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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Ha habido extremos en la manera de hablar de la "ira de Dios": para unos, era un instrumento de control de conciencias, a base de miedo; para otros, es una expresión culturalmente condicionada que hoy en realidad no dice nada. El punto de equilibrio parece estar es reconocer la gravedad creciente del pecado, que necesariamente tendrá su desenlace en conflictos de seriedad cada vez mayor, sin que eso limite ni el poder ni la sabiduría ni la infinita misericordia de Dios.
Homilía o342011a, predicada en 20161122, con 23 min. y 33 seg. 
Transcripción:
Esta es la última semana del Tiempo Ordinario. Hace unos días estamos escuchando textos del Apocalipsis. Indudablemente, la simbología y las imágenes del Apocalipsis son impresionantes. Pero no podemos caer en el error ni de simplemente fascinarnos por los símbolos, ni tampoco menospreciarlos. Tiene que haber una enseñanza, tiene que haber un contenido que es alimento para nosotros, porque esta palabra se proclama para beneficio nuestro como pueblo de Dios que somos. Por ejemplo, hoy es un buen día por el texto que hemos oído del Capítulo Catorce del Apocalipsis. Es un buen día para hacer algún comentario sobre un término que era quizás demasiado frecuente en el pasado y que es demasiado escaso en el presente, me refiero a la ira de Dios o al furor de Dios, como dice la traducción que hemos oído aquí. Aquí dice, por ejemplo, vamos a encontrar el texto preciso. El ángel se acercó, acercó su voz a la tierra, vendimió la viña de la tierra y echó las uvas en el gran lagar del furor de Dios.
¿Qué hacemos con esos textos? En otra época se insistía mucho, como dije, en el tema de la ira de Dios, el himno propio, el himno más repetido en esta última semana del Tiempo Ordinario. En aquella época, en latín se llamaba Dies irae. El día de la ira. Si uno entra a YouTube y busca Dies así como suena con S sin ningún acento ni tilde y luego Irae, o sea el genitivo de Ire de ira, Dies irae, eso entre comillas. Usted se encuentra que había unas producciones musicales muy bonitas y también muy impresionantes sobre el día de la ira. Ese himno famoso Dies irae es una letra impresionante porque realmente es hablar del juicio. El juicio de Dios y de qué le voy a presentar al Señor. Y llega la muerte y qué va a pasar. Hay que prepararse porque mañana, según estoy viendo aquí en el leccionario, mañana hay otro texto que también habla de eso. Dice el comienzo del texto que se proclamará mañana. Vi otra señal, siete ángeles que llevaban siete plagas, las últimas, con ellas se puso fin al furor de Dios.
Entonces, repito la pregunta ¿Qué hacemos con esos textos? Se han hecho distintas cosas. Por ejemplo, se utilizó muchísimo el miedo para controlar la conciencia y el comportamiento de las personas. Dios todo lo ve. Dios te está observando. A Dios no se le pasa nada. Y de Dios nadie se burla. Todo eso es verdad. Pero cuando se presenta ese mensaje de una manera unilateral, repetida, casi obsesiva, entonces se va creando una sensación como de pánico. Ese pánico fue una de las causas de la Reforma Protestante. Los protestantes nacieron del miedo. Nacieron del miedo de Lutero. Lutero vivía obsesionado con el juicio de Dios. Él mismo cuenta, hubo una época en que yo no podía oír el nombre de Jesús, porque yo oía el nombre de Jesús y empezaba a temblar pensando en el juicio ¿Qué le voy a decir? ¿Qué voy a hacer? Era una cosa enfermiza. Entonces algunos han utilizado el tema de la ira de Dios para controlar la conciencia y para controlar el comportamiento de las personas, porque Dios lleva estricta cuenta. A Dios no se le pasa nada y usted tendrá que presentarse ante Dios.
Muchas veces los retiros espirituales eran un momento para reforzar esa idea. Una señora viuda ya mayor, a quien estimo mucho, la considero mi amiga. Me contaba cómo eran los retiros espirituales cuando ella estaba en el colegio. Llevaban a las niñas de edades semejantes a estas criaturas que se encuentran aquí. Y el objetivo del sacerdote era mantener alto y recto el comportamiento de la gente. Entonces, era muy importante hablar bastante del infierno. Había que hablar mucho del infierno, que la gente supiera lo que le podía pasar. Las descripciones detalladas de los tormentos y sobre todo, la certeza de que eso no va a acabar jamás. A esta señora, que ya repito, tiene sus años, le quedó muy grabada, sobre todo una imagen de aquel sacerdote. Decía aquel padrecito, en el infierno solo hay un reloj y ese reloj va marcando, pero no el tic tac. El reloj lo que va repitiendo es nunca jamás, nunca jamás, nunca jamás. Entonces, en medio de los tormentos, lo único que oían los condenados era nunca jamás, nunca jamás. Claro, la gente salía enferma de ese retiro. Salían enfermos. O sea, ¿yo y entonces yo qué voy a hacer? ¿qué va a pasar conmigo?
