Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hay personas que están luchando por cosas bellas, pero sin amor; desde la amargura, desde la tristeza y la derrota. Nuestra lucha por el Evangelio ha de estar marcada por el amor.

Homilía o331008a, predicada en 20201116, con 6 min. y 42 seg.

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Transcripción:

Iniciamos hoy en la primera lectura, algunos pasajes del último libro de la Biblia, el Apocalipsis. Este libro para muchas personas es un libro de misterio o un libro de miedo. Otras personas, en cambio, lo ven como un libro codificado que tiene mensajes que hay que decodificar para actuar en este momento de la historia humana. Yo creo que una cosa que no ayuda con respecto al Apocalipsis es el adjetivo apocalíptico, porque fíjate que apocalíptico quiere decir trágico a gran escala. Eso es lo que quiere decir apocalíptico. Y resulta que el libro del Apocalipsis no es el libro de las tragedias, es el libro de la esperanza. El libro del Apocalipsis es el libro escrito, en primer lugar, para brindar un potente mensaje de esperanza a los cristianos perseguidos de finales del Siglo Primero. Y como la condición del cristiano siempre es una condición de combate espiritual y más de una vez situación de persecución. Entonces, entendemos el valor permanente que tiene el Apocalipsis.

El libro del Apocalipsis contiene en los Capítulos Dos y Tres mensajes proféticos, es decir, escritos de parte de Dios para comunidades cristianas específicas. Así, por ejemplo, en la Misa de hoy nos hemos encontrado con el pasaje que se dirige a la comunidad cristiana de Éfeso. Y claro, esos mensajes iban en primer lugar para esos cristianos, pero como ellos están hechos del mismo barro que nosotros, y como nosotros hemos recibido el mismo Espíritu Santo que ellos, entonces, es evidente que lo que a ellos fue dicho también nos habla profundamente a nosotros. Toma el mensaje de hoy, especialmente esa frase que estoy seguro que ha tocado tu corazón, esa frase que dice has luchado, has perseverado, digamos, has sido tenaz, pero tengo algo contra ti. Has abandonado el amor primero. Esa frase, yo creo que se aplica a muchos de nosotros.

Por ejemplo, si tú has hecho un buen retiro espiritual, un buen retiro de conversión. Y de ese retiro, tú saliste con un gran fuego de amor a Dios, pero luego resulta, que pasa el tiempo y ese impulso, ese ese fuego, podríamos decir, esa emoción se apagó y se apagó de tal manera que te has olvidado del amor primero. Te has olvidado de lo que descubriste que Dios había hecho por ti. Te olvidaste de eso. Fíjate lo que esto significa. Esto tiene un gran significado para nosotros. Entonces, la persona que ha pasado por esa experiencia del retiro espiritual, seguramente puede descubrir ¡Oye, este texto se aplica a mí! Un sacerdote puede decir cómo era yo en mis tiempos de seminario. Una religiosa puede decir cómo era yo en tiempos de mi noviciado. Incluso en un matrimonio, también esto se aplica de un modo muy bello, porque recuerda que en el matrimonio Dios ha entrado en la historia de esta pareja y ha entrado como bendición. Entonces, la pareja puede preguntarse y debe preguntarse ¿qué hemos hecho con ese amor del principio, con ese amor en el que experimentábamos tanta pero tanta bendición de Dios? Es una buena pregunta. Es una pregunta muy, muy oportuna.

Entonces, lo que más me llama la atención aquí es que no solo se ha perdido ese amor, sino dice tú has luchado. Le dice por una parte eso como ingrediente positivo, como aspecto positivo. Tú has luchado, pero luego le dice pero has perdido el amor primero. ¿Te das cuenta de ese contraste? has luchado, pero has perdido amor. Y yo creo que aquí hay un mensaje suplementario que es muy útil para nuestro tiempo, porque hay personas que están luchando, están luchando por por la santidad o están luchando por la reforma en la Iglesia, o están luchando por tantas cosas bellas, pero están luchando sin amor, están luchando desde la amargura, están luchando desde la tristeza y la derrota. Sí, es importante luchar, claro que sí. Hay muchas cosas por mejorar en este mundo y muchas cosas por mejorar en la Iglesia.

Pero ¿tu lucha está marcada por el amor o por qué está marcada? Porque hay personas que nos quieren enviar a luchar, pero a luchar desde el odio. Eso, por ejemplo, es lo más típico del marxismo, el odio. Que haya odio entre esta parte de la sociedad y esta. Que haya odio entre los hombres y las mujeres. Odio entre homosexuales y heterosexuales. Odio. Odio. Exacerbar las diferencias y presentar siempre la revancha, el desquite. Es el lenguaje de: ahora nos toca a nosotros, a nosotros los pobres o a nosotros los LGBT o a nosotras, en ese caso las mujeres. Ahora nos toca a nosotros. Ahora nosotros, los indígenas, llegó nuestro momento. Y también dentro de la Iglesia, en otros ambientes hay mucha amargura, mucha amargura. Esa manera de hablar algunos con respecto al Papa, con respecto a los sacerdotes, con respecto al Concilio Vaticano Segundo, es que le sale el odio. No, así no es. ¿Dónde se te extravió la buena noticia? ¿Dónde se te extravió la alegría del Evangelio? ¿Dónde? Una pregunta que nos deja esta primera lectura de hoy.

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