Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El juicio descrito en el Apocalipsis no es incierto para nosotros: corresponde a la verdad profunda de lo que hemos sido y vivido.

Homilía o341004a, predicada en 20121126, con 4 min. y 19 seg.

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Transcripción:

El libro del Apocalipsis no solamente nos cuenta lo que va al final de la historia humana, sino que nos cuenta lo que en realidad estaba sucediendo en nuestra historia de cada día. Con la ayuda del Espíritu Santo, quisiera explicar esa sencilla idea. A veces uno piensa cuando hablamos del Génesis, que se trata de cosas de hace mucho tiempo, cosas de tiempo atrás. Y cuando se habla del Apocalipsis, creemos que se trata de cosas que pueden suceder dentro de mucho tiempo, mucho tiempo por delante. Y es verdad que el Génesis tiene que hacer una relación a aquellas cosas que sucedieron en un pasado. Y el Apocalipsis tiene sin duda una palabra para decirnos sobre aquello que tendrá que suceder en un futuro.

Pero lo del Génesis no es tan sencillo, porque al hablar de Dios como Creador no se está diciendo que Dios creó y se desentendió. Se está diciendo que todo, todo lo que existe tiene en la profundidad de su existencia la presencia del Dios Creador. No es algo que queda entonces en el pasado, es algo que está en lo profundo. Y lo mismo sucede con el Apocalipsis. De hecho, ya dijimos que esa palabra quiere decir revelación, y lo que se está diciendo es que Dios revela. No es que Dios inventa. No es que Dios al final de la historia, inventa quién es cada uno de nosotros. Más bien, al final de la historia aparece quién ha sido cada uno de nosotros. Es decir, la verdad de lo que hemos oído es la verdad que aparece. Y esa revelación de la verdad, esa revelación de lo que somos en verdad, es lo que a veces puede parecer tan espantoso. Lo que puede parecer tan extraño. No es tan extraño. Es simplemente lo que hemos hecho. Es simplemente lo que hemos vivido.

Por ejemplo, en la lectura de hoy se dice que aquellos elegidos tenían el nombre de Jesús y el nombre de Dios nuestro Padre en la frente. Sí, aparece ahí, porque esos fueron los que dieron testimonio de Jesús, porque llevaban a Jesús escrito en su vida, porque presentaban a Jesús con sus palabras y con sus obras, porque fueron testigos de Jesús en el día a día. Entonces, al final de la historia aparece lo que fueron. Aparece la verdad de lo que fueron.

Por eso el libro del Apocalipsis no podemos mirarlo como una especie de lotería. A ver ¿qué me tocará? ¿qué sucederá conmigo? ¿qué sucederá con mis hijos? ¿qué sucederá con mis obras? ¿qué sucederá con mis amigos? Para preguntarte lo que sucederá. Basta con que te preguntes ¿qué es lo que está sucediendo? Si llevas el nombre de Jesús, si eres testigo de Jesús, eso es lo que va a aparecer. No va a aparecer otra cosa. Si vives como hijo de Dios, eso es lo que va a aparecer. No va a aparecer otra cosa. Esta revelación de la verdad no es entonces algo que nosotros debamos temer. Muy al contrario, es algo que saludamos con alegría. Es algo que saludamos con confianza. Es en verdad el gran libro de la esperanza.

Que Dios nos bendiga.

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