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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios mira mucho más la calidad que la simple cantidad.
Homilía o341008a, predicada en 20181126, con 22 min. y 2 seg. 
Transcripción:
Démonos cuenta, queridos amigos, cómo la mirada de Dios es distinta de la mirada de los hombres. Dios ve las cosas de una manera diferente. Por ejemplo, cuando encontramos esta escena del Evangelio de hoy. Jesucristo está en el templo y ve que algunas personas están echando limosna, ayudando al templo. Y hay gente que da bastante cantidad. Pero una señora dio muy poquita cantidad. Pero Jesús dice esa fue la que más dio. Si uno mira la cantidad. Ella dio muy poquito y casi siempre el mundo mira la cantidad. El rico parece que da mucho porque da mucha cantidad y el pobre puede parecer que da poco porque da poca cantidad. Pero Cristo, nos muestra que la mirada de Dios es diferente. Dios no se queda mirando solamente la cantidad.
¿Qué fue lo que le llamó la atención a Cristo de esa donación que hizo la mujer? Vamos a ver cómo era esa mujer para ver si aprendemos. Dice aquí vio una viuda pobre. Era una mujer viuda. Quiere decir que no tiene su esposo que le apoye, que le soporte, que le sostenga. Y además, ella es pobre, es viuda y es pobre. ¿Y qué pasa? Que esa mujer, nos dice el final del Evangelio, pasa necesidad. Ella no la tenía tan fácil porque era pobre. Pero aunque pasara necesidad, ella quería dar una donación. Y la donación que ella dio era más difícil porque tenía muy poquito. Jesús dice: Ha echado todo lo que tenía para vivir. Entonces, la mirada del mundo como que solo se queda en la cantidad. En cambio, Cristo, nos está enseñando que Dios mira la intención y mira también el esfuerzo.
Para una persona que es rica, muy rica, vamos a hablar en dinero de aquí de Colombia, dar una donación de cincuenta mil pesos. Si esa persona es muy rica, esa donación no le cuesta ningún trabajo. Si una persona es pobre, si tiene que trabajar duro, si depende de las ayudas de otras personas, entonces, dar los cincuenta mil pesos es difícil porque no va a tener para el mercado. Entonces, Cristo, parece que mira las cosas de esa manera. No es solamente lo que tú das, sino cómo es tu corazón cuando das y por consiguiente, cuál es el esfuerzo, cuál es el compromiso que tú tienes en lo que tú estás dando. Como quien dice el mundo solo mira la parte de afuera, el exterior, el dinero que se dio, cincuenta mil pesos. La viuda, pobrecita, dio cinco mil pesitos, pero tal vez esos cinco mil pesitos era con lo que ella se iba a arreglar, alguna comidita para hoy y para mañana. Entonces, cuando ella dio cinco mil pesos, dio mucho porque dio un gran compromiso, porque dio con mucho corazón, o se lo voy a decir de esta otra manera, cuando ella dio eso, su donación tuvo un impacto en la vida de ella.
Fíjese usted, que el que tiene mucho dinero puede dar una donación grande y eso no le afecta para nada. Pero cuando una persona está corta de dinero, esa donación que hace sí le afecta mucho. Entonces, ¿Dios mira qué? Dios mira el corazón. Dios mira cómo está uno por dentro, y solo Dios es el que puede ver el corazón. Solo Dios es el que puede ver qué tanto uno realmente está dando de lo que uno tiene y de lo que uno es. Entonces, el resumen de la enseñanza es que estamos acostumbrados en este mundo a ver solo lo de afuera, la cantidad, pero Dios mira el corazón y mira con qué corazón estás haciendo tú las cosas. Cuál es el esfuerzo, cuál es el sacrificio que estás haciendo. Eso lo mira Dios, eso lo conoce Dios.
Ahora tratemos de aplicar eso a nuestra vida, porque a veces uno no maneja tanto dinero. A veces el problema no es de dinero para uno. Mirémoslo en el caso de nuestra propia vida y hagámonos esta pregunta. ¿Qué me pide Dios a mí? Esta es una pregunta muy buena. ¿Qué me pide Dios a mí? Y a veces pueden ser cosas relativamente pequeñas, pero si las hago bien y las hago con amor, y si las hago con compromiso, poniendo de mi parte porque todo brota del amor, porque yo sé que Dios me ama y porque yo le quiero responder con amor, con el amor que Él mismo me da, entonces, eso puede tener mucho valor. ¿Qué me puede estar pidiendo Dios? Esa es la pregunta. ¿Qué me puede estar pidiendo Dios? A veces uno dice pues Dios le estará pidiendo allá a otras personas. Por ejemplo, el sacerdote, el misionero, el profesor, el médico. Pero tal vez Dios también puede estarte pidiendo cosas a ti. Entonces, vamos a dar unos cuatro o cinco ejemplos de lo que me puede estar pidiendo Dios, porque pueden parecer cosas pequeñitas, como las monedas esas de la señora viuda, pueden ser cosas pequeñitas, pero Dios ve que tú las estás dando con amor y eso Él no lo olvida. Él se da cuenta de eso. Cosas que puede estar pidiendo Dios. Damos ejemplos, unos cuatro ejemplos.