Le repito, Lutero se enloquecía de pánico porque él sentía que lo único que le presentaba a la iglesia era condena y condena y condena. Y no hay nada que hacer, nada que hacer. El entró de religioso por miedo, probablemente nunca tuvo vocación, nunca. Entró por miedo, porque entre sus muchos miedos estaba el miedo a las tormentas. Y entonces, una vez por allá en el descampado, una tormenta espantosa con esos truenos que parecían rugidos del infierno. ¡Otro trueno, otro trueno y otro trueno! Entonces Lutero, en medio de la lluvia, cayó de rodillas y le dijo a Dios temblando Si me salvo de esta, entró de monje. En esa época no había dominicos de la Inmaculada. Entonces entró, pero entró de monje. Fíjate que fue una decisión mal tomada. Hoy sabemos en el Derecho canónico que una promesa o voto hecha en situación de pánico es inválida. Exactamente lo mismo que una persona que se casa por miedo. Le ponen un revólver en la cabeza ¿Se va a casar con mi hija, sí o no? ¡Sí, sí, sí, claro! Eso es inválido. Ese matrimonio es inválido. La persona que hace una profesión religiosa por pánico. Si no hago esto, me condeno. Voy a perder todo la eternidad. Y entonces escucharé el reloj, nunca, jamás, nunca jamás. Algunos han utilizado entonces el asunto del Dies Irae y la ira de Dios para dominar conciencias. Mala idea. Como suele suceder en esto, de un extremo para el otro extremo. El otro extremo ¿cuál es? Nadie se condena, el infierno no existe, el diablo es imaginación. El diablo, qué más diablo que el mal del mundo, qué más diablo que la pobreza, qué más diablo que la falta de techo, qué más infierno que la injusticia. Conclusión, luchemos contra la injusticia, consigámosle comida a los pobres, llevemos mantas a los desvalidos y ya con eso está hecho todo. Pero sobre todo, no hay nadie que se condene. Nadie se va a condenar. Y viene una idea falsa de la misericordia. Así como la idea falsa de la ira. Porque es una idea falsa de la ira la que he presentado antes. Eso de Lutero es una idea falsa. Así como hay una idea falsa de la ira que presenta a un Dios narcisista, paranoico, obsesionado con ver, a ver cuál es la postulante que está mal sentada. Siempre varias enderezaron, ¿vieron? ¡vayamos a lo seguro, yo mejor me enderezo! Así como esa idea de la ira de un Dios paranoico, obsesionado, narcisista que está buscando cómo hago para que te condenes.
Entonces ahora pasamos al otro extremo, que es una caricatura de la misericordia. Es la misericordia prácticamente presentando a Dios como un cómplice del pecado, como que no importa el pecado. Ve de un extremo nos fuimos al otro. Y entonces, ¿qué hacen los que tienen esa idea de misericordia? ¿Qué hacen cuando llegan a estos textos? ¿Qué hacen con eso? Ah pues lo que hacen es, en primer lugar y en la medida de lo posible, no comentar nada, no leerlos, no hablar nada, no hacer homilía, ser homilía de otra cosa. O si no, si hay que hablar, entonces entran con la famosa estrategia tan típica de la teología de la liberación, que es el condicionamiento cultural. Entonces, ¿por qué aquí se habla de eso? porque hay ese condicionamiento cultural. Ustedes habrán conocido conferencistas, tanto hombres como mujeres, que todo lo explican como condicionamiento cultural. ¿Por qué Cristo solo eligió hombres para el sacerdocio? Condicionamiento cultural. Pero ya ese condicionamiento ha desaparecido. Ya deberíamos, hace rato, deberíamos tener sacerdotisas. De hecho, unas cuantas obispas deberíamos tener también. Entonces, viene la historia del condicionamiento cultural. No es que en esta cultura todo se entendía así y en esta cultura y la cultura. Y como conclusión, ¿Qué es lo que estamos haciendo con estas teorías exegéticas modernistas del condicionamiento cultural? Lo que estamos haciendo es neutralizar el texto, es decir, que el texto no impacte mi vida. Yo dejo el texto allá. Ese texto no tiene que ver conmigo, porque ahí San Pablo decía cosas y ahí el Apocalipsis dice cosas. Pero esas son cosas que decían allá porque tenían esos problemas, esa pobre gente traumatizada que no conocían nuestras psicoterapias, que no conocían nuestro modo realmente científico de vivir.
