Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Líneas clave para apreciar y vivir las enseñanzas del final del año litúrgico.

Homilía o331002a, predicada en 20121119, con 4 min. y 43 seg.

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Transcripción:

Es importante aprender a vivir nuestra liturgia. La liturgia hace referencia a la celebración, pero como nosotros entendemos celebración no es únicamente un entusiasmo pasajero como lo que le puede suceder al que va a un buen concierto o a un partido de fútbol. Celebrar a Jesucristo no es simplemente una ola de entusiasmo y en ese sentido hay que tener cuidado, porque algunos modos de evangelización quieren presentar las cosas como impacto mediático. Si logramos sacudir toda una ciudad, si logramos producir grandes eventos, estamos haciendo mucha evangelización. El entusiasmo, el entusiasmo es importante porque el entusiasmo hace que el corazón se abra, esté dócil como que entra en conexión, en empatía con el Dios que nos ama. Pero hay que tener cuidado de no quedarse solo en eso.

Y entonces nuestra liturgia, si no es solo entusiasmo, ¿qué más es? Es vida. Por eso el corazón de toda nuestra celebración está siempre en la palabra y los sacramentos. La palabra que ilumina y los sacramentos que nos dan esa gracia que nos dan esa fuerza para el día a día y sobre todo, para la esperanza de una plenitud. La esperanza de una eternidad. Estamos llegando al final del año litúrgico y en este final necesitamos iluminación y necesitamos fuerza. ¿Y cuál es la luz que nos trae la palabra? ¿Cuál es la claridad que nos trae la Palabra en estos días? Pues básicamente es una vigorosa proclamación del señorío de Jesucristo. Toda liturgia pone a Jesucristo en su trono, no sólo en el mundo, en la Iglesia, sino sobre todo en cada uno de nosotros, en nuestras familias.

Así que eso que siempre celebramos de un modo especial, lo recordamos al final del año litúrgico, porque son tantos y tantos los poderes que vemos en esta tierra y son tantas las decepciones que tenemos frente a esos poderes por tanta corrupción que hay, por tanta mentira, por tanta retórica vacía, que llega el momento en el que uno puede preguntarse realmente, ¿realmente Dios reina? ¿Realmente Dios está a cargo de esto? ¿O ya se olvidó? Soltó el timón del barco y estamos sencillamente a la deriva, al impulso de las fuerzas, las ideologías, los imperios, los egoísmos. ¿Hay algo más allá de todo eso? Ese es el mensaje central de lo que llamamos Apocalipsis. El mensaje central del Apocalipsis no es torturarnos mentalmente o torturarnos psicológicamente con la angustia. No. El mensaje esencial, el mensaje central, es redescubrir a Cristo como Señor de la historia y descubrir que en Él, junto a Él, de su mano, a la escucha de su Palabra, en fidelidad a su Espíritu, nosotros podemos caminar incluso por sendas oscuras y más allá de las grandes confrontaciones de poder, más allá de los desastres naturales, más allá de las decepciones profundas que nos causan tantas cosas.

Esa mano firme de Jesucristo nos va llevando porque es mano de buen Pastor hasta la victoria final. Tengamos esto muy claro, por favor. Para lo que viene en cuanto a lecturas de tono apocalíptico, no es un llamado a la angustia. Es un llamado a la esperanza. Es un llamado a proclamar con la boca y con las obras que Jesús es el Señor.

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