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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La crisis, la madurez y la cosecha.
Homilía o342013a, predicada en 20181127, con 12 min. y 52 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, como estamos en el final del año litúrgico, esta es la última semana. Ya el próximo domingo es el primer Domingo de Adviento. Ya empieza el otro año litúrgico. Entonces, como estamos al final del año litúrgico, por eso aparecen estas lecturas que nos hablan de los últimos tiempos, que nos hablan de la consumación de la historia humana. Son textos un poco misteriosos, un poco difíciles de entender, que sobre todo nos invitan a permanecer fieles en medio de las dificultades. Vamos a quedarnos hoy con tres palabras. La palabra Crisis, la palabra Madurez y la palabra Cosecha. Lo que nos muestra el Señor Jesucristo es que al final de la historia va a haber crisis, muchas crisis. Él habla de cómo se va a conmover la naturaleza. Él habla de cómo va a haber conflictos entre los pueblos. Él habla de cómo va a haber un rechazo masivo a la fe y un ataque a la fe. Entonces, son palabras que nos hablan de crisis y de combate.
La primera lectura, la del Apocalipsis, nos habla de madurez, tanto cuando usa el ejemplo del trigo como cuando usa el ejemplo de la viña. Nos habla de madurez. Es decir, nos habla de cómo la historia humana va llegando a un cierto punto y se llega a eso que se llama una madurez. Es decir que la historia no es una simple repetición. Algunos filósofos hablaron del eterno retorno y a veces uno siente que la historia se repite, la historia se repite. Pero la Biblia nos dice que las repeticiones no son como un círculo que se cierra sobre sí mismo, sino más bien son como una especie de espiral, como que pasamos por lo mismo, pero no de la misma manera. Y como se va avanzando, se va llegando a una cierta madurez. Una madurez en lo bueno y una madurez también en lo malo. Es decir, como anunció el profeta Daniel, que el bueno se vuelva más bueno y que el malo se vuelva más malo. Y eso es cierto. Uno se da cuenta cómo el mal se va volviendo más absorbente y se va volviendo más penetrante y se va volviendo más autoritario, más déspota.
Es impresionante lo que estamos viendo en muchos sentidos en el plano económico, en el plano político, en el plano familiar. Mucho más de la mitad de los matrimonios se están destruyendo. Cada vez hay más hijos que quedan sin imagen paterna ni materna, y esos a su vez, tendrán otros hijos. Y uno llega a preocuparse porque uno se da cuenta, esto no puede seguir así indefinidamente. Esto se va agravando, pero también se da cuenta que en estos tiempos de dificultad es donde se produce la madurez. ¿En qué sentido? En que las personas que permanecen fieles, a pesar de todo, son personas de una fe muy robusta. Son personas de una gran coherencia, incluso de un gran heroísmo. Entonces, usted ve la relación que hay entre la crisis y la madurez. Podemos decir que solamente maduramos a través de las crisis de las pruebas. Son esas las que nos obligan a confrontar lo profundo de nuestro ser y de nuestros principios con la realidad. Entonces, crisis y madurez. Pero al final hay una cosecha y un resultado. Y ese resultado es lo que tradicionalmente se llama en nuestra Iglesia Católica juicio. Juicio final. Finalmente hay unos resultados.
Nosotros deseamos que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Pero al fin y al cabo, las personas son libres y hay personas que parecen realmente obstinadas en sembrar la maldad. Solo Dios puede saber qué va a pasar con ellas. Pero piense usted en ese multimillonario que se llama George Soros, que ha donado cifras fabulosas de dinero para que haya aborto en todo el mundo. Una persona que dona veinte mil millones de dólares para financiar los abogados y las campañas y la publicidad para que haya aborto y aborto en todas partes. Y aborto hasta el último momento, como pasa por desgracia en este país. En Colombia una mujer puede tener ocho meses y medio de embarazo, pueden faltarle tres días para dar a luz y todavía puede pedir un aborto con un bebé que es perfectamente sano, perfectamente viable. Eso es lo que produce ese dinero, que hay que llamarlo un dinero maldito. Y hay gente que da dinero para eso. Mucha gente dentro del Partido Demócrata en Estados Unidos ha financiado ¿A ver cómo hacemos para meter el aborto en Paraguay, meter el aborto en Costa Rica, en Santo Domingo, en República Dominicana? Entonces uno se pregunta ¿qué va a pasar con esas personas? O sea, una persona que hizo mucho dinero en la bolsa con las acciones y que luego utilice ese dinero para ver cómo logro que haya aborto en todas partes, por decir solo un crimen, que hay muchos, muchos. Ese es uno, pero hay muchos.