Obviamente ninguna de esas dos interpretaciones es sana, ni esa ira que nos presenta un Dios obsesionado con condenarnos, ni tampoco esa falsa misericordia que le quita toda seriedad al comportamiento moral humano. Como en tantas otras oportunidades, es buena idea ir a Santo Tomás de Aquino. ¿Qué nos dice Santo Tomás? Nos dice que cuando la Biblia habla de la ira de Dios, se está refiriendo a la acumulación de los pecados de nosotros los seres humanos, y que esa acumulación en un cierto momento produce desastres. Eso es lo que nos plantea Santo Tomás. Es decir, cuando uno se pone a examinar lo que está pasando en la sociedad. Como hay gente, eso lo saben ustedes porque tienen colegios, como hay gente que realmente tiene todo un programa de ¿Qué hacemos para corromper a la niñez? ¿Qué hacemos? ¿A ver cómo logramos que los niños y las niñas al llegar a sus nueve o diez años ya estén obsesionados y corrompidos, sobre todo en términos de afecto y de sexo? Es una obsesión con ese tema, una obsesión. No es dejarlos ser niños, sino a ver cómo los corrompemos. El tema del aborto, que es tan grave, todo lo que tiene que ver con la destrucción de la dignidad humana y de la familia. Eso tan grave está sucediendo y está sucediendo a paso acelerado. Entonces, hace poco, en Bélgica o en Holanda, me parece que fue en Bélgica. Aprobaron la eutanasia para los adolescentes. Cuando introdujeron por primera vez la eutanasia se suponía que era para enfermos terminales que no soportan sus dolores y siempre le presentaban a uno el caso de algún viejito con piel cetrina diciendo ¡Déjenme morir, déjenme morir, no aguanto más, déjenme morir! Y entonces el periodista decía pero él no puede morir porque la ley no se lo permite. Esa era la manera de introducir la eutanasia. Siempre nos manipulan emocionalmente, siempre. Lo mismo es con el aborto. Presentan una pobre niña de doce años y medio embarazada por violación. Y ahora ella queda condenada a tener ese niño porque las leyes no le permiten terminar el embarazo. Siempre nos manipulan emocionalmente o quieren hacerlo.
Entonces, en ese país que me parece que es Bélgica, ya aprobaron eutanasia para adolescentes. ¿Qué es la eutanasia para adolescentes? Que si un adolescente dice me siento muy, muy aburrido, muy, muy triste, es que me siento muy mal, pero muy mal. Ah, bueno, pues vamos a eutanasiarlo. Arreglado el problema. Cuando la muerte se convierte en un recurso fácil. O estos crímenes, por ejemplo, de de la máquina de abortos que se llama Planned Parenthood. Todos tenemos que saber que eso existe. Planned Parenthood es una empresa multinacional con sede en Estados Unidos que implanta el aborto en todas partes y que negocia con trozos de fetos humanos. O sea, ellos le hacen el aborto a la mujer y luego utilizan ese tejido de feto para venderlo y hacer más plata. Eso es Plan Parenthood. Entonces, uno ve que la acumulación de esas aberraciones, sí me disculpan que tenga que decir estas cosas en Misa, pero si no las decimos, si no las tenemos claras, entonces ¿qué va a pasar? La semana pasada el Parlamento canadiense aprobó, es perfectamente legal la zoofilia, el sexo con animales. Es perfectamente legal en Canadá. Entonces uno se da cuenta de que el mundo se va corrompiendo, corrompiendo de manera acelerada. Uno se da cuenta que la legalización de la droga y se mira como un error gravísimo que uno no esté de acuerdo con eso. Pero ¿qué pasa contigo? Hay que legalizar el consumo de la marihuana, consumo medicinal, consumo recreativo de la marihuana. Ayer estaba escuchando. Bueno, escuchando porque yo quería escucharlo. Pero eso es un texto, una noticia que sale en la BBC sobre cómo hay que organizar las protestas para conseguir voluntarios que ayuden en las clínicas de aborto dando instrucciones. ¿Qué hay que hacer? para conseguir más gente que apoye eso y que luche contra las tendencias provida del presidente Trump, que tampoco son la gran maravilla. Pero es menos malo que lo que planteaban los demócratas. O sea, le están dando instrucciones. Usted mire lo que le estoy diciendo. La BBC de Inglaterra. ¿Cuántas personas leen eso? Dando instrucciones sobre cómo organizar marchas que hagan más viable y consigan voluntarios a favor del aborto. Ese es el mundo en el que estamos.
