ánimo queda como en suspenso ante aquello que le sobrepasa, aquello que le excede. Y efectivamente, el final de la historia humana traerá muchas realidades y mostrará muchas verdades que nos sobrepasan, que nos exceden. Pero algunas personas se quedarán solo con lo terrible, nosotros, siguiendo el ejemplo de estos bienaventurados del libro del Apocalipsis, hemos de pasar de lo terrible a lo admirable.
Cuando se comentan algunos mensajes reales o supuestos de la Santísima Virgen María o de otros seres bienaventurados que hablan a la humanidad llamando a la conversión, cuando se nos cuenta que vendrán unos días de oscuridad, grandes tribulaciones, persecuciones, nos podemos quedar solamente en lo terrible. Pero hay que dar el paso, hay que atravesar ese mar que tiene fuego, ese mar del que nos habló la lectura del Apocalipsis. Hay que dar un paso, hay que mirar la otra orilla y descubrir lo admirable en medio de lo terrible.
Nos quedamos con lo terrible cuando simplemente decimos: Qué mal está el mundo, qué terribles cosas suceden. Nos quedamos con lo terrible cuando nos escandalizamos de los pecados que se cometen en esta tierra y no nos admiramos de la paciencia, la misericordia, la gracia, la fuerza, la conversión que nace de los cielos. Quedarse uno en el escándalo es casi quedarse haciéndole alabanzas al mal. Hay que evitar a toda costa el escándalo en el corazón, nuestros escándalos, nuestros aspavientos, nuestras expresiones por el mal que crece y crece casi pueden transformarse en alabanzas, en admiración del poder de ese mal.
Cuando crucen por nuestra mente, cuando lleguen a nuestras conversaciones, especialmente hablando con los laicos, cuando lleguen a nosotros conversaciones que hablan sobre lo terrible, nosotros como discípulos del cordero degollado, debemos saber conducir la conversación hacia lo admirable. No soportemos conversaciones en las que simplemente las personas van intercambiando su depresión, su decepción o su tristeza. Ay, sí, cómo están de malos los niños. Sí, y los jóvenes también. Y las parejas ya no sirven para nada y las comunidades ya no responden y ya no hay nadie como antes había.
Y ya ese ejercicio de depresión conjunta, ese ejercicio de decepcionarnos los unos a los otros, ese ejercicio de andar quitando y negando las fuerzas, ese ejercicio de entristecernos juntos o de embriagarnos juntos en la depresión, ese es un ejercicio de demonios, así como se oye. Ayudémonos a hundirnos todos en la tristeza, ¿vendrá eso de Dios, vendrá eso del Evangelio, vendrá eso de Cristo? Hay que atravesar el mar de fuego, hay que mirar por encima de la persecución, hay que saber levantar la cabeza, como nos dice Jesucristo en el Evangelio de Lucas. Hay que saber atravesar ese tiempo en que tendremos que comparecer ante reyes y príncipes y gobernadores, hay que estar por encima de la persecución y mirar después de ese mar de fuego y cantar con los bienaventurados: Grandes y admirables son tus obras, Señor Dios omnipotente.
Cuidado con quedarnos admirando las obras de Satanás, las obras del pecado, las obras del mal, las obras de las tinieblas. Ay, cuántas cosas tan malas pasan. Sí, sí, sí qué tiempo terrible el que vivimos. Y tú que me tienes que decir no, que esto es espantoso. Yo nunca había visto algo así. Y así cada uno va ayudando a que todos pierdan fuerzas y gasten sus pocas energías solamente en entristecerse. Ese es un ejercicio de demonios, nada más. Tiene que acabarse eso en nuestra vida. Si oye algún comentario y oye a una persona que solo sabe hablar de lo malo y de lo problemático, y de lo negativo y de lo tenebroso, a esa persona habrá que acercarla al Evangelio, pero no permitir que ella se convierta en evangelizadora de lo negativo, de lo tenebroso.
Nosotros tenemos una noticia que decir, tenemos una noticia que decir. Si llega alguien a contarnos todas sus tristezas, pues nosotros tenemos una tristeza mayor que todas esas. Y si sabe lo que pasó, mataron al Hijo de Dios. ¿Usted tiene algo más triste que eso? Yo le tengo esa tristeza, mataron al inocente, lo torturaron y lo mataron. Eso es más triste que todo lo que usted venía a contarme. Pero le tengo otra noticia, ese que asesinaron y que encerraron en el sepulcro, se levantó glorioso, resucitado. Y Él es la fuente de mi esperanza y por eso también puede ser fuente de su esperanza. Es que mi hogar está destruido, es que este país es una porquería, es que no se puede creer en nadie, es que todo es plata. Le tengo otra noticia más grave que esa: Mataron al inocente, han asesinado al Hijo de Dios, eso es más triste que todo lo suyo. Pero le tengo una alegría muy grande.
Y tenemos que hacer la lucha por la alegría, tenemos que evangelizar con alegría, nada grande se emprende con tristeza, nada fuerte surge de la tristeza, nada santo nace de la tristeza. La única tristeza que vale es esa tristeza instrumental y pasajera que nos lleva a arrepentirnos de nuestros pecados, pero ahí debe acabar. De ahí en adelante el espacio es para la alegría, el espacio es para decir nada peor podía suceder que lo que ha sucedido y de eso, que es lo pésimo y lo más grave de ahí Dios sacó la flor de la Pascua. Por eso, yo creo en Dios y te invito a que creas en Dios y te invito a que creas que hay un plan amoroso de Dios para ti.
Ah, yo quisiera ver la cara de la gente cuando nosotros empecemos a hablarle así a toda esa gente deprimida que nos busca, especialmente a nosotros los religiosos y las religiosas, y creen que nos hacen un elogio cuando nos dicen: Lo que pasa es que su merced es mi pañito de lágrimas. Había una señora que me decía con frecuencia de eso, hasta que al fin vi que era un pañito de lágrimas, pues un pañuelo bastante usado. Y entonces dije: No es gran comparación la que me está diciendo ser un pañito de lágrimas, no es gran cosa. Eso significa que entonces, se suenan con uno. No es gran cosa hacer un pañito de lágrimas. Entonces, yo me convencí de que yo no quería hacer más pañito de lágrimas. Desde que vi lo que era un pañito de lágrimas, dije no, pañito y pañuelo y paño, esos son de la misma familia. Yo no soy ningún paño de lágrimas, no soy ningún paño de lágrimas.
De manera que, si usted necesita en dónde organizar su nariz, puede ir a otro sitio o buscar a otra persona. Yo le tengo una noticia alegre, ¿me la acepta? Yo estoy de acuerdo con que usted tenga tristezas, pero usted me acepta mi alegría o esto es nada más para que usted venga, se suene y se vaya. A ver, aclaremos en qué quedamos. Y cuando nosotros obramos de esta manera valiente, de esta manera alegre, de esta manera esperanzada, salimos ganando ambos, porque es que, si solamente va a quedar la noticia de la tristeza, es como si nos hundiéramos en ese mar de fuego.
Pidamos a Cristo nuestro Señor, que brille vigorosa su Pascua en nuestras vidas. Y nunca más, que pasan muchas cosas, sí, más las que faltan por pasar, es que las más graves no han pasado todavía. Sí, seguro que van a pasar muchas otras, pero no creo que nunca suceda más, algo peor que haber asesinado al Hijo de Dios, el Unigénito del Padre, el inocente y justo de todos nosotros. Y aún de ahí Dios sacó una flor hermosísima que es la Pascua en la que yo creo, en la que yo espero y en la que está la fuente de mi amor.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|