Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cómo vencer el escudo y la disculpa racionalista con que uno pretende mirar a otra parte cuando Cristo le recuerda que uno ha perdido el amor primero.

Homilía o331003a, predicada en 20121119, con 10 min. y 4 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Sabemos, hermanos, que el libro del Apocalipsis tiene dos partes claramente definidas. La primera de ellas es la que contiene los mensajes a las iglesias, es decir, a siete comunidades ubicadas en lo que entonces se llamaba Asia Menor y que corresponde geográficamente a nuestra actual Turquía. Esos mensajes, junto con la visión introductoria, ocupan los tres primeros capítulos de ese libro. A partir del cuarto capítulo, una serie de visiones prodigiosas intenta desentrañar el sentido y el final de la historia. Pero por ahora estamos con los mensajes. Y lo primero que llama la atención es que Dios habla en el hoy de sus comunidades. No se trata de un Dios que echó a rodar un proyecto llamado Iglesia y luego se desentendió de él. Este Dios, aunque invisible, sigue el camino de sus comunidades, sigue el camino de los creyentes. Y según nos vamos dando cuenta en estos textos, en estas cartas o mensajes a las iglesias, Dios conoce bien. Conoce a fondo, conoce con una profundidad inmensa lo que viven, lo que sufren, en qué son fuertes, en qué están débiles. Es un Dios que habla con extraordinaria libertad sobre lo que le agrada y también sobre lo que detesta. Es un Dios vivo.

¡Cuánta falta nos hace reconocer a ese Dios vivo también en nuestro caso! porque pienso que con facilidad sentimos que estamos en un proyecto que en su momento tuvo gran vigor, pero que luego ha quedado como simplemente a su aire o en la mano de voluntades humanas. Cómo sería de hermoso escuchar la voz de Dios que pudiera también hacernos esa radiografía, ese diagnóstico, ese Dios que tomara el caminar, por ejemplo de nuestra comunidad y nos ayudara a ver qué le agrada y qué le desagrada. Un Dios que quizás nos ayudará a despertar del letargo de la rutina o de la indiferencia, y que pudiera, con una palabra muy directa, hacernos ver en dónde tenemos que cambiar. Así que la primera lección de estos textos a las iglesias es que tenemos un Dios vivo, es un Dios que nos conoce, es un Dios que también quiere dejarse escuchar.

En el texto que encontramos hoy como mensaje para la iglesia de Éfeso está aquella famosa expresión: Tengo algo contra ti, has abandonado el amor primero. Si somos sinceros, esa palabra tiene que interpelarnos a todos. Pero a veces uno trata de defenderse frente a la Palabra de Dios. Para nosotros religiosos, por ejemplo, el amor primero se podría asemejar al tiempo de la promoción vocacional, o el prenoviciado o el noviciado. Y uno podría decir en aquella época yo era muy ingenuo. Yo creí que todos los frailes eran buenos y santos. En aquella época yo era muy iluso. Y yo pensaba que si se llama Orden de Predicadores, pues todos deben predicar con muchísimo ardor el Evangelio. En aquella época yo era muy emocional. Me conmovía por cualquier cosa. Con esas expresiones uno intenta poner un callo para que no le duela, que ahora su oración es mucho más pobre. Su interés es mucho menor y sobre todo, la generosidad ha decaído extraordinariamente. Pero esa es una manera de defendernos. Tristemente defendernos del poder que tiene esta frase de hoy. Has abandonado el amor primero. También aquella gente de Éfeso podía darse disculpas como esas. Podía decir: Es que antes había más milagros o antes era más emocionante. O podría desconfiar de su propio camino. Indudablemente es más sabio dejar que la palabra estalle como un latigazo y que también a nosotros.

No importa cuál sea nuestra historia personal, nos conmueva. Indudablemente es más sabio dejar las disculpas y reconocer que verdaderamente, como personas y como comunidades decaemos. Por eso, en la historia de la Iglesia constantemente hay reformadores, hay profetas, hay voces que están invitando a que otra vez se recupere lo que tiene que recuperarse, es decir, que dejemos de darnos disculpas. Una manera de quitar esas disculpas, una manera de quitar ese callo racionalista con el que uno intenta defenderse en su mediocridad. Es darse cuenta que en ese momento inicial, en esos tiempos primeros de conversión o de consagración, no estaban sucediendo únicamente ilusiones o entusiasmos. Yo tengo que tener el vigor, tengo que tener la coherencia, la honestidad de mirar a los ojos al novicio que fui. Y es verdad que ese personaje podía ser muy iluso y podía ser muy emocional, pero ese personaje estaba aceptando el señorío de Jesús.

Ese personaje estaba arriesgando, estaba arriesgando su todo de ese momento y eso es permanente. Y es a eso, no tanto a las emociones que son tan engañosas, a los entusiasmos que son tan efímeros. Es a ese centro, a ese centro de generosidad. A esa capacidad de darle autoridad a Jesucristo en la propia vida. Es a eso, sobre todo a eso a lo que hay que volver. No pretendamos a estas alturas volver a sentir con ingenuidad o con ilusión que todo está bien, que todo va a salir bien, que estamos en una comunidad maravillosa y perfecta. Eso no hay que volverlo a sentir. Eso era engañoso y eso se puede quedar muy bien en el pasado. Pero hay una cosa que sí podemos aprender del novicio que fuimos y eso que podemos aprender es la capacidad de plantarse delante de Jesús, el Eterno, para decirle: Tú tienes poder en mi vida, te reconozco como Señor de mi existencia y quiero que guíes mis pasos ahora y para siempre. Cuando eso empieza a suceder en una comunidad, se despierta el Espíritu de profecía, porque cada vez son más los que entienden esta voz de Jesús.

Cada vez son más los que le hacen eco al Señor, hasta que al final, incluso los que pretendamos o pretendan ser más sordos, terminarán oyendo que el Señor quiere una comunidad fiel a su evangelio y vigorosa para practicar la Buena noticia. Sea este, hermanos, sea un día de honestidad, de humildad y un día para decir al Señor: Recupera tu trono en mi vida, toma toda autoridad sobre mi vocación y mi existencia.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM