Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

No te resignes al lugar donde te llevó el pecado. Recuerda la dignidad que tienes, eres hijo de Dios; haz memoria de todo lo que has dejado perder; lo que has renunciado sin dar la pelea.

Homilía o331011a, predicada en 20241118, con 5 min. y 1 seg.

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Transcripción:

Una de las características más notables de este final del tiempo litúrgico es el llamado continuo a la conversión. Por ejemplo, en la primera lectura de hoy, tomada del libro del Apocalipsis, hay una invitación muy clara a la conversión. Pero el lenguaje que se utiliza. Yo creo que hay que destacarlo, porque tiene un acento al que uno tal vez no está acostumbrado. Básicamente dice Acuérdate de dónde has caído y arrepiéntete. ¿Por qué digo que hay una novedad en esto? Porque no es tan fácil darse cuenta uno de dónde ha caído. Parte del poder que tiene el pecado es precisamente que nos mantiene como ciegos, como atontados. No nos damos cuenta de muchas cosas y sobre todo, no nos damos cuenta de nuestra dignidad. No nos damos cuenta de cuántos sueños hemos dejado perder. No nos damos cuenta de cómo nuestro apetito cada vez va buscando cosas más sucias, más perversas.

A mí me llama la atención en esto recordar la parábola del hijo pródigo. Fíjate que el hijo pródigo estaba bien en su casa, estaba bien donde su papá, sale de ahí, de una casa decente y de una comida decente y empieza a rodearse de malas amistades. Empieza a rodearse, de qué se yo, esos banquetes que por supuesto no son saludables. Pero lo que yo voy es que cuando él se queda sin dinero y se queda sin amigos, cada vez va bajando más y más. Finalmente este hombre despierta cuando ya se da cuenta que tiene hambre de comida de cerdos, tiene ganas de comer lo que comen los cerdos. Eso fue como el fondo, o sea, tocó fondo. Pero antes de eso, cuánto llevaba descendiendo. Él llevaba mucho tiempo descendiendo y no se daba cuenta de dónde había caído.

O sea, que darte cuenta de tu dignidad, darte cuenta de lo que has hecho con tu cuerpo, darte cuenta de lo que has hecho con tus talentos, darte cuenta de todo ello. Eso es un regalo de Dios, porque uno no se da cuenta, uno no se da cuenta porque uno está enceguecido y uno simplemente siente, esto es lo que me toca hacer. Ahora me toca emplearme criando y cuidando estos cerdos. Y uno se va resignando. Por eso el gran mensaje de este texto del Apocalipsis es no te resignes al lugar donde te llevó el pecado. Ese es el resumen. No te resignes al lugar donde te llevó el pecado. Tú fuiste hecho para más. Tú fuiste hecho para algo mejor. Acuérdate, acuérdate, haz memoria. Recuerda la dignidad que tienes. Recuerda que eres hijo de Dios. Recuerda que en el universo visible no conocemos nada mejor que la persona humana. Recuerda todo lo que has dejado perder, todo lo que has olvidado, todo aquello a lo que has renunciado. Sin más, sin dar la pelea, sin guerra, sin batalla. Esa es la conversión. La conversión es como esa memoria que hacemos ¡oye! yo estoy hecho para otra cosa. Yo sirvo para algo distinto. Esta no es mi vida. Yo no estoy hecho para esto. Esta no es mi vida. Yo era otra cosa. Yo iba para otro lado. ¿Qué pasó conmigo? Eso le ayuda a uno a convertirse. Pues que te ayude a ti y que me ayude a mí. Amén.

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