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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Si tus dones no los pones a trabajar, dáselos a alguien que si los trabaje.
Homilía o333006a, predicada en 20241120, con 6 min. y 59 seg. 
Transcripción:
Las parábolas de nuestro Señor Jesucristo son pequeñas obras maestras que tienen todos los ingredientes de la mejor pedagogía. Son narrativas y resulta que el cerebro humano es especialmente bueno para recordar narraciones, más que datos aislados o estructuras abstractas, son narraciones. Además, son breves, lo cual facilita que muchas personas puedan recordarlas. Tienen elementos paradójicos o dramáticos que se quedan en nosotros por el aspecto emocional. Nosotros recordamos más fácilmente lo emocionante, lo que incluye algún grado de emoción.
Por ejemplo, en la parábola de hoy, esa actitud, ese contraste entre la actitud despreocupada de aquel trabajador o de aquel siervo que no hizo nada con la onza de oro o la mina que recibió. Y luego, pues la fuerza de la corrección, del castigo que recibe, pues eso le impacta a uno. Hay un elemento dramático, hay un elemento emocional también. Además, estas parábolas tienen un enlace, una conexión con la vida cotidiana. Es decir, uno puede relacionarlo con cosas que ha visto o que fácilmente se presentan en el entorno donde uno vive. Por último, y ya son bastantes características positivas, en las parábolas de Cristo, es bastante frecuente que haya como gemas escondidas, pequeños detalles que uno quizás podría pasar por alto, pero que dicen mucho.
Hoy, por ejemplo, quiero destacar una de esas gemas en esta parábola. Sabemos que había varios siervos y que uno de ellos pues en vez de poner a trabajar lo que había recibido, pues lo escondió, lo envolvió en un pañuelo o como sea, lo enterró, no hizo nada. Y lo que quiero llamar la atención es que cuando llega el dueño del dinero le dice: Oye, pero ¿por qué no pusiste por lo menos mi dinero en el banco para que yo pudiera reclamarlo con intereses? Y eso me llamó bastante la atención, esa es la gema de la que quiero hablar. Eso me llamó bastante la atención, porque uno se pone a pensar, bueno, y es que ya en la época de Cristo había eso de pago con intereses y de prestar dinero y de recibir dinero más una determinada usura o unos intereses.
Y efectivamente, mirando la etimología, es decir, mirando los textos mismos, el texto original que tenemos, que es el griego, esto es del capítulo 17 de San Lucas, pues la palabra que se utiliza hace alusión precisamente al dinero que se gana por prestar dinero, por dar dinero. Y bueno, digamos que esa es ya es una pequeña sorpresa pensar uno que ya en esa época funcionaba algún tipo de ganancia por interés. Pero, hay otro elemento que es todavía más interesante y ese elemento es la pregunta: Bueno, pero ¿qué es lo que quería decir el Señor con ese ejemplo? A ver, dice él: Por lo menos has podido dejar mi dinero en el banco para que yo pudiera reclamar con intereses.
¿Cuál es la diferencia entre enterrar el dinero y ponerlo en el banco? Pues esta es una interpretación que conocí hace poco y la comparto con ustedes. Mira qué significa, la pregunta es ¿qué significa poner el dinero en el banco? Claramente, pues no está haciendo alusión a que uno literalmente va a poner dinero en el banco. No es eso, no es ese el mensaje directo, hay una, claramente hay una alegoría y un significado que está oculto ahí. Y ¿cuál es ese significado? Pues ese significado es que en aquella época el dinero que tú dabas así para una persona, para que lo trabajara, como se dice popularmente, es el dinero que podía ser útil a otros.
De hecho, así sucede también en nuestro sistema financiero. Si una persona tiene un dinero, por ejemplo, en un certificado de depósito a término ¿por qué gana algunos intereses? Porque el banco pone a trabajar ese dinero, por ejemplo, se lo da a alguien que lo necesita, por ahí va la idea. En el fondo, la enseñanza es esta, si lo que tú tienes no lo vas a poner a trabajar, si no lo vas a trabajar tú, dáselo, por lo menos, a alguien que lo trabaje. Qué cosa tan interesante esa, es decir, en ningún caso los talentos, los dones, los regalos que Dios te ha dado, en ningún caso se deben perder. Si no lo vas a utilizar tú, dáselo a alguien que lo utilice. Si no vas a poner a trabajar para la gloria de Dios algo que tú recibiste, entonces dáselo a otro que sí lo pueda poner a trabajar.
Ya se trate de dinero, ya se trate de capacidades, ya se trate de recursos materiales, ya se trate de conocimientos, dáselo a otro. O sea, el gran mensaje es: nunca te encierres en ti. O lo trabajas tú para la gloria de Dios, o se lo das a otro para que otro lo trabaje, para que otro pueda darle esa gloria, pueda darle ese provecho a ese bien, a ese dinero, a ese lo que sea, pueda trabajarlo y de esa manera no quede improductivo.
Qué hermoso mensaje, no te quedes con lo que has recibido, no te quedes con eso. Por última vez repito si no lo vas a trabajar tú, dáselo a alguien que lo trabaje para que brille la gloria del Padre celestial, para que brille el bien de Dios. Porque el bien de Dios, la bondad de Dios, la generosidad de Dios, no debe quedar oculta ni enterrada, debe florecer y debe mostrarse a través de ti, si no lo vas a hacer así, pues, ayúdate con otro para que a través de otra persona brille el bien de lo que Dios dio, de lo que Dios concedió. Amén.

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