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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cuidado con el cristianismo de inercia, de fachada y apariencia; cuidado con la tibieza tratando de agradar a Dios y al mundo, manteniendo ídolos en nuestro corazón.
Homilía o332006a, predicada en 20181120, con 5 min. y 29 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del capítulo tercero del libro del Apocalipsis. Recordemos que los capítulos dos y tres del Apocalipsis contienen mensajes a siete comunidades cristianas de aquella época. Esos mensajes no pierden actualidad, porque en el fondo la naturaleza humana sigue siendo la misma y los defectos de incoherencia, de cobardía o de cualquier otro género que pudieran tener aquellos hermanos nuestros, seguramente se repiten o podrían repetirse también entre nosotros. Tomemos dos recomendaciones que están muy claras en los textos de hoy. Efectivamente, se trata de dos textos. En la primera lectura, dos mensajes a dos comunidades cristianas. En el primer texto se destaca aquella frase: Tienes nombre de vivo pero estás muerto. Frase impactante frase que nos está ,está recordando que a veces vivimos un cristianismo de apariencia y de inercia. Más que ser cristianos o que ser católicos, lo que habría que decir es que lo fuimos, que en algún momento de nuestra historia lo fuimos. Yo por eso tiemblo cuando a veces se dice tal país de raíz católica, tal país muy católico, tal país, con el ochenta, con el noventa por ciento de bautizados en la Iglesia católica. Eso debería ser una gran noticia. Pero antes de saber si tenemos que alegrarnos, hay que preguntarse si ese país, si esa región, si esa persona es o simplemente fue. Y algo así es lo que nos plantea la primera lectura. Conclusión: Una advertencia muy útil, una advertencia que debemos repetirnos Cuidado con el cristianismo de inercia. Cuidado con la inercia. Es decir, yo fui y creo que sigo siendo. Fíjate que ni siquiera en el amor humano, eso funciona. Eso no funciona así en el amor humano, porque ya nos lo han enseñado tantos que saben hablar de estos temas. Es incorrecto pensar que el amor existe solamente porque existió. Es necesario renovar. Dice la gente en su lenguaje sencillo, esa temática del amor hay que regarla, hay que cuidarla para que un día pueda florecer. Entonces, date cuenta de la importancia que tiene esa advertencia. Cuidado con la inercia. Cuidado con la fachada. Cuidado con la apariencia. La segunda advertencia es también muy conocida, cuidado con la tibieza. No es cualquier cosa la tibieza. Hay personas que consideran que la tibieza consiste en el problema o en la situación de aquél que no ama con toda la intensidad. Efectivamente, la intensidad del amor a Dios a veces se llama fervor, palabra que viene de la misma raíz de hervor, lo que está hirviendo. Entonces alguien podría tener escrúpulos y decir: Como mi amor es tan pequeño como mi amor es tan pobre, seguramente yo soy tibio. Y entonces el Señor me va a arrojar de su boca. No es ese el sentido principal. Más bien, esta tibieza está indicando el que no es, como lo indica el texto, ni frío ni caliente. Y aquí tiene que ayudarnos un texto que está en el primer libro de los Reyes, cuando el profeta Elías denuncia al pueblo sus pecados y les dice: Si el Señor es Dios sigan al Señor, si Baales Dios sigan a Baal. Pero no estén cojeando de ambas piernas. Eso es lo que se quiere decir aquí con tibieza. El que pretende agradar aquí y agradar allá, cree que está agradando a Dios, pero trata de agradar al mundo. Cree que es católico, pero sigue practicando horóscopos o sigue practicando Nueva Era o sigue confundiendo a la gente o confundiéndose el mismo. A eso es a lo que se refiere esta tibieza. Porque ¿quién podría decir yo estoy todo el tiempo ardiendo, ardiendo de amor por Dios? Yo creo que no. Yo creo que todos pasamos por situaciones incluso de cierta tibieza y frialdad en ese sentido. Pero no es eso lo peor. Lo peor es esto de estar revolviendo nuestra fe en Dios con otros ídolos. Y entonces, como denunciaba el profeta Elías, empezamos a cojear de ambas piernas. Dos enseñanzas importantes para hoy: La primera, cuidado con el cristianismo de inercia. Cuidado con ese cristianismo perezoso que simplemente cree que existe porque existió antes. Y segundo, cuidado con eso de estar entre el frío y el calor. Cuidado con estar tratando de agradar a Dios y al mundo. Cuidado con eso de estar teniendo ídolos en nuestro corazón mientras afirmamos que somos cristianos. El Señor nos conceda la verdadera fidelidad y con ella la verdadera victoria.

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