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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los colores, objetos y números utilizados en la Sagrada Escritura no son para los cristianos símbolos de superstición sino el lenguaje que era familiar en el pueblo elegido y servían para expresar la realidad más profunda.
Homilía o333005a, predicada en 20221116, con 6 min. y 5 seg. 
Transcripción:
Estamos escuchando textos del Apocalipsis en estos días, porque como lo hemos dicho varias veces, este es el final del año litúrgico y es bueno recordar que Cristo es vencedor del pecado, del demonio y de la muerte. Y quien habla de la muerte habla de lo definitivo, habla de lo último. Por eso también el libro del Apocalipsis es el último de los libros de la Biblia. Hoy es un buen día, la lectura que nos propone la Iglesia, es un buen día y una buena ocasión para recordar el carácter simbólico de muchas de las visiones, realmente de la mayoría de los textos del Apocalipsis.
Hablemos, por ejemplo, de los números. ¿Qué números aparecen en el texto de hoy? Aparece el número 4, el número 24, aparece el número 7, aparece el número 1. Y ¿qué significan esos números? Por ejemplo, hay un solo trono para Dios, porque Dios es único. El número 1 nos está recordando el señorío de Dios. Pero luego, hay 24 tronos que son de los 24 ancianos. El hecho de que se trate de ancianos también es un simbolismo, porque efectivamente, en aquellas culturas los ancianos eran las figuras de autoridad y los símbolos de la sabiduría.
¿Por qué 24? Porque el número 12 es el número de Israel, el pueblo elegido. Efectivamente, según la Biblia, el patriarca Jacob tuvo 12 hijos, y Jesús, cuando inicia el nuevo Israel, tiene 12 apóstoles. Entonces, el número 24 nos está hablando del antiguo Israel, que ha obtenido en Cristo la plenitud, el cumplimiento de las promesas y el nuevo Israel, es decir, el que ha nacido de la alianza de Cristo y que extiende su mensaje por medio de la evangelización a todos los pueblos. El número 24 entonces, nos está hablando tanto del pueblo elegido como de los pueblos que hemos sido llamados a Dios a través de la misericordia por la evangelización. El número 24 está hablando de la plenitud de los elegidos de Dios, representados en esos 24 personajes que, con su ancianidad, nos hablan de autoridad y sabiduría.
Luego tenemos el número 4. El número 4 es el número característico de los puntos cardinales. En la Sagrada Escritura siempre se nombra primero el oriente, que es de donde sale el sol y por donde uno precisamente se orienta, el oriente y el poniente, es decir, levante y poniente, de donde sale el sol y donde se oculta, lo que nosotros llamamos este y oeste, o también oriente y occidente, y luego se mencionan el norte y el sur. Entonces, al hablar del número 4, se está mencionando toda la extensión de la Tierra.
Otro número que aparece es el número 7. El número 7 es el número de la plenitud. Así, por ejemplo, Dios lleva a plenitud la obra de la creación en el séptimo día, y este es el origen remoto de la disposición propia de los judíos de santificar el séptimo día, es decir, el día sábado. Por supuesto, para nosotros, cristianos, el auténtico sábado es el día de la victoria de Cristo, que corresponde a nuestra nomenclatura, al domingo. Pero la idea, en todo caso, es que Dios lleva a plenitud su obra el día séptimo.
Y ese séptimo o ese 7 aparece muchas veces en la Escritura, siempre indicando la plenitud de algo. Por ejemplo, nos dicen los Evangelios que María Magdalena estuvo poseída por 7 demonios, que es como decir estaba completamente en las garras del demonio. La Iglesia Católica reconoce en las Escrituras 7 sacramentos, 3 de iniciación, 2 de curación y 2 de servicio, 7 sacramentos. Y así podríamos encontrar en otras oportunidades el número siete, por ejemplo, en el capítulo sexto de Hechos de los Apóstoles, se nos habla de la elección de los 7 primeros diáconos, de nuevo el número 7.
Estos números no tienen un valor mágico, ni hay que ver en ellos una pista que nos conduzca, por ejemplo, a algo como la cábala o supersticiones como esas. No, nosotros simplemente vemos en estos números el lenguaje que era familiar para el pueblo elegido y que servía para expresar las realidades que aquí hemos comentado. En el Apocalipsis, los colores, los objetos, los números tienen ese valor simbólico y a medida que lo vamos conociendo, pues vamos apreciando este libro y vamos descubriendo en él, no solo una gran sabiduría, sino una gran belleza. Que Dios nos bendiga y que todos estos textos nos conduzcan al único mensaje posible: Dios es el Señor y ante Él se dobla toda rodilla. Alabado sea Jesucristo.

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