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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios nos da su misericordia en este tiempo para movernos a reflexionar y hacer un balance de nuestra existencia, para descubrir cuánto debemos enmendar y empezar a vivir mejor.
Homilía o342016a, predicada en 20241126, con 7 min. y 39 seg. 
Transcripción:
En todos los idiomas hay expresiones para indicar que uno está buscando el balance, el resumen. Por ejemplo, en Colombia es frecuente utilizar esta expresión. Bueno, al fin qué. Imaginémonos una persona que tiene que presentar un informe. Ha sido un año muy complicado. Esta persona es gerente de una seccional en una ciudad intermedia aquí en Colombia y tiene que presentar informe. Y entonces empieza diciendo intentamos distintas estrategias de publicidad, hicimos distintas cosas, hemos tenido meses buenos, meses malos. También tuvimos que batallar mucho en la parte comercial porque perdimos algunos vendedores. Por otra parte, se lograron unos buenos negocios. Después de escuchar unos minutos a una persona que habla así, no faltará el que diga pero explíquenos al fin qué. Al fin qué. Con qué nos quedamos. De todo eso que usted está diciendo, con qué nos quedamos. Dicen en inglés por ejemplo, bottom line, es decir, abajo en el resumen. En suma, en resumen, al fin qué. Todas esas expresiones están indicando la necesidad que nosotros tenemos, la necesidad que tiene nuestra inteligencia de llegar a una conclusión. Lleguemos a una conclusión, cerremos el ejercicio. Esa expresión se utiliza también en contabilidad. Cerremos el ejercicio, cerremos el año fiscal, hagamos un corte de cuentas aquí, miremos en resumen. Hagámonos la pregunta ¿Al fin qué?
Todo esto lo estoy comentando por la primera lectura de la Misa de hoy. Es una lectura tomada del libro del Apocalipsis y lo que nos presenta es el balance general, universal, irrevocable, definitivo de la humanidad. No nos presenta ese balance, no en términos contables, por ejemplo, qué saldo quedó sino nos lo presenta con una imagen del mundo agrícola. Llegó el momento de segar. Llegó el momento de la siega y hay que ver con qué nos quedamos, a ver cuál fue finalmente la cosecha. Piensa, por ejemplo, en una persona o en una empresa que tiene grandes viñedos. Bueno, la cosecha de este año ¿qué quedó al fin? ¿al fin qué? ¿con qué nos quedamos? Es impresionante ese pasaje del Apocalipsis. Porque lo que nos está presentando es eso. Es el balance final de la humanidad de todos los tiempos. Es decir, poco a poco nos va llevando muy pedagógicamente de una manera simbólica, gráfica, preciosa.
El Apocalipsis nos va llevando a una idea es la que enseñamos en la Santa Iglesia Católica. La idea del juicio universal. Hay que hacer el balance final y en el balance final aparecen todos los datos. Aparecen todos los números, aparecen todas las cuentas. Ahí sale todo a luz. Ya Jesús había dicho: No hay nada oculto que no llegue a saberse. Y yo creo que eso es liberador, es liberador pensarlo. Yo sé que para muchas personas estas ideas del juicio resultan un poco míticas, o un poco extrañas, o un poco miedosas. No, no es para tener miedo, ni es para refugiarnos en ideas de que eso es pura fábula. No, no es fábula. Es realidad. Porque Dios es el autor, porque Dios es el Creador y porque todos tendremos que comparecer ante el Señor. Todas nuestras obras con todas sus consecuencias, que muchísima gente vive olvidada de eso. De acuerdo. La gente vive olvidada de eso. Sí, es así. Pero el hecho de que tú vivas olvidado de eso no quita que va a suceder. Es así de sencillo. Hay refranes que expresan eso. No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague. Ese es un refrán popular en este país. Llegará la hora del balance general. Llegará la hora de la cosecha, de la vendimia, de la siega, el nombre que le quieras dar.
Y la gran pregunta es ¿qué tal estamos frente a ello? Qué buena idea, ya que no podemos tener los datos de toda la humanidad, ni mucho menos. Qué buena idea plantearse uno desde una gran seriedad, desde una gran humildad pero sobre todo es de una gran verdad ¿Cuál es el balance de mi vida? ¿Yo qué le estoy entregando? ¿Yo qué le puedo entregar a Dios? ¿Qué hay en mis manos? ¿Con qué me presento ante Dios? Porque hay muchas cosas que habrá que dejar. Decía el Papa Francisco No he visto el primer funeral con mudanza, con camión de mudanza o como decimos en este país, con trasteo. Funerales con trasteo eso no existe. Hay muchas cosas que tienes que dejar.
No de lo que tienes que dejar, sino de lo que sí te puedes llevar. ¿Qué hay en tus manos? ¿Cuál es tu balance? ¿Cuál es tu cosecha? ¿Cuál es la mía? Ya te advertí. Esta semana es como un pequeñito retiro espiritual que yo creo que nos hace mucho bien. Sigamos en el proceso de vivirlo. Miremos como una misericordia de Dios, que Él nos dé este tiempo, que Él nos dé estas reflexiones para descubrir cuánto tiene que enmendarse en nuestra vida, porque cada minuto es una misericordia, cada día es una gran piedad de Dios. Pues vamos a aprovechar estos días y todos los días para enmendarnos, para vivir mejor cada uno en lo que es. Yo tengo que vivir cada vez mejor como religioso, como sacerdote, el padre de familia como padre de familia, el docente como docente, el médico como médico. Eso es aprovechar el tiempo. Eso es escuchar con reverencia y con atención la Palabra de Dios.

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