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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El cristiano maduro busca a Dios y no las cosas de Dios.
Homilía o323001a, predicada en 19961113, con 4 min. y 38 seg. 
Transcripción:
Este suceso de los leprosos sirve, desde luego, para encarecer la virtud del ser agradecido, como lo hemos meditado ya el día de hoy, pero dando un paso más. Y sirve también para descubrir dos actitudes ante Cristo. Una la de aquel que busca un favor, por ejemplo, la salud. Otra la del que lo busca a Él. La proporción que da el Evangelio, nueve que no volvieron y uno que sí volvió, indica que es más frecuente la primera actitud, es decir, es más frecuente que busquemos lo que Dios puede hacer por nosotros, en vez de buscar a Dios que todo lo puede por nosotros, en nosotros y con nosotros.
Son dos maneras también de ser cristianos, o quizá mejor, dos pasos, dos etapas en la vida cristiana. En una primera etapa buscamos las cosas de Dios, esas cosas pueden ser materiales y muy concretas, como el alimento de la salud o pueden ser un poco más espirituales, como las ideas claras, la paz en el corazón, la alegría de vivir. Pero ya se trata de cosas más o menos materiales y concretas, son cosas que buscamos. En una segunda etapa, aprendemos a descubrir que en Él está todo y este es verdaderamente el cristiano maduro, el que busca a Dios, Señor de todas las cosas, y no se queda buscando las cosas de ese Dios.
Todavía hay otro modo de leer este Evangelio. Jesús va de camino, pero en realidad todo está en movimiento en este Evangelio, los leprosos que se acercan a Jesús y Jesús que le dice y les dice que vayan donde los sacerdotes, el leproso que se acerca para agradecer, y Jesús que vuelve a despedirlo: «Tu fe te ha salvado». Aquí hay también una enseñanza para nosotros, la vida cristiana también es una especie de ir y venir hacia Cristo. Es acercarnos a Él para pedirle sus misericordias, empezando por la del perdón. Y es un salir de cerca de Él para buscar salud, para buscar a los hermanos, para ser parte de una Iglesia, para anunciar la salvación.
Jesús está en movimiento y pone en movimiento a la gente, está en camino y pone en camino. No les dice a los leprosos: Vengan que yo los curó, y quédense aquí conmigo y hagamos grupito. Y al que viene agradecido no le dice: Ya que tú sí entendiste la cosa, quédate aquí a mi lado. Sea que agradezcan o que no agradezcan, sea que entiendan o que no entiendan, en camino, pónganse en camino. Vayan, busquen a los hermanos, busquen a los sacerdotes. Vayan, anuncien la salvación, cuenten lo que Dios ha hecho por ustedes. Vayan, muévanse, cada uno tiene su Jerusalén. Cada uno necesita llegar hasta su cruz, hasta su sepulcro y hasta la gloria. Solo hay descanso al final.

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