Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hay cántico nuevo para las cosas más dolorosas y terribles que suceden en el mundo.

Homilía o341003a, predicada en 20041122, con 36 min. y 18 seg.

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Transcripción:

Estamos llegando al final del año litúrgico. Tuvimos ayer la fiesta grande y bella, Cristo Rey del Universo. Pero esa fiesta no cabe en un solo día y ella le da el tono, el color y el sabor a toda esta semana. En realidad, todas las lecturas de esta semana tienen que ver con el triunfo definitivo de Jesucristo, el triunfo definitivo del Evangelio y de la gracia de Jesucristo en todos los pueblos. Eso fue lo que pudimos contemplar en la primera lectura tomada del libro del Apocalipsis. La lectura que tiene ese número que le encanta a los Testigos de Jehová. Ayer hablábamos de un grupo. Se trata de que paremos, de sufrir. Ellos quieren que paremos de sufrir. Y nosotros a veces tratamos de parar a ese grupo.

Pero en todo caso, hoy aparece el número ciento cuarenta y cuatro mil, el número que se ha convertido casi como en un fetiche para los Testigos de Jehová, es el número de los elegidos que aparecen ahí bendiciendo, alabando, adorando a Dios. Tuve una visión: El Cordero estaba de pie y con él ciento cuarenta y cuatro mil que tenían escrito en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre. ¡Qué hermoso! Cantaban, alababan, estaban con el Cordero. Y por eso lo primero que tenemos que comentar, amados hermanos, es esa expresión que se repite tantas veces en el Apocalipsis. En el Apocalipsis, el nombre de Jesús, el nombre que hemos cantado tantas veces hoy, no aparece mucho. Casi siempre a Jesús se le llama el Cordero, y debe haber alguna buena razón para que esto sea así. Efectivamente, Jesús en el Apocalipsis es el Cordero, o si queremos ser más precisos, el cordero degollado, cordero que implica inocencia, pero que sobre todo implica sacrificio de propiciación por nuestros pecados. Sacrificio de la Alianza. Jesucristo es el Cordero degollado. Quiere decir que la alianza ha sido sellada. El cordero degollado quiere decir que la sangre ya ha sido derramada. El cordero degollado quiere decir que el banquete ya ha sido preparado. El Cordero degollado quiere decir que el vínculo que nos une con el Padre Celestial es indestructible, porque ahora es el Unigénito del Padre, el que ha hecho el puente entre Dios y nosotros.

Ya nosotros no transitamos por el puente de la ley de Moisés, sino caminamos en el Espíritu y nos sentimos ligados al Padre celestial en Cristo Jesús, en el Cordero degollado. El Cordero degollado es otra manera de aludir al sacrificio de Cristo en la cruz, es decir, al testimonio grande del amor. Por eso el Apocalipsis habla del Cordero degollado. ¿Y por qué aparece ese número que les encanta a los testigos de Jehová, el ciento cuarenta y cuatro mil? Un poco de aritmética nos muestra que ciento cuarenta y cuatro mil es el resultado de multiplicar doce por doce por mil y el número doce, como es bien conocido de los estudiosos de la Sagrada Escritura es el número de Israel, el número de las tribus de Israel. Cuando Jesús quiso elegir apóstoles para que lo acompañaran en su ministerio, tomó ese mismo número doce, señalando así que su mensaje era la plenitud de lo que había sido anunciado en el antiguo Israel, el pueblo de Dios, el nuevo pueblo de Dios, que es la Iglesia. Ese pueblo que somos todos nosotros, está fundado no en doce tribus, no en el linaje de la carne y la sangre, sino en doce apóstoles, es decir, en el nuevo Israel. El número doce sirve así a la vez de continuidad con lo que fue realizado en el antiguo Israel.

