Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Detrás de cada deformidad que ha traído el pecado hay algo hermoso que la gracia de Dios quiere sacar a luz.

Homilía o323006a, predicada en 20181114, con 11 min. y 28 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, les invito a que volvamos un momento a la primera lectura. Por supuesto, el Evangelio es bellísimo y hay lecciones preciosas, como todos los días, pero en esta oportunidad vayamos a la primera lectura, está tomada de la carta de San Pablo a Tito en el capítulo tercero. Lo que está presentando el apóstol San Pablo es un contraste, lo que antes éramos, lo que ahora somos. Este es un recurso muy interesante tanto para la meditación, como para la predicación, porque cuando una persona reflexiona de dónde lo ha sacado Dios, esa persona seguramente aprecia, aprende a descubrir con una nueva claridad qué es lo que Dios seguramente ha hecho en esa vida.

Lo mismo vale para la predicación, en el fondo, el predicador viene a ser como una especie de conciencia para el pueblo. Hay que hacer que nuestro pueblo valore la fe, que la valore para que la cuide, que la valore para que la transmita, que la valore, para que no la esconda, porque hay muchas fuerzas oscuras que quieren que la fe no se transmita, que la fe no se celebre, que la fe permanezca reprimida. Entonces, la estructura del texto es clara, un contraste, lo que éramos y lo que Dios ha hecho.

Repasemos lo que nos dice San Pablo sobre lo que éramos. Dice: «Nosotros, con nuestra insensatez y obstinación, íbamos fuera del camino. Éramos esclavos de pasiones y placeres de todo género. Nos pasábamos la vida fastidiando, comidos de envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros». Ese es el resumen, luego dice: «Más cuando ha aparecido la bondad, entonces ya viene la otra parte, cuando ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador y su amor al hombre». Aquí traduce su amor al hombre, la palabra original es gracia, se ha manifestado la gracia, tal vez amor al hombre se queda un poquito corto. «Cuando ha aparecido la bondad y se ha manifestado su gracia, no por las obras de justicia que hayamos hecho nosotros, sino que, según su propia misericordia, nos ha salvado con el baño del segundo nacimiento y con la renovación por el Espíritu Santo».

Bueno, entonces ese es el contraste, primera enseñanza de este texto, es necesario hacer esos contrastes. Ustedes están empezando un retiro espiritual que yo creo que puede marcarles la vida positivamente. Y uno de los ejercicios más importantes en un retiro es esto ¿de dónde me ha sacado Dios? O sea, repasar la historia que Dios ha venido escribiendo conmigo. ¿Cómo más podemos aprovechar este texto? Bueno, le voy a contar un detalle importante. El demonio es siempre un caricaturista, es decir, la obra del demonio es siempre una desfiguración o caricatura de lo que Dios quiere hacer en nosotros, eso es muy propio del ataque del enemigo. Él quiere deformar lo que Dios quiere que tenga esplendor, hermosura, santidad, es una caricatura.

Entonces, por darle dos ejemplos, Dios quiere que nos alegremos en el bien, entonces el demonio quiere que nos alegremos en el mal, es la caricatura, de eso es de lo que se trata. Otro ejemplo, Dios quiere que nuestra inteligencia y todos los talentos que nos ha dado estén al servicio de construir el bien en nuestros hermanos. Entonces, ¿qué quiere el enemigo? Que yo sí utilice mi inteligencia, pero solo para mí. Por eso decimos que el demonio es el gran deformador, el deforma lo que Dios ha dado. Pero esto tiene una enseñanza muy bonita para nosotros ¿por qué? Porque quiere decir que detrás de cada deformación, hay algo hermoso que está por descubrir. Le voy a dar un ejemplo tomado de la Biblia que tiene que ver con esto de la inteligencia.

Usted recuerda que Pablo, antes de su conversión, según sus propias palabras, él tenía mucho conocimiento, era una persona con muchos estudios, era una persona arrogante y era una persona violenta, insolente, era violento, era arrogante y tenía mucha preparación, mucho estudio, era erudito e inteligente. Si usted se encuentra una persona así, una persona que tiene una cabeza impresionante, que tiene mucha preparación y que es fastidioso y agresivo, usted no quiere estar cerca de esa persona, usted siente fastidio de esa persona o lástima. Pero ¿qué pasa? Que debajo de esa deformación ¿qué hay? Un plan de Dios frustrado.

