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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Jesús nos dice que lo estamos logrando, pero nos pregunta: ¿Cómo está nuestro amor? ¿Cómo está el amor primero?¿Qué pasó contigo, dónde está tu amor?
Homilía o331010a, predicada en 20221114, con 5 min. y 34 seg. 
Transcripción:
Una sugerencia te voy a hacer ahora que vamos llegando al final del año litúrgico. Pues resulta que sabiamente nuestra Madre, la Iglesia, nos lleva también al final de la Sagrada Escritura. Por eso las lecturas de estos días son del último libro de la Biblia, el libro del Apocalipsis, que traduce la revelación. Especialmente los textos recomendados son los Capítulos Dos y Tres del Apocalipsis. ¿Qué sucede en esos capítulos? De ahí se tomó la primera lectura de la Misa de hoy. ¿Qué sucede en esos capítulos? Tenemos unos mensajes inspirados por el Espíritu de Dios para siete comunidades cristianas de la época, siete comunidades cristianas que estaban situadas a no demasiada distancia unas de otras, en lo que hoy es Turquía y en aquel tiempo era Asia Menor.
Estas comunidades cristianas. Estas comunidades reciben estos mensajes a través de un hombre inspirado de nombre Juan. Siempre hay polémica sobre si se trataba del apóstol San Juan o era otra persona. La verdad, no vamos a resolver eso en este momento. Más bien, lo que nos interesa es que esos mensajes se referían al momento que estaban viviendo esas comunidades y al parecer de Dios. Es decir, la mirada de Dios sobre esas comunidades. Y esto es exactamente lo propio del don de profecía. Lo fundamental del don de profecía está en esa mirada divina sobre la realidad humana, esa mirada divina que marca una diferencia. Porque no solamente se limita a las fuerzas o las cosas que nosotros vemos y que tal vez entran en nuestro entendimiento, sino que se refiere a muchas cosas que no vemos. El Espíritu de Dios nos hace ver cosas que nosotros no veíamos.
Recordemos, por ejemplo, cómo en el primer libro de Samuel, Dios le dice a este profeta Samuel, el hombre mira las apariencias, pero Dios ve el corazón. Entonces, es una mirada profunda, es una mirada que realmente revela, como dice el título del libro, Apocalipsis. ¿Qué aparece, por ejemplo, en el texto de hoy? Hay un mensaje a una primera de esas comunidades y es interesante relacionar esas comunidades con nosotros. Yo personalmente procuro apropiarme de esos textos y aplicarlos a mi propia situación. Sé que eso fue escrito hace casi dos mil años. Sé que fue escrito para una comunidad. Yo vivo dos mil años después. Yo no soy una comunidad, sino una persona. Pero lo que allí se describe, me habla también a mí. Y de eso se trata.
Mira, por ejemplo, esta frase. Has luchado, has perseverado. Pero tengo algo contra ti, has perdido el amor primero. Hermanos. ¿A quién no le sirve esa exhortación? ¿Quién de nosotros no necesitará esa corrección fraterna? Has perdido el amor primero. Una persona como yo, por bondad de Dios. Religioso, dominico, Sacerdote. Yo puedo recordar muchos momentos de amor, de cercanía, de fervor con Dios. Muchos religiosos recordamos como una etapa de especial fervor la época de nuestro noviciado. Ese amor, esa generosidad, esa alegría para entregarse a Dios. Y es posible que sigamos perseverando, como es mi caso, por bondad de Dios. Y es posible que sigamos en la lucha con tenacidad, como dice el texto de hoy. Pero Cristo, a través de esa voz del Apocalipsis, nos está exhortando y nos está diciendo bien, lo estás haciendo, lo estás logrando. Pero ¿cómo está tu amor? ¿cómo está el amor primero? Y esa es una pregunta fundamental. Esa es una pregunta que tenemos que aplicar.
Cada uno piense, por favor, en algún momento de su vida, tal vez la Primera Comunión, tal vez un momento especial de conversión, una buena confesión que hiciste, tal vez un retiro espiritual que realmente te impactó, te llegó al corazón, tal vez una época en que asistías a un grupo de oración y estabas, pues no sé, como en una actitud de de amor, de cercanía, de alabanza con el Señor. ¿Qué pasó contigo? ¿Qué pasó con tu amor? Esa es la pregunta que nos hace el Señor, y yo solo quiero que esa pregunta resuene dentro de nosotros y de su fruto en cada uno. Así sea.

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