Primero, a veces uno ha tenido un mal rato con un compañero. Hubo ahí una pelea. Tal vez no nos entendimos bien. No fue algo muy grave, pero sí hubo un momento malo. Y tal vez Dios quiere que yo dé el primer paso para pedir disculpas a un compañero. Tal vez nos equivocamos ambos. Pero si yo me quedo esperando a que el otro pida disculpas y él se queda esperando a que yo pida disculpas, tal vez lo que va a pasar con el tiempo es que nos vamos a distanciar más. Entonces, tal vez Dios quiere de mí, que yo dé el primer paso. Ese, por ejemplo, fue un mensaje que nos dejó el Papa Francisco cuando vino a Colombia el año pasado. Él decía den el primer paso, no se quede esperando a la otra persona. Usted puede dar el primer paso. El primero en perdonar, por ejemplo. El primero en pedir disculpas. Entonces, eso quiere decir que Dios me puede estar pidiendo eso. Y si Dios quiere eso de mí, puede ser algo pequeño, porque quizá es solamente decirle a ese compañero, oiga, con ese problema que tuvimos la otra vez. Pues yo solo le quería decir que me disculpe. Cuánto se demora uno diciendo eso. No se demora nada, pero cuesta trabajo. ¿Por qué? Porque a veces uno, aunque sea pequeñito de estatura, uno es orgulloso y uno como es orgulloso, uno no quiere pedir perdón. Uno no quiere rebajarse. Entonces, Dios me está pidiendo mis moneditas a la viuda. Parece que Dios la invitó a que le diera esas moneditas. No era mucho, pero le costaba mucho a ella. Entonces, ahí le doy un ejemplo muy sencillo de una cosa que tal vez Cristo le puede estar pidiendo a usted.
Le voy a dar un segundo ejemplo, cuando uno vive con otras personas, en una familia, en un hogar, siempre hay muchas cosas que hacer. ¡Uy! Una casa tiene muchas cosas que hacer. Hay que hacer aseos, hay que ordenar, hay que lavar, hay que ayudar. A veces a uno le dan órdenes. Usted va a hacer esto, usted va a hacer esto y usted va a hacer esto. Pero otras veces, no es que le den a uno orden, sino que se necesitan voluntarios. Yo le hago esta pregunta, cuando en este hogar o en su familia se necesitan voluntarios, usted es de las personas que ayuda o usted siempre espera a que otro y usted se queda tranquilo porque hay personas que son generosas y ayudan. Hay que hacer tal cosa y uno se queda así, callado, como mirando para el suelo. A ver que salga otro, que salga otro. Que no me miren a mí. Y uno no ayuda. Pero, qué tal que uno, cuando vea que hay una necesidad, uno diga, no porque lo están mandando. Uno diga, yo quiero ayudar, yo puedo ayudar en eso. Voluntario, no es una orden que me están dando, es de una manera voluntaria. Es demasiado terrible ayudar en un trabajo, en una limpieza. ¿Es demasiado difícil? No, pero a veces uno es cómodo y a veces uno es egoísta y entonces uno se queda así, esperando que otro, que otro, que otro. Ah, ya salió el de siempre, ya salió a ayudar. Y yo me quedé tranquilo y cómodo. Eso no está bien, porque tal vez Dios también quiere que yo sea de los voluntarios. ¿Por qué tienen que ser siempre los mismos? Yo también puedo ayudar. Yo también me puedo ofrecer. Yo también puedo decir ey, yo ayudo. Parece algo pequeñito, pero si yo lo hago con mi corazón, si yo lo hago de corazón y lo hago de verdad, eso vale. Eso es lo que nos muestra el Evangelio de hoy, que eso vale. Que la mirada de Cristo está atenta y la mirada de Cristo descubre ese tesoro en ti. Le he dado dos ejemplos. Cuidado, se le van a olvidar los ejemplos. Primer ejemplo. ¿Cuál era el primer ejemplo? Cuando uno tiene un malentendido con el compañero. Muy bien. Y el segundo ejemplo. Los oficios pero voluntarios. Porque claro, cuando uno lo mandan, lo mandan. Pero dónde está una persona que realmente se ofrezca para una cosa que se necesita.
