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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Si Dios nos habla con fuerza es por amor, es para no tener que utilizar la fuerza de los acontecimientos para que volvamos a Él.
Homilía o332009a, predicada en 20221115, con 4 min. y 53 seg. 
Transcripción:
Hermanos queridos, estamos estos días en la primera lectura con algunos textos del Apocalipsis, el último libro de la Biblia. Para muchas personas este es un libro misterioso, o incluso, como decía mi mamá, un libro que le daba miedo. No, no es un libro para asustarnos, no es un libro para llenarnos de angustia, sino para llenarnos de esperanza. Este servidor de ustedes precisamente tuvo ocasión. Yo tuve ocasión de hacer un pequeño curso sobre el Apocalipsis que puedes buscar en mi canal de YouTube y se llama Apocalipsis de Esperanza. Para que tengamos un enfoque diferente, para que tengamos una perspectiva, creo yo, mucho más justa y mucho más acorde con el propósito mismo del libro. Porque el libro no fue escrito para que nosotros nos llenemos de pánico, sino para que nosotros nos llenemos de fuerza, de valentía y también, por supuesto, de esperanza. Pero para llenarse de esperanza, para confiar en el Señor hay que ser del Señor. Ese es el mensaje que se enfatiza en los capítulos dos y tres del Apocalipsis. Para llenarnos de esperanza hay que ser del Señor. Que se angustien los que se apartan de Dios. Pero aquel que es de Dios no tiene por qué angustiarse. Y por eso esos llamados tan vigorosos. Porque detrás de ese vigor hay amor, amor a nosotros y amor a nuestra salvación. Me refiero a los llamados vigorosos que se encuentran en los textos que estamos meditando ayer y hoy, textos de los capítulos dos y tres del Apocalipsis. Y reitero mi invitación esos textos, vale la pena que los leas. Vale la pena que los hagas tuyos. Vale la pena que descubras en eso que Dios decía a esas comunidades un mensaje que se puede aplicar a ti. Por ejemplo, ese mensaje tan fuerte a la Iglesia o a la comunidad cristiana de Laodicea. Dónde están esas palabras tan conocidas y realmente tan, tan fuertes. No eres ni frío ni caliente. Eres tibio. Te voy a vomitar de mi boca. ¡Qué cosa tan dura!. Pero es que a veces Dios tiene que hablarnos así para que entendamos, para que salgamos de nuestra mediocridad, para que nos apartemos de nuestro pecado. Y lo más interesante es darse cuenta que los cristianos de Laodicea estaban en una situación de mediocridad y en una situación de distancia de Dios. Pero parece que no se daban cuenta. Es más, creían que eran ricos y que eran sanos y que veían todo con mucha, mucha lucidez y nitidez. y Dios les dice: Cómprame el oro a mí para que seas rico. Consigue un colirio, algo para tus ojos. Consigue un colirio, un remedio para tus ojos, para que puedas ver. Es decir, estás viviendo engañado. Y yo me pregunto ¿cuántas veces esas palabras se aplican precisamente a nosotros? que estamos viviendo engañados. Ahí es donde está el mensaje. ¿Crees que estás bien? ¿Sabes cuándo comienza uno a darse cuenta de que está engañado? Muchas veces necesita que suceda algo drástico y es muy triste que sea así. Una ruina, una enfermedad. La muerte de alguien como que nos sacude. Y en medio de ese dolor y de esa perplejidad, como que se abren nuestros ojos. Si Dios nos habla con esta fuerza es para no tener que utilizar con nosotros la fuerza de los acontecimientos. Es como si Dios nos dijera que no tenga que pasarte algo grave para que vuelvas a mí. Que no tenga que sucederte una terrible tragedia, una enfermedad para que caigas en cuenta que de verdad eres un mediocre, que de verdad estás ciego, que no tienes ojos ni siquiera para reconocer tu propia desnudez. Como le dice el Espíritu Santo a esta comunidad. Y eso es amor. Mis hermanos, es amor. Que Dios nos diga atiende a la fuerza de mis palabras para que no tengas que atender a la fuerza de los hechos. Venga el espíritu de conversión para nosotros y atendamos la voz del Espíritu Santo que nos está llamando a una auténtica vida cristiana.

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