Entonces ahí es donde Santo Tomás nos dice esa acumulación de perversiones, de aberraciones, de injusticias, de crueldad. Eso tiene que producir monstruos, seres humanos monstruosos. Es que habría tanto que decir. Solo les doy el último ejemplo la procreación por encargo. Por ejemplo, a una mujer le hacen su estudio genético y le dicen mire, si usted quiere tener un hijo de tales características, usted necesita un hombre que sea de tales características. Y entonces ella pone un anuncio clasificado como el que va a comprar una casa. Pone un anuncio clasificado. Necesito un hombre que me embarace con estas características. No un hombre que me quiera. No un hombre para ser un hogar. No un hombre para que seamos pareja ni para ser familia. Un hombre que me embarace. Eso es lo que yo necesito. Como el que busca un toro reproductor. Necesito un hombre que me embarace con estas características. Interesados llamar a tal teléfono. Entonces aparece un interesado. Estos tienen su relación, la embaraza y recibe su pago y se va. Esa es la vida humana. Ahora yo digo una cosa. Esa criatura cuando nace y cuando se da cuenta de cómo nació, ¿qué siente? Es decir, yo soy el producto de un negocio, de una transacción y además, para satisfacer el gusto de un papá o de una mamá. Por supuesto, esa criatura que nace en esas condiciones, nace con unos profundos traumas y con unos vacíos que son inimaginables para nosotros, porque uno conoce de vacíos, conocemos el vacío del papá que se fue de la casa. Pero es que calcule lo que van a sentir estas personas. Calcule lo que ellos van a sentir. Entonces, ¿qué es lo que se llama ira de Dios en la Biblia? Lo que se llama ira de Dios es la acumulación de todas estas perversiones. Esto tiene que reventar. De hecho, ha sucedido varias veces. ¿Cuál fue la gran debilidad del Imperio Romano? ¿Por qué cayó el Imperio Romano que alcanzó a durar mil años? ¿Por qué cayó? por eso, porque cada vez eran más degenerados. Así, por ejemplo, el famoso emperador Nerón. El mismo que hizo ajusticiar a los apóstoles Pedro y Pablo, según parece. El emperador Nerón celebró el primer matrimonio gay allá en Roma, con la característica de que la novia era él. Entonces, él se casaba con otro hombre y él hacía el papel como si fuera un transexual, como si fuera un homosexual. Y él hacía el papel de la mujer. Y eso por las calles de Roma. Claro, cuando se llega a esos niveles de aberración, entonces el Imperio se fue fracturando. Y cuando llegaron los bárbaros acabaron con eso. Porque siempre la degeneración debilita.
Entonces, ¿cuál es el cuadro que uno tiene que tener en la cabeza? El cuadro que se puede tener en la cabeza es el de una onda. Piense usted una onda, sí, pero piense una onda que cada vez sube más y baja más, sube todavía más y baja todavía más y luego sube aún más y luego baja todavía más. Esa es la historia humana. Cada subida es un momento de crecimiento cultural y cada bajada es la catástrofe cultural a la que lleva la degeneración del pecado. Pero a medida que el tiempo avanza, los grados de perversión son peores. Por ejemplo, esto que estamos viendo en nuestros días, ese intento en Perú, en Chile, en Colombia, en todas partes, de redefinir el matrimonio como sea, eso no se había dado en la humanidad. Con ser tan degenerados los romanos y los griegos en tantas cosas de homosexualidad, ellos no redefinieron el matrimonio. Eso sí está pasando en nuestra época. Eso es lo que quiere decir que cada vez, cuando subimos, subimos más, pero cuando bajamos, bajamos peor. Entonces, ¿Qué es lo que significa lo de la ira? Que ese proceso de cada vez subir más y bajar más en algún momento va a producir catástrofes irreversibles en la humanidad. Entonces usted se da cuenta que sí, es una cosa espantosa, no es un juego. Eso no se matiza simplemente con hablar bonito de la misericordia, no. En estos tiempos que describe el Apocalipsis. ¿Dónde queda la misericordia? La misericordia es recibir auxilio de Dios para no dejarse arrastrar, para que en estas circunstancias la riada, el tsunami apestoso de las aberraciones, no nos lleve por delante. Esa es la misericordia. Pero no basta simplemente con decir Dios es bueno, Dios es muy bueno. Sí, Dios es muy bueno, pero están haciendo crema de feto en Chile, entonces, Dios es muy bueno. Entonces ¿qué significa eso? Eso significa lo que nos dice Santo Tomás. Nosotros no vamos a vivir obsesionados con la condenación, pero tampoco vamos a decir mentiras sobre la salvación. El pecado es serio. Pero hay uno que es más poderoso que el pecado. Eso siempre hay que decirlo. Y sigue siendo cierto lo de San Pablo donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.

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