Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Confiar en el poder de la palabra de Jesucristo cambia tu vida... si le obedeces.

Homilía o323009a, predicada en 20241113, con 7 min. y 37 seg.

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Transcripción:

Hermanos queridos, esta semana hemos estado recordando elementos claves sobre la fe, por ejemplo, la relación entre la fe y la generosidad. El resumen es que una persona que tiene poca fe, pues no apuesta nada por Dios, no pierde tiempo, entre comillas, orando, porque para qué desperdicia ese tiempo, no pierde sus fuerzas, no pierde su dinero, para él todo es pérdida. Todo lo que se le da a Dios es pérdida, porque en realidad no sabe a dónde va a parar eso. El que tiene fe obra muy distinto. Bueno, esa es la relación entre fe y generosidad.

Esta es la relación entre la fe y el perdón. La persona que tiene fe tiene una luz mucho más intensa y, por consiguiente, tiene una mayor capacidad no solamente de ver los defectos de otro, sino también de ver sus propios defectos y ver todo lo que Dios ha hecho por Él y ver la mala respuesta que ha tenido ante Dios y ver todo lo que le han perdonado y a medida que la fe va iluminando todas esas realidades, pues la persona evidentemente va teniendo una actitud muy diferente con respecto al perdón. Hoy vamos a hablar apoyándonos siempre en el Evangelio, capítulo 17 de San Lucas.

Hoy vamos a hablar de otro aspecto de la fe, un aspecto que le fascinaba a San Pablo y que es la relación entre la fe y la obediencia. Esta advertencia de San Pablo, y advertencia que aparece de alguna manera expresada en el comportamiento de estos 10 leprosos, tiene mucho que ver con una tentación que nos puede llegar a todos y es la tentación de reducir la fe simplemente a doctrinas, a ideas. Hay gente que puede sentir que, porque tiene ideas bastante bien articuladas, bastante bien organizadas y muy coherentes, muy bien expuestas, entonces yo realmente tengo una gran fe, yo soy muy creyente, pues por todo eso. Y, sin embargo, la fe no solamente se limita a lo que tú piensas, a lo que tú afirmas que, por supuesto, es indispensable.

Tener una fe sana, es decir, tener la doctrina, la enseñanza de los apóstoles es absolutamente maravillosa y es indispensable, quiero ser muy claro en esto. Además, no se nos olvide que Cristo en el capítulo 28 de San Mateo, abierta y expresamente dijo: «Vayan y hagan que todas las naciones sean mis discípulos. Enséñenles a guardar todo lo que yo les he dicho». O sea que la parte de la claridad, la parte del intelecto, por así decirlo, la parte de las ideas, es fundamental. Pero un momento no son solo las ideas, hay que llegar al nivel de la obediencia. El pasaje este de los 10 leprosos que fueron curados y que solo uno se devolvió dándole la gloria a Dios y regresó donde Cristo, este pasaje se utiliza mucho precisamente para predicar sobre la gratitud.

Pero yo quisiera, repito, que hoy pusiéramos el énfasis en otro punto. Y ese otro punto es la obediencia ¿por qué? Voy al principio de esta, de esta situación que se presenta. Son 10 leprosos, ¿qué decía la ley con respecto a los leprosos? Decía que los leprosos no podían vivir con el resto de la gente, decía que los leprosos tenían que estar aislados. Bueno, de hecho, tenían que vivir fuera de los pueblos, de las poblaciones, de las ciudades. Era una condición, casi diríamos peor que la misma muerte, porque la persona lo perdía todo, pero de alguna manera tenía que sobrevivir. Esa era la condición de los leprosos. ¿Quien dictaminaba la lepra? Los sacerdotes. Y aquí viene lo interesante, ¿quién dictaminaba la curación de la lepra? Los sacerdotes. Y ¿cuál es la expresión que les dice Cristo a estos leprosos? Cristo les dice: «Vayan y preséntense a los sacerdotes».

Evidentemente, solo había dos posibilidades. Si ellos iban donde los sacerdotes, sabiéndose que eran leprosos y se presentaban así, como leprosos, ante los sacerdotes, lo único que podían esperar era un rechazo peor. Era lo único que podían esperar, un rechazo peor. Pero ellos se pusieron en camino y fueron donde los sacerdotes. Evidentemente, no porque esperaran un rechazo peor, sino porque de alguna manera confiaban, porque de alguna manera tenían fe. Tenían fe ¿en qué? Tenían fe en que al llegar donde los sacerdotes iban a estar curados, los sacerdotes iban a declarar la curación de la lepra y ellos iban, iban a poder regresar a sus hogares, a sus familias, a sus trabajos, a su hermosa vida normal.

Dicho de otra manera, la única explicación lógica, la única de por qué ellos se pusieron en camino. La única explicación lógica es: se pusieron en camino porque confiaron en el poder de la Palabra de Cristo. Confiaron que esa palabra por un modo, por un camino que ellos no podían entender, que estaba más allá de su inteligencia, de alguna forma que ellos no podían comprender, pero que era real esa Palabra de Cristo, esa voluntad de Cristo, esa fuerza de Cristo iba a cambiar sus vidas. Y ¿qué fue lo que hicieron? Lo que hicieron fue obedecer, obedecer, obediencia. Obediencia es eso. Y esa es la relación entre la fe y la obediencia.

Si tú hubieras detenido alguno de estos leprosos, apenas empezaban a caminar, tú lo hubieras entrevistado. Tú vas allá con tu cámara, con tu micrófono y lo entrevistas, y le dices: Señor leproso, ¿usted por qué se pone en camino? Porque Jesús de Nazaret me dijo que fuera donde los sacerdotes. Y ¿a qué va usted donde los sacerdotes, a que lo rechacen otra vez? No, yo no quiero que me rechacen otra vez. Entonces, ¿a qué va donde los sacerdotes? Pues voy a que los sacerdotes certifiquen que estoy curado. Pero usted no está curado. No, en este momento no estoy curado. Pero usted espera curarse. Confío en que me voy a curar, tengo fe en que me voy a curar. Y por eso estoy en obediencia caminando hacia el sacerdote. Estoy en obediencia caminando hacia el sacerdote. Estoy obedeciendo, estoy obedeciendo porque tengo fe.

Y ya sabemos lo que sucedió, el milagro aconteció. La fe está unida a la obediencia, no le des más vueltas. Acepta la Palabra de Cristo, acepta el amor de Cristo, acepta la verdad de Cristo. Hay muchas cosas que no las entendemos, que las iremos entendiendo en el camino, tal vez algunas no terminaremos de entenderlas en esta vida, no es lo más importante. Lo más importante no es que Dios quepa en mi cabeza, lo más importante es que yo quepa en los planes de Dios. Amén.

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