Le doy el tercer ejemplo, esta casa tiene este lugar bonito y aquí está nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía. Yo sé que hay momentos especiales para la oración, pero ahí es donde pasa lo que hemos dicho. ¿Por qué este Evangelio habla de la limosna? Porque la limosna era una cosa que no era obligada. Una cosa es que usted tiene que pagar impuestos y otra cosa es lo que usted da voluntariamente. Por eso se llama un donativo, es voluntario. Entonces, Jesús, nuestro Señor está aquí. Y yo sé que hay oraciones y esas oraciones están mandadas. Y esta casa tiene un orden. Yo le doy gracias a Dios por esta casa. Tiene un orden, pero también hay un tiempo libre. Este amigo que se llama Jesucristo, también me está esperando en el tiempo libre. ¿Qué tal hacerle una visita a un amigo? Y yo vuelvo y digo no porque está mandado. Si a uno le dicen, bueno, vamos para Misa todos, pues vamos. Pero qué tal que no sea solamente cuando está mandado. Mire, hay tantas necesidades por las que hay que hacer una oración. Yo pienso que en todas nuestras familias hay necesidades, yo creo que en todas. Qué tal que usted diga pues yo voy a pasar un momento a la casa de mi amigo Jesús, sin que nadie me diga, sin que nadie me obligue. Voy a pasar un momento y voy a regalar una oración. La última vez que hablé con mi mamá me dijo que había una tía que estaba muy enferma. Por ejemplo, le estoy dando un ejemplo. Qué bueno que usted venga aquí. Haga una oración por esa tía. Dios sabrá qué hace. No sabemos qué vaya a pasar. Pero una oración. Hombre, eso hace bien. Entonces, fíjese que, usted también puede hacer algo que es pequeñito. Usted llega, tres minutos de una oración que hizo, eso no es tan pesado. Eso no es tan grande. Eso no es tan difícil. Pero Jesús ve. Jesús lo ve a usted, cuando usted entra por esa puerta. Y Jesús ve a ese amigo que está haciendo una oración, y Jesús sonríe y dice Ese es mi amigo, ese está dando algo. Y no es porque le toca y no es por quedar bien, es porque es mi amigo. Entonces, ese ejemplo también es interesante, el de esas oraciones que uno hace. Y casi todos estos ejemplos se parecen.
Le voy a dar el último, pero así cortico, para que no se me tensione, le voy a dar el último ejemplo. Así, como hay necesidades en la casa, a veces uno ve que otra persona, un compañero, por ejemplo, tiene un problema, o tiene una enfermedad o está muy triste. A veces, la gente tiene sus tiempos en que se pone así, mal, porque se siente mal físicamente o anímicamente. Pero no siempre los problemas se notan afuera. Pero usted, sí se dio cuenta que esa persona tenía esa dificultad porque estaba mal. Usted puede tomar un camino muy fácil. El camino muy fácil es que yo me sigo portando bien y que cada quien haga lo que quiera y lo que pueda. Eso se llama egoísmo. Usted sigue, pero usted en cambio, puede hacer otra cosa que es muy buena. Usted se dio cuenta que había alguien que estaba mal. Muchas cosas uno no las puede resolver, pero el solo hecho de que usted le pregunté. ¿Hermano, usted está mal? Sí, he estado mal. No sé, tengo ahí un dolor, una cosa. No sé qué me pasa y me da como miedo decir. Porque a veces la gente se enferma y le da miedo decir dolores que tiene, cosas que tiene. Entonces, usted puede animar a ese compañero, a ese hermano suyo. No, mire, no nos quedemos así, mejor avisemos esto. Esto es mejor avisar. ¿Qué pasó ahí? Que usted no se quedó egoísta. No se quedó encerrado en usted mismo, sino que usted dio un paso más. Eso también lo dice el Papa Francisco. Salir, salir de nosotros mismos.
Bueno, ¿Qué fue lo que aprendimos hoy? Mire, hoy aprendimos que Dios no mira solamente la cantidad, sino más bien mira la calidad. Dios no mira tanto lo de afuera, sino que mira mucho el corazón. Y usted cómo hizo las cosas, eso fue lo primero. Y lo segundo, dimos unos ejemplos, que tal vez le pueden servir a usted, ejemplos de cómo usted, siempre puede o encerrarse en la comodidad del egoísmo o salir. Y yo le garantizo una cosa, Dios lo ve todo. El egoísmo que nadie más ve, Dios sí lo conoce, pero el buen corazón que usted tiene y la manera como usted ayuda, Dios también la ve. Y a mí me parece muy tierno en este Evangelio que hemos oído. Me parece tan tierno, que Jesús mira a esa mujer, a esa pobrecita viuda y la mira con cariño. Yo sé que Jesús mira con cariño todo lo que nosotros hacemos, que a nosotros mismos nos puede parecer muy pequeñito, pero Dios lo mira con cariño y ese mensaje no lo debemos perder.

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