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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Convertirse es, entre otras cosas, sintonizarse con Dios.
Homilía o341002a, predicada en 20001127, con 4 min. y 54 seg. 
Transcripción:
Jesús en el Evangelio parece. como distante, podríamos decir, distante de las cosas que atraen la admiración, los elogios, los aplausos. El corazón de la gente. En el Evangelio de mañana, por ejemplo, vamos a ver a un Jesús distante de la admiración del templo. La gente ponderaba la belleza del templo. Jesús se muestra apático a ese sentimiento displicente casi, distante. Por eso Jesús nos desconcierta. Quisieron asustarlo una vez. Herodes te anda buscando. Jesús tomó la cosa casi con displicencia. Díganle a ese zorro hoy y mañana sigo, pasado mañana llego a mi final. Jesús no se deja asustar por lo que aterroriza a la gente y no parece que admire mucho lo que suele admirar la gente. ¿Por qué? Tal vez porque este Jesús carece de sensibilidad o nada le admira. Todo lo contrario, sus parábolas nos muestran una mirada capaz de captar detalles, capaz de descubrir con finura el paso de Dios. Jesús se da cuenta de todo. Toma nota de todo, incluyendo la limosna pobre pero rica de esta viuda. No es que Jesús no pueda admirar, es que él admira otras cosas. No es que Jesús no sienta miedo, es que Él siente miedo de otras cosas. No es que no tenga tristeza, es que le entristece en otras cosas. Porque el miedo, la tristeza o la alegría son expresiones del género de amor que hay en el corazón. Una persona que tenga amor, por ejemplo, a la vanagloria, cuando ve cosas espectaculares que despiertan el asombro de la gente, también se asombra porque ahí tiene su corazón. Pero si una persona no quiere el asombro de la gente, sino quiere la gloria de Dios, y esa persona es Jesucristo, entonces le admiran otras cosas. Convertirse es, entre otras cosas, sintonizarse con Dios, aprender a sentir como siente Dios. Aprender a amar como Él ama. Alegrarse de lo que a Él le alegra, entristecerse de lo que le entristece, admirarse de lo que Él admira. Jesús se admira de pocas cosas en el Evangelio y una de esas pocas cosas que atraen su mirada y que le despiertan una palabra es la escena que hemos visto hoy. Ha echado todo lo que tenía para vivir. Quedémonos con esa mirada de Cristo, quedémonos con esa rebeldía, con esa distancia de Cristo, con esa revolución que trae Cristo. Quedémonos extrañados por este Cristo que a veces actúa de manera tan rara, tan insólita. Quedémonos extrañados, mirando esos ojos. Tratemos de descubrir ese misterio. Nuestro tiempo de oración y de reflexión está empezando.

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