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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Tres momentos en nuestra historia de salvación.
Homilía o341001a, predicada en 19961125, con 4 min. y 24 seg. 
Transcripción:
En una cierta cuenta. Esta es la última semana del año. Pero hay que saber que el año litúrgico no termina. Simplemente no es un círculo que vuelva a empezar en el mismo punto. Más se parece a una espiral que pasando por los mismos lugares, nos encuentra siempre en un momento diverso de nuestra historia de salvación. Hemos contemplado a Cristo Rey del universo. Este Cristo Rey es la plenitud de la Pascua. Cristo Rey es el desenlace de la cruz. Cristo, Rey del Universo, es la digna y perfecta consumación de aquello que empezó en la mañana de la Resurrección. Y por eso nosotros en esta semana, guiados por el Apocalipsis y por estos capítulos finales de Lucas, vamos viendo el desenlace de la vida de Cristo y meditando en el desenlace de la historia de la humanidad. Y reflexionando también en el desenlace de nuestra propia vida. De lo que se trata durante estos días es de que uno logre conjugar esas tres meditaciones. ¿Cómo acabó Cristo? ¿Cómo va a acabar mi vida? ¿Cómo acabará la historia del mundo? El que se quede mirando solo el final de la vida de Cristo mirará sólo como una película. Y las películas van y vienen, y nuestro corazón poco se mueve o mucho, y nuestra vida poco cambia. El que se ponga a meditar solo en el final de su propia vida quizá llegue a un cierto miedo o desesperación, porque todos tenemos mucho, sin duda, de qué corregirnos y de qué arrepentirnos. Y el que se quede pensando solo en el final de la historia del mundo, entonces quizás se ponga a hacer especulaciones sobre si habrá o no tres días de oscuridad. ¿Será que ya nació el Anticristo? ¿Es verdad que el diablo se anda apareciendo por ahí? ¿Habrá otro Papa después de Juan Pablo segundo? ¿O será ya este el antipapa? Este género de especulaciones. Me parece a mí que en sí mismas poco ayudan para la verdadera y profunda conversión al Evangelio de Jesús. El arte, entonces, durante estos días es reunir esas tres meditaciones y relacionar cómo acabó Cristo. Y eso es lo que nos cuenta el Evangelio. Él echó toda su vida, donó toda su existencia, la apostó. ¿Cómo termina el desenlace del mundo según las luces que nos trae el Apocalipsis? Y también, si nosotros queremos ser de ese cortejo que participa de la Pasión del Señor para vivir después su gloria. El Espíritu de Dios une estos tres momentos en el sacrificio eucarístico. Ahí está toda la verdad del misterio de Cristo, ahí está toda la hondura del misterio del hombre. Ahí está toda la clave de comprensión de la historia de la humanidad. Felices nosotros que hoy podemos alimentarnos de ese sacramento.

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