Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La consigna es simple, para los tiempos últimos y los penúltimos: vigilancia y calma.

Homilía o342007a, predicada en 20121127, con 4 min. y 11 seg.

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Transcripción:

Uno suele asociar la palabra Apocalipsis con algo trágico, tenebroso, de lo cual no hay escapatoria, como cuando se usa el adjetivo, una escena apocalíptica. Pero es importante que veamos que en la escritura la literatura apocalíptica no está para crear pánico, sino más bien para estar despiertos pero en la gran confianza a Dios. Hay una palabra que está en el profeta Isaías, dice vigilancia y calma. Esa palabra se la dice el profeta al rey, porque el rey está angustiado con los avisos que hay de invasiones extranjeras. Y el profeta le da ese consejo, vigilancia y calma. Y ese consejo sirve para entender la literatura apocalíptica. El pánico no es de Dios. Esos mensajes que andan por ahí creando pánico, ese no es el estilo de Dios.

Y es muy interesante el valor, la valentía del Papa Benedicto, cuando dijo en declaraciones no hace mucho. Jesús no obra como un vidente, como alguien que ya vio la película y nos está presentando el tráiler, nos está diciendo bueno, prepárense, porque esto es lo que se viene encima. La literatura apocalíptica lo que sí quiere contarnos es que aunque todo se conmueva, se remueva, se reviente. Hay alguien que permanece y los que se unen a Él permanecen. Y ese alguien es precisamente Dios, nuestro Padre. O sea que esta literatura sirve para que nosotros no le demos demasiada importancia a las cosas que pasan. Pero para que entendamos que por encima de todo lo que pasa está el que permanece para siempre. Quisiera terminar esta breve reflexión comentando, el espíritu de caridad que tenemos que tener con todas las personas que están esperando muchas cosas para este año dos mil doce. Nosotros no podemos tomar una actitud de burla frente a esas personas, ni una actitud dura. Más bien, lo que tenemos que darnos cuenta es que cuando la gente se angustia es porque no conoce a su Dios. El que conoce el corazón de Cristo, el que conoce la misericordia divina, el que conoce los planes de Dios, no tiene ese tipo de angustia. Sabe que las cosas tendrán que terminar de una o de otra forma, pero es más importante saber que hay uno que no termina.

Entonces, cuando nos encontremos personas que tienen esas angustias y que tienen ese pánico, que nuestro testimonio hacia ellos sea una palabra de mucha caridad, una palabra de gran confianza y sobre todo una palabra que los acerque al Dios que no engaña, al Dios que permanece para siempre. Ojo, sin embargo con esto, si hemos dicho que hay que tener calma, esa calma no puede ser indolencia, esa calma no puede ser irresponsabilidad, esa calma no puede ser mediocridad. Tiene calma o tiene derecho a tener calma, el que tiene fe y el que tiene una fe viva que actúa por el amor, como nos dice San Pablo. Ese es el que tiene derecho a tener calma. Entonces, no caer ni en el pánico, ni tampoco en la mediocridad o en la indiferencia. En medio de esos extremos está el que es creyente, el que trabaja por la obra de Dios según sus fuerzas, según sus circunstancias, y sabe que Dios es más grande que todos.

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