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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Apocalipsis es un libro que trae un mensaje de alabanza al poder de Dios y de tener esperanza en todo tiempo porque el Señor y Rey siempre está con nosotros.

Homilía o333003a, predicada en 20161116, con 4 min. y 45 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy está tomada del capítulo cuarto del libro del Apocalipsis. Como vimos en su momento, los capítulos segundo y tercero contienen mensajes que el Espíritu Santo dio en aquel momento a 7 comunidades cristianas que vivían en lo que hoy es Turquía y que en aquella época se llamaba Asia Menor. Podemos decir que, con el capítulo cuarto, la perspectiva cambia completamente, cambia de la tierra al cielo, porque empiezan una serie, empieza una serie de visiones. Y conviene explicar aquí qué queremos decir con esto de las visiones.

Las visiones, en realidad, comienzan con los profetas. Una visión ¿qué es fundamentalmente? Es una comprensión, es una luz de comprensión sobre una determinada situación, sobre una persona, sobre lo que está viviendo un pueblo en una determinada coyuntura. Así, por ejemplo, Jeremías o Ezequiel o Isaías, en fin, los profetas solían tener esta clase de experiencias que eran como luces, que Dios les regalaba, luces que Dios les concedía para entender, para comprender mejor lo que estaba sucediendo y para poder guiar mejor al pueblo elegido.

La diferencia está en que en la literatura apocalíptica se da como una evolución de esto que vivieron los profetas, de manera que si los profetas concentraban su atención y recibían una luz particular para ver qué es lo que se estaba, qué es lo que estaba sucediendo en un determinado momento, en la literatura apocalíptica hay una luz mucho más amplia que se refiere como al conjunto de la historia del pueblo elegido o como al conjunto de la historia misma de la humanidad. Eso es lo propio de la literatura apocalíptica y por eso la importancia de las visiones.

No conviene que nosotros nos dejemos llevar demasiado por los elementos gráficos. Esos elementos gráficos son como la transcripción que logra hacer el autor, el que ha tenido la visión, la transcripción que nos hace de la experiencia de lo que él pudo entender, de lo que él pudo comprender, pero lo básico y lo interesante es lo que logró entender. Otro detalle que hay que tener presente con la literatura apocalíptica es que tiene muchos símbolos, precisamente en esas visiones hay verdades tan profundas que son muy difíciles de poner en palabras. Y entonces los símbolos, al modo de los símbolos sacramentales o al modo de las parábolas de Cristo, nos ayudan a tener una cierta luz de qué es lo que Dios quería decirle, o qué fue lo que Dios le mostró a esa persona que tuvo la visión.

Entonces, aparecen muchos símbolos en términos de colores, piedras preciosas, animales, personajes, fiestas y también números. Por ejemplo, en el pasaje de hoy del capítulo cuarto de Apocalipsis, destacan varios números. El número 4, que es el número de la Tierra por los cuatro puntos cardinales. El número 12, que es el número del pueblo de Dios, porque son doce las tribus de Israel. El número 7, que indica plenitud, que indica la totalidad de algo. Entonces, uno debe saber que cuando se lee el Apocalipsis, estos números tienen esa clase de interpretación simbólica, y en su combinación, en su mutua relación de verdad, nos ayudan a asomarnos a realidades, a verdades sumamente profundas.

Qué hermoso que nosotros los católicos, sobre todo los católicos, recuperemos este libro para ver en él un mensaje de esperanza, para ver en él un mensaje de alabanza al poder de Dios. Y cuando descubrimos la fuerza de estos símbolos, y cuando descubrimos este mensaje, también descubrimos que no importa cuáles sean los tiempos que estemos viviendo, el Señor está con nosotros, el Rey de los ejércitos está con nosotros y por eso estamos alegres.

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