Pero también sirve de anuncio de una novedad sin límites, porque esos apóstoles no fueron engendrados por Cristo a través de la carne y la sangre, sino a través de la Palabra y el Espíritu, y por eso el número doce, el número de Israel, es el número que indica la continuidad del plan de Dios y a la vez la plenitud de ese mismo plan, en el nuevo pueblo de la Alianza, que somos nosotros. Cuando aterricé en la ciudad de Santa Cruz la primera vez, lo primero que me llamó la atención antes de ver la recepción musical, porque es ley del cruceño la hospitalidad. Antes de la recepción musical lo que me llamó la atención fue el nombre del aeropuerto: Viru Viru. Entonces me explicaron oportunamente que en las antiguas lenguas el plural se indica muchas veces repitiendo la misma palabra. Viru Viru es una manera de hacer el plural de Viru. Ahora, ¿qué es Viru? Eso lo saben todos ustedes y no hay necesidad de repetirlo aquí. El que no lo sepa que hable con un cruceño, porque el cruceño le explicará que es un virus. No es un virus, es un viru. Entonces eso no hay que explicarlo. Lo importante aquí es que en muchas lenguas la repetición de la misma palabra indica el plural. Esto sucede en muchas lenguas aborígenes, indígenas, africanas, asiáticas. Es algo así como si nosotros, en vez de decir hombres, dijéramos hombre, hombre. Así se forma la palabra viru viru. Es una manera de hacer un plural. Pues, hermanos míos, algo parecido es lo que sucede en la Biblia cuando se multiplican estos números. El doce por doce indica la absoluta. La reduplicativa plenitud de Israel. La perfección de Israel. Del doce del Antiguo y del doce del Nuevo Testamento. El ciento cuarenta y cuatro surge de ahí. No es una repetición como decir Viru viru, sino es una repetición doce x doce. De ahí sale ciento cuarenta y cuatro y el número mil es otro modo de hablar, porque el número mil se utiliza muchas veces en la Biblia, como lo utilizan los niños cuando el niño llega tarde a la clase.

Entonces dice: Ay profesora, es que había como mil carros. Había como mil micros, mil significa muchísimos. Eso no quiere decir que el niño se haya puesto a contar uno por uno. Claro que también hay casos de niños que son un poco mentirosos. ¿Ustedes quieren que les eche un cuento de niños mentirosos? Son un poco indisciplinados ustedes, pero vamos a echar el cuento. Resulta que el niño llegó en una escuela en el campo. Llegaron tarde muchos niños. Y la profesora estaba disgustada. Y le pregunta a uno de ellos. ¿A ver, Juanito, usted por qué llegó tan tarde? Profesora: Lo que pasó es que yo venía en el caballo y el caballo le dio, le dio un ataque y se cayó y se murió. Y entonces por eso llegué tarde. Bueno, a ver. ¿Y usted, Alejandra? ¿Usted por qué llegó tarde? Profesora: Es que. Es que yo también venía en un caballo. Y el caballo, yo iba andando. Y el caballo le dio un ataque. Y entonces se cayó el caballo y se murió. Y entonces por eso llegué tarde. Ajá. ¿Y usted, Roberto por qué llegó tarde? Es que yo. Yo venía en otro caballo y el caballo le dio un ataque. Y entonces yo llegué tarde. Entonces le pregunta otra niña A ver, Adriana. ¿Y usted ahora no me va a decir que no? Profesora: yo venía caminando, sino que con tanto caballo muerto, llegué tarde. Ve, los niños, Los niños utilizan así la mente. Por eso los niños dicen: Uy, eso había como mil aviones. Así es también la Biblia. La Biblia se hizo antes de que se inventaran el método científico con hipótesis, contrastación, falseación, verificación, feedback. La Biblia está escrita en un lenguaje que podríamos decir es mucho más natural y próximo al sentido común. El mil indica muchísimos, muchísimos, muchos, muchísimos y ciento cuarenta y cuatro mil.

Entonces quiere decir la plenitud de Israel, la plenitud del plan de Dios en toda su extensión, en toda su majestad. Es una visión bellísima. Oí una voz del cielo y esa voz era como un concierto de arpas. Qué hermoso que estas lecturas coincidan para este año con la fiesta de la patrona de la música, Cecilia. Una voz que era como un concierto de arpas y cantaban un cántico nuevo delante del trono. Y nadie podía aprender ese canto sino ellos. Como yo no conozco muchos de los cantos que se cantan aquí en los encuentros. Ustedes ven que a veces lo único que puedo hacer es aplaudir y tratar de mover las manos, porque muchas veces no puedo aprender los cantos. Entonces yo me imagino que ustedes ya están muy cerca del cielo porque yo no puedo aprender. Yo creo que ya ustedes están muy cerca del cielo. Yo no puedo aprender algunos de los cantos. No alcanzo a entender, pero eso es natural. Sin embargo, lo que dice la lectura es mucho más profundo. No es un asunto solamente de entender o no entender la letra. Aquí hay un misterio bellísimo y con la ayuda de Dios, que bueno que lo saboreemos. Un cántico nuevo. Esta expresión aparece muchas veces en los Salmos. Cantad al Señor un cántico nuevo. Cantad al Señor, porque ha hecho maravillas. Su diestra le ha dado la victoria su santo brazo. Cantad al Señor un cántico nuevo.