Y ¿qué es la conversión? La conversión es quitar esa frustración, quitar esa deformación. Aquí estamos diciendo algo muy importante debajo de lo que usted considera graves pecados, que seguramente lo son, debajo de esas deformaciones hay un plan frustrado de Dios. Y cuando llegue la verdadera conversión, esa frustración se arranca y lo que queda, ¿qué es? Lo que queda es la belleza del plan de Dios. Entonces, miremos a San Pablo. San Pablo era muy inteligente, muy preparado, diríamos muy erudito, y era terriblemente arrogante y agresivo. Podemos decir que los dones que Dios le había dado de sabiduría, de inteligencia, estaban frustrados, estaban deformados por esos pecados de soberbia y de engaño en que Él estaba. Pero cuando llega la conversión es como si Dios hubiera arrancado eso. Y ¿qué le deja? Le deja el don puro que el mismo Señor le había dado.

Eso se cumple también para nosotros. Los pecados que más lo han hecho sufrir a usted, los pecados que más lo han humillado a usted, esas deformaciones tienen adentro una nuez bendita, tienen adentro un don precioso. Ese don está frustrado en este momento, en el pecado en el que usted ha vivido, ese don está frustrado. Pero si se quita esa costra de frustración, si se quita esa desfiguración, ahí brilla el don puro de Dios, ahí brilla la hermosura del don de Dios. Entonces, este texto lo que nos presenta son las desfiguraciones, las deformaciones y nuestro trabajo es ver, debajo de estas deformaciones, ver las bellezas de Dios.

Por ejemplo, dice aquí: «Éramos insensatos, éramos obstinados». Dos características muy frecuentes en el pecador, insensato, sin sabiduría. Obstinado ¿qué quiere decir? Persistente en el mal, esa es la persona obstinada, la persona persistente en el mal. ¿Qué pasa cuando esta persona que es necia, caprichosa, se convierte a Dios? Encuentra la verdadera sabiduría. ¿Qué pasa cuando esta persona se convierte a Dios? Lo que era su obstinación, o sea, su perseverancia en el mal, se va a convertir en lo que Dios realmente quiere, que seas terco pero para el bien. Y eso es lo que vemos en los santos, los santos son tercos, pero tercos en el bien. Por eso muchas veces las obras que estaban tratando de hacer se fueron al piso.

Hay casos dramáticos, piense usted en San Juan de la Cruz que empieza esa obra de reforma de la comunidad del Carmelo. Y ¿cómo le paga la comunidad? Lo meten en una cárcel. Parece que todo está perdido. Pero este hombre qué hace, cuando se ve en la cárcel metido por sus propios hermanos, una cárcel de un convento cuando metido por sus propios hermanos está en la cárcel ¿qué hace? Sigue obstinadamente. Entonces ¿qué vamos a hacer? Vamos a responder a la necedad con sabiduría. Vamos a responder a la obstinación con la perseverancia en el bien. Y así con todo lo que dice aquí: Éramos esclavos de pasiones. Y ¿por qué no podemos ser nosotros los esclavos del amor de Dios? Yo no hago sino lo que agrada a Dios.

Éramos esclavos de los placeres de todo género. Qué tal que nosotros nos volvamos adictos al Santísimo, qué tal que nosotros nos volvamos adictos a la oración. Esa es la manera de sacar ese fruto que puede parecer que está perdido, pero que en el fondo está ahí, debajo de lo que tú consideras peor en tu vida, sigue estando la terquedad de un Dios que te sigue amando. Debajo de eso que tú consideras más vergonzoso en ti, hay un plan de Dios que de momento está frustrado, por lo menos parcialmente frustrado, pero ahí está. Y Dios quiere sacar adelante ese plan y esa es la conversión. Así nos la concede el Señor por su amor. Amén.

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