Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hacia donde se incline tu vida, así será tu muerte. Lo que seas en vida indicará cuál será la eternidad que te aguarda.

Homilía o341010a, predicada en 20241125, con 6 min. y 30 seg.

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Transcripción:

Hermanos, sabemos que nos encontramos en la última semana del Año litúrgico. Precisamente la celebración de Cristo Rey es el último Domingo de este Año litúrgico. Nos quedan estos pocos días y ya el próximo Domingo, inicia Nuevo Año, porque inicia el Tiempo de Adviento. Así que estamos en estos días finales y ya que estamos llegando al final del Año litúrgico, pues es muy saludable que reflexionemos sobre nuestro propio final, el de cada uno de nosotros, porque no somos eternos. Pensar en el propio final, no es otra cosa sino pensar sobre la propia muerte. Reflexionar sobre la muerte, si se hace bien, ayuda a la conversión, ayuda a la sabiduría, ayuda a definir prioridades. En resumen, reflexionar bien sobre la muerte lleva a vivir mucho mejor.

Aquí, por ejemplo, en mi convento tenemos una estatua, una pequeña estatua de San Francisco de Asís. Aparece este santo tan querido de todos nosotros, con sus estigmas y a los pies aparece una calavera. Y ese es un tema bastante frecuente en la iconografía católica, la calavera. Y muchas personas al venir a este convento me han preguntado por qué tiene una calavera. Pues es una manera de representar gráficamente que el Santo, reflexionó sobre la muerte y que cuando uno reflexiona sobre la muerte vive mejor. El libro de Apocalipsis, que lo escuchamos en esta última semana del tiempo año litúrgico, en la primera lectura, es el libro del Apocalipsis, pues nos ayuda mucho a mirar el misterio de la muerte, pero no del modo trágico, ni simplemente doloroso, ni simplemente el tema del duelo, sino mirar las cosas de otro modo, desde el ángulo de la victoria de Dios. Desde el ángulo de la esperanza, desde el ángulo, como ya dije antes, de la sabiduría.

Hay una frase de San Alfonso María de Ligorio que es doctor de la Iglesia, una frase que yo creo que hay que recordarla aquí. Decía San Alfonso, que hacia donde se incline un árbol durante su vida, porque los árboles también se mueren, hacia dónde se incline un árbol durante su vida, determina a dónde caerá cuando se muera. Cuando el árbol se muere, finalmente cae. ¿Y hacia dónde va a caer el árbol, en su muerte? Hacia dónde se inclinó en vida. Es una comparación muy sencilla, pero es tan bonita, tan bien hecha, que una vez que uno la escucha le queda grabada. A mí me quedó grabada. Entonces hacia dónde se incline la vida, esa será la muerte. Si la persona ha inclinado su vida en el vacío, en la idolatría, en la nada, porque finalmente eso es correr detrás de la nada. Si la persona ha inclinado su vida hacia la nada, pues su muerte será un caer en un vacío sin fondo, en una especie de nada que jamás termina. Son palabras duras, pero es que así predicaban los santos. Porque hoy, tenemos que predicar de otra manera cuando se trata de estas realidades.

Y estoy diciendo todo esto pensando en la primera lectura del día de hoy, en la que tenemos ese misterio de la muerte. Pero, como dije, desde un ángulo diferente. Concretamente, se nos presenta a los que vencieron la muerte, con un número simbólico, ciento cuarenta y cuatro mil. Ciento cuarenta y cuatro es doce por doce, que es una manera de decir la plenitud, la exuberante plenitud de Israel y el número mil en el Apocalipsis siempre indica mucha gente, indica multitud. O sea, que ciento cuarenta y cuatro mil está indicando Plenitud y Multitud, y son los victoriosos. Y los victoriosos en la gloria del cielo tienen en la frente el nombre del Cordero, es decir, el nombre de nuestro Salvador, y tienen el nombre del Padre Celestial. Eso es lo que tienen después de morir. ¿Y sabes por qué lo tienen después de morir? Porque lo llevaron en vida. Ese Jesús, ese nombre bendito de Jesús, que ahora está presente en la frente de los santos en el cielo. Es porque llevaron a Jesús en vida. Lo primero que vemos en una persona es la frente, porque ahí es donde empieza el rostro, ahí es donde nos van a saludar sus ojos. Entonces, el que tiene el nombre de Jesús en la frente, el que tiene el nombre del Padre Celestial en la frente, es precisamente porque no se avergüenza. Porque mostró a Jesús en vida, como mostró a Jesús en vida lleva el triunfo de Jesús en la muerte.

Acuérdate, lo que tú seas en vida muestra, indica cuál va a ser la muerte, cuál es la eternidad que te aguarda. Son días hermosos, son días solemnes, son días que nos ponen a pensar, son días que nos ayudan a mejorar la manera de vivir para no temer el momento de morir. Hermosa semana. Vivámosla como un pequeño retiro espiritual que va cerrando este Año litúrgico y que nos prepara para un hermoso Adviento. Amén.

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