Y así, por ejemplo, desde el primer año, en mil novecientos ochenta. Desde el primer año de encuentros aquí en la mansión. Cada año ha tenido un canto nuevo. ¡Qué hermoso, No! un canto nuevo. Cada año un cántico nuevo. Y cuando llega esta celebración de las bodas de plata, que queremos un canto nuevo. Y por eso hay un canto nuevo. El lema del Congreso. Queremos un canto nuevo. ¿Qué significa eso del canto nuevo? El cántico nuevo. ¿Qué quiere decir? Aquí hay que aclarar la diferencia que hay entre el lenguaje de la Biblia y el lenguaje del comercio. El lenguaje del comercio queda bien representado en el tema de los computadores. Ahora hay computadores que tienen más o menos el tamaño de este libro de lecturas, computadores sumamente pequeños y potentes. Cuando uno va a la tienda o a un sitio de internet a comprar el computador, le dicen: Y este es el nuevo super mega hiper recontra ultra computador. ¿Y cuánto vale ese cachivache? ¿Cuánto vale ese aparato? Este aparato fantástico, único, casi omnipotente. Este aparato es a prueba de torpes. Le sirve a usted. Así le venden a uno el aparato. ¿Y cuánto vale eso? Este aparato único e irrepetible, este aparato nuevo, fantástico y ultramoderno, vale tan solo. Tan solo ocho mil dólares. Y usted entonces vende lo poco que tenía. Reúne los ocho mil dólares y compra el computador. Es cuando llega a la casa, enciende la televisión y su computador era el modelo tres mil cuatrocientos cuarenta y dos. Y usted enciende el televisor que es prestado, porque ese acuerdo es el que lo había vendido. Enciende el televisor y se encuentra lo nuevo, el modelo tres mil cuatrocientos cuarenta y tres. Y usted dice pero si yo hablé con el señor del mercado y me dijo que este era el último, que este era el nuevo. Y usted llega y compra el periódico y lo que usted compró ayer ya está viejo. Y así pasa con los automóviles, con los computadores, así pasa con la moda en el vestir. Esa es la ventaja. Cuando uno utiliza algunas veces el hábito, el hábito no envejece. Este es modelo siglo trece. No sé si les guste.

Pero las modas envejecen muy rápido, muy rápido. Las modas cambian constantemente. Sobre todo las mujeres sufren mucho con esto de la moda. Mucho. Ahora se utiliza la falda a media pantorrilla, cuando la niña ha comprado la falda a media pantorrilla. No, ya eso está pasado. Pasado ahora es a medio muslo cuando recorta su falda costosa. No, ahora es al tobillo. ¿Y ahora cómo le pego? En el mercado la palabra nuevo quiere decir otro. Otro computador que tiene otras cosas. Otra moda que trae otras cosas. Otro automóvil nuevo en el mercado significa otro. En cambio, nuevo en la Biblia no significa otro, otro. El verdadero sentido de lo nuevo lo entendemos en el altar y en la Última Cena, cuando Jesús dijo: Este es el cáliz de la Nueva Alianza. No estaba diciendo Bueno, ahí les da otra alianza, como quien dice: dentro de diez años vendrá la otra alianza y dentro de quince. No se pierdan la nueva Alianza. No, Jesús no está diciendo más alianzas y más alianzas. Cuando Jesús dice la nueva Alianza, el sentido de nuevo nuevo ahí es el sentido de Definitivo. Lo nuevo es aquello que es hecho únicamente por Dios y que demuestra y que significa y que realiza el plan de Dios, como no podía ser realizado del modo antiguo. La vida nueva no significa solamente otra vida, y otra vida y otra vida. No.

Por eso los cristianos desde los primeros siglos tuvieron perfectamente claro que cuando una persona recibe la nueva vida por el bautismo, ya no tiene que volverse a bautizar. Sí, la palabra nuevo en nuestra fe significará lo mismo que en el mercado. Entonces uno tendría que estarse bautizando nueva vida, nueva vida, nueva vida. No. Hemos recibido una vez y para siempre la nueva vida y lo que nosotros hacemos es desde la fuerza de esa nueva vida, reclamamos redención para ser restaurados cuando a veces resbalamos y caemos. Y ese es el sacramento de la Penitencia. De manera que lo nuevo en la Biblia no es otro. El cántico nuevo en realidad no significa un canto más. El cántico nuevo, especialmente en el Apocalipsis, significa la melodía del universo. La música que no habíamos podido oír en todos los siglos. Es que la sinfonía, hermanos, solo se completará cuando haya muerto el último de los justos. Solo cuando haya terminado esta maravillosa epopeya del amor de Dios a lo largo de los siglos. Solo cuando haya terminado toda esta sinfonía podremos oír los acordes y podremos decir ahora. Ahora percibo la belleza escondida. Ahora percibo el sentido místico y precioso. Ahora captó la belleza que antes no podía escuchar. Ese es el cántico nuevo. El cántico nuevo es la armonía escondida en el transcurso de los siglos.

