Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El simple curarse es sólo quitarse un mal; salvarse es descubrir a Aquel que es fuente de todo bien.

Homilía o323004a, predicada en 20141112, con 4 min. y 55 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy, tomado del capítulo 17 de San Lucas, podemos considerarlo como una preciosa catequesis que nos ayuda a diferenciar 2 verbos, el verbo curar y el verbo salvar. Cristo nos sana, Cristo nos cura y Cristo nos salva. Cristo es el sujeto activo de estos dos verbos, nosotros somos los beneficiarios de estas dos maravillas del amor divino. Muchos de nosotros hemos experimentado sanación, hemos sido sanados, sanados en nuestro cuerpo, sanados en nuestra mente, sanados en nuestro corazón, sanados por Jesucristo, hemos experimentado curación. Pero el texto de hoy nos invita a ir más allá de la curación para descubrir lo que significa salvación.

La historia es que 10 leprosos que además de tener esta condición, esta enfermedad tan grave, al parecer ni siquiera compartían plenamente la fe de Jesús, porque resulta que ellos eran samaritanos. Y resulta que aquello que afirma y cree el pueblo judío es incompatible con lo que han vivido los samaritanos, porque resulta que los samaritanos no creían aquella parte de la ley de Moisés sobre el culto, sobre el templo y sobre los sacerdotes. Entonces, estos samaritanos, y que se me perdone la expresión, estos 10 hombres repugnantes en el sentido físico, por aquella terrible enfermedad, pero, sobre todo, repugnantes por ese aspecto de la fe, estos 10 samaritanos le hacen una súplica a Cristo: Jesús Maestro, ten compasión de nosotros.

Y este Maestro, este bendito Jesucristo, tiene compasión de ellos. Observa lo que les dice: «Id a presentaros a los sacerdotes». ¿Por qué específicamente eso? Porque ese es el punto enfermo en los samaritanos. Los samaritanos afirmaban un solo Dios, los samaritanos afirmaban que ese Dios había liberado al pueblo hebreo de Egipto, los samaritanos creían en el poder de ese Dios, los samaritanos, a su manera, querían darle culto a ese Dios. Pero los samaritanos no admitían el sacerdocio como fue establecido por Moisés. Entonces, Cristo como que quiere no solo sanar los cuerpos de estos hombres, quiere sanar también sus corazones y su fe, y por eso los envía donde los sacerdotes. Es preciosa, es preciosa la Biblia, es preciosa la pedagogía de Cristo, como une la sanación física, la sanación espiritual.

Mientras iban de camino, se curaron en sus cuerpos y uno de ellos se volvió, dándole gracias a Cristo y alabando a Dios. Y solamente ese, el que volvió alabando a Dios, escuchó esta palabra de Cristo: «Tu fe te ha salvado». Fíjate que uno puede quedarse solo en la curación, la curación hace posible que yo siga funcionando, pero uno puede curarse y, sin embargo, conservar el timón de la propia vida. Uno puede curarse y, sin embargo, considerarse señor único de su propia historia. En cambio, aquél que después de curarse se postra ante Jesús y reconoce la gloria de Jesucristo, ese, ese es el que sí se ha salvado, ha ido más allá de la curación, se ha salvado.

Y la salvación entonces, está en ir más allá del bien que yo he recibido para llegar a encontrar a Aquél, encontrar a Aquél de quien lo he recibido, esta es la maravilla de la fe. No nos quedemos solo en los milagros que nos da Dios, hay que ir al Dios que nos da esos milagros. El quedarse solo en los milagros es quedarse solo en la curación. El llegar a descubrir a ese Dios que ha hecho maravillas es pasar a la verdadera salvación.

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