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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Jesús quiere que entendamos que por muy bien que hagamos las cosas no somos indispensables, quien es verdaderamente necesario es Nuestro Señor.
Homilía o322011a, predicada en 20241112, con 7 min. y 22 seg. 
Transcripción:
Hermanos queridos. El Evangelio de hoy está tomado del Capítulo número Diecisiete de San Lucas, y hay una palabra que lleva así como rompiéndome un poquito la cabeza desde hace años. Cristo dice en el Evangelio de hoy cuando ustedes hayan cumplido todo lo que se les ha mandado, digan para sí mismos o digan somos unos siervos. Siervos, que ese es el problema, esa es la palabra. La traducción más frecuente es somos unos siervos inútiles. Otra traducción que me he encontrado es somos siervos, somos unos pobres siervos. Como quien dice, lo que nosotros hicimos fue poco o fue de poco valor. Cuando uno se encuentra con traducciones tan diversas y cuando uno siente que el sentido de las palabras es un poco extraño a veces es útil ir a los originales.
Los originales que nosotros tenemos no son los textos autógrafos, es decir, nosotros no tenemos los textos que fueron redactados de pluma de Lucas o de Mateo, de Marcos. Nosotros no tenemos esos textos que llamamos autógrafos, los primeros primeros. Lo que nosotros tenemos es una gran cantidad de manuscritos, más de cinco mil manuscritos que cubren distintas partes de la Biblia, especialmente del Nuevo Testamento y muy en particular de los Evangelios. Y cuando se encuentran tantos manuscritos, incluso en distintas lenguas antiguas, como puede ser, por decir algo el copto, como puede ser la versión latina antigua, lo que se llama la vetus latina, varias recensiones en lengua griega. Cuando se encuentran todos esos manuscritos, entonces hay toda una ciencia bíblica que trata de descubrir cuál fue ese texto autógrafo. Y en este caso, pues parece que no hay ninguna duda de que la palabra que estamos buscando y que es el objeto de esta reflexión, es la palabra Achreios.
Achreios es un adjetivo y el plural es achreioi. Entonces, según el texto, pues tendríamos que decir que nosotros somos unos douloi, unos siervos achreioi. Somos unos siervos achreioi. Y el problema es cómo traducir la palabra achreioi o achreios en singular. Pues achreios está relacionado con la palabra chreia, que es la palabra necesidad, lo que es necesario, lo que es incluso indispensable para lograr un determinado resultado. Y luego tenemos la partícula A, es decir, en griego es la partícula alfa, de manera que achreios es lo que no es necesario, lo que no es indispensable. Por eso, con todo el respeto, por supuesto, con todos los biblistas y exegetas y estudiosos. Considero que la mejor traducción no es decir somos unos siervos inútiles porque es que por lo menos en español, inútil es lo que no produce ningún resultado, incluso lo que estorba. Por ejemplo, decirle a una persona mira es que eres un inútil, en esta empresa tú eres un inútil. ¿Eso qué quiere decir? Que no produces ningún resultado, que nada bueno sale de ti y que en realidad estás estorbando. Quedarías mejor en irte. Y yo no creo que ese sea el sentido de las palabras de Cristo. Cristo no nos está diciendo que cuando nosotros seamos obedientes, cuando hagamos las cosas bien, entonces somos estorbosos, somos inútiles y nada bueno sale de nosotros.
Decir que somos unos pobres siervos. Tampoco es una traducción que me convenza, porque unos pobres siervos es algo así como gente que hace cosas o mal hechas o mediocremente hechas, o sin valor, o realmente que no son necesarias. Realmente la palabra que me parece que describe mejor es exactamente la que va a la raíz misma de este término griego achreios. Es decir, como siervos no somos indispensables. Esa creo que es la clave. Lo que Cristo quiere es que nosotros entendamos. Me parece que esta es la interpretación más justa, por eso la comparto. Lo que Cristo quiere que nosotros entendamos es que por bien, por muy bien que hagamos las cosas, nosotros no somos indispensables. Y esto es muy necesario en la Iglesia, muy necesario. Por ejemplo, cuando el Papa Benedicto renunció, que sabemos que fue una situación bastante polémica y causó bastantes controversias, discusiones durante bastantes años, él tuvo que aclarar muchas veces que había pasado. Cuando renunció el Papa Benedicto, pues él dijo una serie de cosas tan interesantes. Yo me acuerdo especialmente la manera como él se refería a sí mismo como que yo no soy indispensable. Y daba estas razones que la Iglesia no es mía. La Iglesia no es del Papa, la Iglesia es de Cristo. Es decir, el Papa Benedicto estaba diciendo: Yo soy achreios. Ego eimí achreios doulos. Soy un siervo que no es indispensable.
Entonces, creo que ese es el mejor sentido de este pasaje de la Biblia, que nosotros entendamos que hacer las cosas bien y lograr buenas cosas está bien, pero por favor, no te creas tan necesario, no te creas indispensable. No creas que sin ti se va a detener el curso de la historia y todo va a hundirse en medio de un caos desesperante. Tampoco eres tan importante. Ni tú, ni yo, ni nadie, no, no somos. Ciertamente no somos indispensables. Y como no somos indispensables, tenemos que entender que en realidad es un privilegio. Óyeme, esto es un privilegio, es una bendición. Una gran bendición poder servir a Dios. Poder servir a Dios es más regalo para mí que lo que yo pueda hacer por Dios, porque lo que yo puedo hacer por Dios de alguna manera se podría hacer quizás mejor. Pensemos, por ejemplo, en el caso de un sacerdote. Es muy bella la vocación sacerdotal. La vocación sacerdotal es preciosa, pero ay de aquel sacerdote que se crea indispensable en una parroquia, como quien dice a mí nadie me puede reemplazar. Ay de aquel obispo que piense nadie hace las cosas mejor que yo. Eso no sería justo. Eso no ayudaría. Bueno, es posible que esta reflexión sea de provecho. Es posible que esta reflexión traiga un poco de luz a tu corazón. Si es así, alabado sea el Señor. Pero te digo una cosa. Si te sirvió esta predicación, no te olvides que este predicador es achreios. No, yo no soy indispensable. Verdaderamente necesario es el Señor. Verdaderamente necesario Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos. Amén.

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