Y lo que nos está diciendo el Apocalipsis es que para llegar a esa melodía hay que unirse al Cordero, hay que estar con el Cordero. Los elegidos, los ciento cuarenta y cuatro mil, están con Jesús, están con Jesús y ya San Pablo nos ha dicho: Si padecemos con Él, reinaremos con Él. Estos ciento cuarenta y cuatro mil son aquellos que han padecido con Jesús y que ahora reinan con Jesús. Estuvieron apegados, abrazados a Jesús en el camino y por eso están junto a Jesús en la casa de los cielos, en la mansión de los cielos. Por eso están allá, porque ellos, unidos a Jesucristo, han hecho el recorrido que les permite comprender la melodía de los siglos, la armonía escondida de todas las cosas. Este significado global y maravilloso de la historia humana ungida por la sangre de Cristo. Este significado no lo pueden entender ni los que se desprenden de Jesucristo, ni los que todavía no han llegado a la meta con Jesucristo. Tienen que cumplirse las dos cosas que se haya consumado la historia humana y que nosotros estemos unidos al Cordero, unidos a Él.

Empezaremos a entender cómo todo tenía su lugar, todo, todo tenía su lugar. Para que esto sea un poco más comprensible, necesito la ayuda de los músicos en el día de Santa Cecilia. La manera es la siguiente. Mira, hay un instrumento que a mí me llama mucho la atención. Yo lo estaba mirando cada rato, que es esta cajita que está aquí. Permíteme, por favor. Uno de los instrumentos, uno de los palillos, es este instrumento. ¿Les parece que soy un gran músico? No parece. No, no parece. No me ayude ahorita, por favor. Eso no parece que sea música. Cuando yo oigo solamente esto, eso no parece que sea música. Pero cuando el artista, que es alguno de estos jóvenes, está cantando el nombre de Jesús es dulce y le va poniendo aquí un toquecito, un toquecito, un ritmito ahí, un ritmito, ahí no. Si yo tomo ese solo golpe y lo aíslo, lo separó de toda la melodía. Me parece música, no. Me parece un un ruido. Si yo tomo solo ese golpe y lo separó de toda la música, me parece un ruido. Pero cuando oigo toda la música como la estábamos oyendo ahorita, entonces digo ¡que suena bueno ese grupo! ¡cómo suena de bueno! Eso es lo que nos está diciendo la primera lectura. Cuando te sucede una tragedia es como cuando yo ahorita estaba dando golpes a eso. Uno dice: Esto no tiene sentido, esto es un ruido, esta vida está muy fea. Puerca vida la que me tocó. ¿Por qué me pasa siempre a mí? Porque estoy oyendo solo ese pedacito, ese pedacito, ese golpe ahí. Y si yo tomo cualquier otro de los instrumentos y le doy otro golpe, seguramente.

Mire, mire esa música, mire esa elegancia de música mía, eso no parece que sea música. Cuando yo oigo eso, solamente eso, yo digo eso no es música. Cuando yo tomo mi dolor, la tragedia que me ha sucedido, el hermano que me han secuestrado, la leucemia que me han descubierto cuando yo tomo la pobreza en la que he nacido y me quedo mirando solo mi pobreza o mirando solamente mi enfermedad, o mirando simplemente que nadie me quiere cuando me quedo mirando solamente eso. Es como cuando yo únicamente golpeo y digo eso no tiene sentido, eso no tiene música. Pero cuando yo junto todo, cuando reúno todo, entonces digo: ¡Qué hermosura! El cántico nuevo, hermanos, no es un cántico que empieza cuando nosotros lleguemos al cielo. Es el cántico que ya está sucediendo con todo lo que sucede en esta tierra. Y ahí están incluidas las cosas más terribles y dolorosas que cuando las miramos, decimos ¿Y por qué Dios permite esto? ¿Y por qué? Y hay gente que se le pone a uno bravo, brava y dice: Y si Dios existe ¿Por qué secuestran a un niño? Y claro, pues yo tomo esas preguntas muy en serio. Yo nunca me burlaré de nadie. Claro que yo entiendo que ese es un dolor espantoso y yo no tengo ninguna fórmula para volver creyente a nadie. Pero lo que te quiero decir es que cuando tú tomas el secuestro de ese niño, es como cuando tú tomas un golpe seco a uno de estos instrumentos y tú dices qué feo suena eso. Solo cuando uno mira el conjunto de la historia uno entiende que hasta la muerte más absurda, hasta el hecho más abominable, tiene un sentido. Porque te voy a decir algo, el que dirige esa orquesta en el cielo, es el cordero. Y los acordes más espantosos de la sinfonía están en esta mano derecha y en esta mano izquierda, y en este pie derecho, y en este pie izquierdo y en esta llaga abierta. Esos son los acordes más terribles. Y esos acordes son los que le dan el sentido a toda la melodía.