La gente que está, por ejemplo, robando niños. Eso sucede aquí en Colombia, niños robados para venderlos a personas que tienen desviaciones sexuales hacia los niños, hacia las niñas. Entonces se roba una niña y se le vende a estos depravados para que se convierta en un juguete sexual de ellos. Muchas veces hasta matarla, abusan y abusan de ella hasta matarla. Y hay gente que hace dinero con eso, robando esos niños y vendiéndolos. El número de esclavos sexuales menores de edad en el mundo se cuenta por miles y miles de estos países nuestros, sucede. Los niños que roban normalmente no los venden en el mismo país. Entonces hay tráfico de personas. Esas redes de tráfico de personas se han detectado incluso en países bastante avanzados desde el punto de vista legal y policial. En Europa, por ejemplo, se ha encontrado eso, tráfico de menores de edad de Europa Oriental que las llevan a los prostíbulos, donde las personas que ya están fastidiadas de todos los experimentos sexuales siempre necesitan otra cosa. Entonces, muchas veces se obsesionan con temas como los infantes. Y también sabemos que hay errores espantosos y pecados terribles que se han cometido dentro de la Iglesia.
Estas lecturas le llevan a uno a pensar ¿qué va a suceder con el mundo? ¿qué va a pasar con esa gente? con la gente que hace eso. Usted piense una persona que lleva quince o veinte años secuestrando y vendiendo niños varoncitos a homosexuales que están obsesionados con ellos. En Tailandia, por ejemplo, hay un mercado fuerte en ese tipo de esclavitud sexual. ¿Qué va a pasar con esas personas? Entonces por eso nosotros sabemos que hay crisis y que hay madurez, pero que también hay cosecha, que finalmente algo tiene que pasar. Y cuando hay personas que en medio de todas las dificultades se mantienen fieles.
Yo viví un tiempo en Chiquinquirá y fui prior del convento de los Dominicos allá en Chiquinquirá. Conocí cosas terribles, por ejemplo, mamás que le sugerían y a veces presionaban a las chicas, a sus hijas, a sus propias hijas de catorce o quince años a que se volvieran amantes, o sea prostitutas más o menos permanentes de los esmeralderos. Gente podrida de dinero del occidente de Boyacá. Pero eran las mamás las que inducían a las hijas. Pero también conocí mamás muy pobres que sabían que sus vecinas estaban haciendo eso y sin embargo educaron a sus hijas con otros principios. Familias que pasaron hambre pero mucha hambre, pero no vendieron a sus hijos ni a sus hijas. Permanecieron firmes. Fueron heroicos. Y luego esas muchachas que vieron ese heroísmo de los papás, estudiaron algún secretariado, luego estudiaron y trabajaron y lograron sacar otra carrera y luego ya uno las ve, como se dice popularmente al otro lado. Pero fueron fácilmente quince o veinte años luchando por tener una estabilidad económica, pero ni las mamás las vendieron a ellas, aunque muchas personas de su entorno sí lo hacían, ni ellas tampoco se prostituyeron, sino que se mantuvieron firmes. Entonces uno también ve que hay mucho heroísmo.
Hay personas que tienen una salud completa, buena salud y dedican su buena salud a trabajar por el prójimo, hacerle el bien a otras personas en distintas obras humanitarias, en voluntariados, en obras de la Iglesia también. Un buen religioso, por ejemplo, es eso. Yo cuando miro a estos jóvenes misioneros de Cristo Maestro, son personas de buena salud. Son personas que están trabajando. Son personas que podrían estar quizás en otra vida, quizás haciendo otro dinero. Ustedes los conocen, son personas jóvenes, pero ¿por qué están aquí? Porque dicen yo quiero hacer algo por esta humanidad. Eso también vale. Eso también es bonito. Entonces, reunamos tres palabras. Crisis, Madurez y Cosecha. ¿Y cómo aplico yo esas palabras a mi vida? Pues, hombre, que las dificultades me hacen crecer. Las dificultades me hacen madurar. Y que al final, a veces, solo al final, habrá una recompensa. Al final habrá algo. No es que uno trabaje simplemente por una paga. De hecho, la sola alegría de servir ya es como una paga. Pero uno tiene la certeza que dijo San Pablo en la segunda carta a Timoteo Yo sé que el Señor Justo juez me va a dar la corona.
Entonces, las enseñanzas son dos. Primera, utilicemos las crisis para crecer. Crisis de desilusión, de desánimo, de tentación. Utilicemos las crisis para crecer. Y segundo, tengamos certeza de que el Señor tiene reservados grandes bienes para nosotros. Y dijo San Pablo, de Dios nadie se burla. Lo que uno siembra, eso cosechará. El Señor haga grande su obra en nosotros y nos permita ser fieles en medio de las pruebas y anhelar siempre estar con Él en la plenitud y la gloria del cielo. Así sea.

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