Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los dioses falsos se alimentan de nosotros; el Dios verdadero nos alimenta.

Homilía o332010a, predicada en 20241119, con 6 min. y 33 seg.

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Transcripción:

El libro del Apocalipsis nos acompaña en estas últimas semanas del año litúrgico. Recordemos que el año litúrgico es como una imagen de la vida misma. Es decir, el año litúrgico nos presenta desde el anhelo de la llegada del Mesías, que es lo propio del Adviento. Luego, todo el recorrido de Cristo, como lo presentan los Evangelios. Ese es el tiempo ordinario. Su partida, que por supuesto incluye la dolorosa pasión, la gloriosa resurrección. Todo eso nos presenta el tiempo litúrgico, pero nos va conduciendo muy pedagógicamente hacia el final de los tiempos. Es decir, nos está recordando que, como dice el apóstol San Pablo en la primera Carta a los Corintios, la presentación de este mundo se termina. Ese final, sin embargo, no está cargado de tristeza ni está cargado de angustia para el verdadero cristiano. El cristiano sabe que el Señor de toda la historia es Jesucristo.

El cristiano sabe que unido a Cristo, puede encontrar en él más un Salvador que un juez, y por eso la importancia del llamado a la conversión. Ese llamado a la conversión no es otra cosa sino Dios diciéndonos: Aquí estoy para salvarte, aquí estoy, aquí estoy para salvarte, aquí estoy para darte vida, aquí estoy para sanar tus heridas. Aquí estoy para rescatarte. Podemos decir que el llamado a la conversión, sobre todo en estas etapas finales del año litúrgico. Es un llamado que se traduce en déjate encontrar, déjate salvar, déjate sanar, déjate amar. Ese llamado de Dios para que nos dejemos encontrar, para que nos dejemos sanar. Ese llamado de Dios se percibe con mucha fuerza en el libro del Apocalipsis, especialmente en los capítulos dos y tres, que son cartas, es decir, mensajes que el Espíritu Santo dio a aquellos cristianos de finales del siglo primero. Pero esos mensajes son también para nosotros. Esos mensajes son también vida para nosotros.

Si aquellos cristianos pudieron cuestionarlos, sacudirlos, decimos, lo mismo sucede con nosotros. También nosotros somos llamados a dejarnos interpelar por estos mensajes. Recuerda cuando Dios nos llama a conversión, quién nos está llamando es su misericordia. Y nos está llamando para rescatarnos. En la primera lectura de hoy del Apocalipsis está esa frase famosa: Estoy a la puerta y estoy llamando. Si alguno me abre, entraré y cenaré con él y él conmigo. Y hay algo muy bonito que aprendí sobre esto de la cena. Todos sabemos que el compartir de una cena es lo propio de un encuentro de amigos o de familia. Hay afecto, hay amor cuando se comparte una cena. Ese es un mensaje muy lindo.

Pero hace poco aprendí esto otro. Mira, en esa cena está escondido un regalo adicional. Si tú miras la Biblia, te das cuenta que en todas las ocasiones donde se habla de una cena, es Dios el que da el alimento. Es Dios el que paga la cuenta. Así, por ejemplo, en el profeta Isaías encontramos aquella invitación: Vengan todos, coman sin pagar. Leche y vino de balde es regalo. Vengan, coman. También en el Evangelio tenemos varias parábolas que nos hablan de un banquete. También Cristo multiplica los panes y da un banquete. Prepara un banquete para su pueblo. En ninguna parte aparece Dios necesitando que nosotros lo alimentemos. Los dioses falsos se alimentan de nosotros. El Dios verdadero nos alimenta. Entonces cuando Cristo te dice Estoy a la puerta, estoy llamando, ábreme, tengo un banquete. Lo que te quiere decir es: que quiere preparar ese banquete que quiere darte de su regalo. No es tanto un banquete que tú le preparas a él, es más bien el resumen de los regalos que Él tiene para ti.

Déjate amar, déjate sanar. No hay nada que temer. No hay nada que temer. Acepta al Señor, recíbelo, déjate amar, déjate sanar. Suelta, suelta aquello que te hace daño. Se llama pecado. Abraza a aquél que tanto te ama. Amén.

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