Claro, cuando yo tomo solamente la escena en que le están atravesando un clavo a Jesucristo, lo único que siento es ¡cuánto barbarismo, cuánto sadismo, qué espanto! Pero el arte maravilloso es mira, no te quedes solamente ahí. No te quedes solamente en el golpe seco y horrendo. Allá, contra el metal. Mira el conjunto. El conjunto es el cántico nuevo. Hay gente en esta tierra que son los grandes santos y místicos que, aunque no tienen completo el cántico nuevo, sí han tenido como una idea. Son los verdaderamente sabios. Son los que logran entender que aunque el mundo parece que estuviera absolutamente desordenado, hay un orden maravilloso que camina debajo, hay un arroyo maravilloso que murmura el amor de Dios bajo tierra y que de vez en cuando salta y nos deja ver gotas y diamantes de alegría. Y entonces decimos Sí, sí, creo en Dios. Pero se acaban esas gotas y sigue siendo subterránea y oculta la peregrinación de la fe en la tierra.

Pero, hermanos, si nosotros nos unimos al Cordero, si nos unimos al Cordero Inmaculado, si nos unimos al Cordero degollado, el Cordero nos va dando sentido, sentido. Es increíble, es tan bello. Yo conocí a una pareja que recibió un golpe que sonaba peor que todos los golpes que le he dado yo a los instrumentos de la orquesta. Una pareja. Una pareja que tuvo un hijo. Tuvo varios hijos, uno de ellos con el síndrome de Down o como dicen algunas personas, un niño mongólico. Bueno, ya eso no, nos digamos mentiras. Es un dolor muy grande para esta familia. Pero el problema no es solamente ese. Lo más grave vino después. Un día la puerta de la casa se quedó abierta. El niño se salió y nunca lo pudieron encontrar. Y nunca lo pudieron encontrar vivo porque unos días después descubrieron que el niño aburrido de estar siempre en la casa había tratado de explorar el mundo. Y bueno. El niño se cayó a un canal. Y se murió. Y no hubo nadie que oyera. Y no hubo nadie que ayudara y se murió el niño. Ese es un golpe espantoso. Eso no tiene nombre. Yo no sé. Si esa fuera mi situación, ¿qué sería de mí? Yo no puedo calcular cuánto duele eso. No tengo números ni palabras. Pero la mamá de este niño existe. Está viva. Cree en Dios. Y la mamá de ese niño ha dado su testimonio más de una vez. Y alguna vez yo la escuché. Y la mamá de ese niño decía: siempre, yo pensaba que yo le estaba dando mucho a mi hijo. Ahora entiendo que Dios nos dio por un tiempo ese niño para que nos bendijera a nosotros y cuando cumplió su misión se lo llevó para que le cantara en el cielo. ¿Cómo puede una mamá llegar a esa luz? Es un milagro. Es un don del Espíritu Santo que una mamá que ha visto a su hijo así, muerto en condiciones absurdas al extremo, pueda llegar a eso. Es un ruido terrible que pueda suceder una muerte así. Es un ruido espantoso. Pero esta mamá recibió tanta luz, tanta, tanta luz que no perdió la razón, que no perdió la fe y que no perdió la capacidad de decir Dios es amor y yo quiero alabarle. Esa mujer y yo esto lo defenderé hasta el último rincón de la tierra. Esa mujer conoce algo, algo del cántico nuevo. Esa mujer ha podido entender algo que ni tú ni yo tal vez hemos entendido nunca. O por lo menos yo no. Esa mujer ha recibido una luz maravillosa y ha podido integrar ese momento espantoso dentro del conjunto de una armonía para la que no tenemos palabras. Eso es lo que le ha sucedido a esa mujer. Y ese es el cántico nuevo. Esa mujer, esa mujer me hace recordar a la otra mujer, la que estuvo al pie de la cruz, la que está representada allá con un rostro de hermosísima paz.

