Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Viendo a aquellos que están en la gloria del cielo nosotros hemos de pensar si nuestro camino va hacia esa meta o no: preguntarnos cómo estamos viviendo en esta tierra.

Homilía o341009a, predicada en 20201123, con 5 min. y 28 seg.

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Transcripción:

Estamos en la última semana del Tiempo Ordinario, la semana marcada por la fiesta preciosa de Cristo Rey, la semana que nos habla también del final de la historia y por eso, convenientemente, tenemos textos del libro del Apocalipsis, el último libro de la Biblia. Una de las cosas hermosas del Apocalipsis es que al presentarnos esa especie de retratos del cielo, nos ayuda a conocer qué es lo que Dios quiere de nosotros. Es decir, si deseamos esa eternidad junto a Él, si queremos estar para siempre con Él. Entonces, ¿cómo hemos de ser? Dicho de otra manera, viendo a aquellos que están allá en la gloria del cielo, también nosotros hemos de pensar, si nuestro camino lleva esa ruta o si no la lleva, porque si no llevamos esa ruta tenemos que preocuparnos seriamente de qué estamos haciendo y para dónde se supone que vamos y qué aprendemos,

Por ejemplo, en el pasaje de hoy, se nos habla de un grupo de ciento cuarenta y cuatro mil. Mira qué características tiene este grupo. Ya sabemos, que en el Apocalipsis los números tienen un sentido. El número doce es el número de Israel, porque doce fueron las tribus de Israel. De manera que en el Apocalipsis aparece, por ejemplo, doce más doce aparece veinticuatro. Los veinticuatro ancianos, que son como el antiguo Israel, es decir, el pueblo del Antiguo Testamento y el Nuevo Israel, el pueblo del Nuevo Testamento. Pero también aparece este otro número ciento cuarenta y cuatro, que es doce por doce. Doce por doce es algo así como el Israel de Israel. Ya Israel es el pueblo elegido. Los ciento cuarenta y cuatro mil son como los elegidos entre los elegidos. El número mil hace referencia a una multitud. De modo que, por una parte, son como una élite, se podría decir. Pero una élite, no por privilegio propio, sino por su fidelidad al Señor. Y por otro lado, con ese número mil se está hablando de que tampoco es un grupo reducido, sino un grupo abundante. Son muy escogidos y son muy abundantes.

En esta tierra, esos dos conceptos son contradictorios. Si algo es muy escogido, es escaso. Si algo es abundante, si está por todas partes, tiende a ser ordinario. Pero en el cielo es muy escogido y muy abundante. ¿Qué otra característica tienen ellos? Tienen un cántico, un cántico que es bellísimo, como se indica por el uso del arpa, pero es potentísimo, como se indica por la comparación con el trueno. Cantan, cantan con belleza y cantan con poder. Sus voces son como un eco nuevo, podemos decir, como un eco nuevo de aquello que nos contaba el libro de Josué. Recuerdas en el libro de Josué cuando cayeron las murallas de Jericó. La belleza del cántico. Bello, bello porque proclama al Dios bello. Poderoso porque proclama el Dios poderoso. La belleza de ese cántico está en estos ciento cuarenta y cuatro mil.

La otra característica es que ellos siguen al Cordero, es decir, se cumple en ellos lo que dice la primera carta de Juan: El que dice que está en Cristo, tiene que andar de continuo como Él anduvo. Es decir, siguen los pasos del Señor. Y si están haciendo el camino de Cristo, si están llevando el camino de Cristo, pues quiere decir que tienen que pasar también por ofensas, exclusión, persecución, todo eso que no nos gusta, pero que fue parte de la vida de Cristo. El camino de Cristo, sin embargo, no termina ahí. Estos ciento cuarenta y cuatro mil van dondequiera que vaya el Cordero, y el Cordero tuvo que llegar hasta la oscuridad de la tumba, pero no se quedó en la tumba. Los ciento cuarenta y cuatro mil, tampoco se quedan en la oscuridad del momento de crisis.

Y la última característica que nos menciona el texto de hoy, es que no hay mentira en sus labios. Esta verdad es la verdad del testimonio, es la verdad del que no niega lo que es. Es la verdad del que reconoce su pecado, pero también reconoce al Dios que es capaz de vencer ese pecado y dar una eternidad de gloria. Así que ahí tienes, ahí tenemos ese pequeño retrato, un retrato de cielo, un retrato que nos ayuda a preguntarnos ¿Cómo estamos viviendo en la tierra? Dios te Bendiga.

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