Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El pecado produce una herida profunda en el corazón que prontamente se infecta, la solución es recibir a Jesús, Él es nuestra salud de alma y cuerpo.

Homilía o323007a, predicada en 20201111, con 4 min. y 33 seg.

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Transcripción:

Nuestra primera lectura en la Santa Misa de hoy está tomada del capítulo tercero de la Carta de San Pablo a su discípulo Tito. Y hay tanto por decir ahí, es decir, son textos tan ricos, tú los puedes reflexionar, está ahí, al comienzo del capítulo tercero de la carta a Tito. Yo quiero destacar una cosa, cómo el pecado hace que la persona se vuelva insoportable, insoportable, insoportable para sí misma y, por consiguiente, insoportable para los demás. Es una enseñanza tan preciosa y tan real.

Básicamente en un lenguaje un poquito más formal, podríamos decir que la enseñanza de Pablo es esta: el pecado, el pecado hace que se produzca un desequilibrio profundo en el corazón, una fractura profunda en el corazón, una herida que pronto se infecta y duele. Y que luego se manifiesta en esa especie de desasosiego que tiene mil rostros, a veces es envidia, a veces es capricho, a veces es egolatría, en otras ocasiones es violencia, es agresividad, altanería. Pero en la raíz de todo eso, y este es el gran descubrimiento de Pablo que debemos destacar hoy, en la raíz de todo eso hay una herida infectada, hay una fractura, hay un vacío no resuelto.

Tú ponte a pensar una persona que tiene un callo, algo tan, tan cotidiano, pero tan incómodo, tiene un terrible callo en su pie. Y ese callo, pues obviamente le produce incomodidad. Cuando la persona está sentada o acostada no se siente mucho, pero apenas tiene que caminar, se le nota, se le nota que está mal, se le nota que no puede avanzar, se le nota. Y la persona no puede impedirlo, si tú le dijeras a la persona: Pero camine derecho. No puede, la persona no lo logra porque tiene ese dolor cada vez que da un paso y le duele y le duele cada paso porque tiene ese problema ahí. Eso es lo que hace el pecado en nuestra vida. El pecado produce una herida profunda que prontamente se infecta, produce una fractura que no se resuelve sola. Y si me preguntas cuál es esa fractura, yo te diría, en el fondo esa fractura no es otra cosa sino la trampa que le hacemos a nuestro propio corazón.

Voy a llegar a San Agustín, voy a llegar a lo que él dijo: Nos hiciste Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti. Esa inquietud, ese desasosiego, eso que popularmente a veces se dice en Colombia, se tienta y no se halla, como que la persona no se halla, no encuentra paz, ni puede dar paz, ni puede producir paz. ¿De dónde viene eso? Que el único que podría saciar tu corazón es el Señor, el único que puede darte esa paz, esa serenidad es Él. Y si lo tienes rechazado a Él, tienes una herida infectada en el alma. Pero hay solución y la solución está precisamente en recibirlo a Él, en volvernos a Él con arrepentimiento y con humildad, y decirle: Tú eres la salud de mi alma y el amor de mi corazón. Amén.

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