La que estuvo al pie de la cruz viendo cómo se cometía el peor crimen de los siglos, cómo le mataban a su propio hijo. Y también esa otra mujer, María Santísima, también ella, poseída, gobernada, iluminada por el Espíritu, pudo integrar ese ruido espantoso, ese dolor, ese bajo profundo, pudo integrarlo y pudo seguir creyendo, aunque el corazón estuviera atravesado por una espada de dolor. Hermanos, ese es el cántico nuevo. El cántico nuevo es la melodía que yo descubro, la armonía que yo descubro en la historia humana, más allá de todos los ruidos y de todos los absurdos. Es la capacidad de leer el plan de Dios y de saber que Dios no solamente va a gobernar, sino que ya está gobernando y ya está realizando su plan. Necesitamos, desde luego, ojos llenos del Espíritu de Dios, mentes sabias y palabras apropiadas para poder decir esto. Pero es verdad, ya, ya, hoy, ya en este momento el único que reina y el único que merece honor y gloria es Jesucristo, y solamente Él. Y en este punto vamos a hacer un breve comentario sobre la lectura del Evangelio. Ah, entonces ya entendemos que sin Jesús no se puede. Sin Jesús yo no puedo leer mi vida, sin Jesús yo no puedo comprender mi historia. Sin Jesús, yo no puedo entender el mundo ni por qué pasa lo que pasa. Jesús es mi lámpara, es mi luz, es mi escuela de lectura. Solo en él puedo aprender a leer quien soy y para dónde va el mundo. Depender así de Jesús, depender así del Cordero es también apostar por ese Jesús. Todo. Y los ciento cuarenta y cuatro mil apostaron todo por Jesús.

Y la viuda del Evangelio recibió elogio de Jesucristo, que no era que diera muchos elogios. La viuda del Evangelio recibió elogio de Cristo, porque Dios todo lo que tenía para vivir. Cuando se le murió el niño aquella señora, ella sintió que se le moría la vida por dentro, porque ese hijo se había convertido como en su razón de vivir. Y ella decía: Yo sé que respiro, yo sé que puedo comer, pero yo sé que estoy muerta. Y las que son mamás yo sé que entienden lo que ella estaba diciendo. Pero ella, movida por el Espíritu Santo y por la gracia de Dios, pudo también entregar eso. Todo lo que tenía para vivir. Hermanos, estos son los discípulos que necesitamos, esos discípulos que apuesten por Jesús. Todo lo que tenían, todo lo que tienen para vivir. Cuando ustedes recen, por favor, cuando ustedes recen por los sacerdotes. Y aquí tenemos un grupo de hermanos en el sacerdocio. Cuando recen por eso te necesitado, que soy yo. Cuando recen por mis hermanos, cuando recen por nosotros, pídanle por favor a Dios que nosotros, que nosotros le entreguemos a Jesús todo lo que tenemos para vivir. Que entreguemos a la casa del Señor todo y que los misioneros entreguen todo, y que las mamás entreguen todo, todo lo que tienen para vivir. Esos son los discípulos que llenos de fuego pueden sembrar de hogueras de gracia a esta tierra.

Hermanos. El mundo se muere de frío porque falta amor. No hay otro camino que sembrar, tachonado de hogueras, de gracia y de amor, esta tierra. No hay otro camino y para eso hay que estar ardiendo en el fuego del espíritu. Y para eso hay que llevar el poder del Señor y la capacidad de darlo todo por Él. Todo, todo por Él. Es un regalo. Las fuerzas humanas no dan para eso. Pero si tú te dispones, si tú te dispones ante él, como se dispuso la Santísima Virgen, o como se dispuso la señora que perdió a su Hijo, si tú te dispones ante Él, si tú le dices: Aquí estoy, Señor, envíame a mí, Jesús te envía. Si tú le dices: Aquí estoy. Él te utiliza. Si tú le dices. Si tú le dices: Aquí están mis manos, Jesús tomará tus manos. Y si tú le dices Quiero ser mensajero tuyo y mensajero de paz, Jesús tomará tu rostro, tu mirada, tus palabras, tu sonrisa, tu abrazo, tu corazón y te hará mensajero de paz.

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