Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Ser fieles al Señor conlleva superar la tentación de esperar o exigir una paga o recompensa próxima.

Homilía o322009a, predicada en 20201110, con 15 min. y 36 seg.

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Transcripción:

Las palabras de Jesús en esta parábola. En esta sencilla comparación del Evangelio de hoy, nos invitan a trabajar desinteresadamente por el Reino de Dios. Es decir, que no estemos esperando una recompensa próxima, una recompensa inmediata. Llegará el momento, si Dios lo permite, de entrar al banquete. Pero es importante no esperar una recompensa próxima. Uno estaría esperando recompensa próxima. Si está esperando que apenas hace algo bueno, el amo le diga enseguida ven y ponte a la mesa. Eso es esperar una recompensa próxima. Nosotros hemos de saber posponer el pago, la recompensa.

Fíjate que esta interpretación enlaza muy bien con lo que hemos comentado en otros pasajes. Estamos llegando al final del tiempo litúrgico. Cristo nos invita a la vigilancia y decíamos en otra homilía que una de las enseñanzas es que esto puede tardar. En la misma línea parece ir el Evangelio de hoy. No esperes recompensa próxima. El inmediatismo mata a las buenas obras. Lo que es realmente valioso toma tiempo, talento, esfuerzo y paciencia. Sobre todo, esto vale para la mayor obra de arte que tú puedes hacer, esculpir tu corazón para que sea semejante al corazón de Cristo. La meta es que a la hora de morir, tu corazón y el de Jesús se puedan fundir. La meta es que en el momento de la muerte, tu corazón y el de Cristo sean como espejos uno del otro. En este sentido le hablaba Dios a Santa Catalina de Siena, refiriéndose a los santos. Decía si me preguntas quiénes son ellos, te diré son otro yo. Impresionante. Otro yo. Entonces, la gran obra de arte, la gran tarea de tu vida, no está afuera en lo que hiciste, por lo que fuiste conocido, por lo que fuiste aplaudido. Por lo que fuiste recompensado. La gran obra no está allá. La gran obra está en la semejanza interior para que pueda ser verdad lo que dijo San Pablo a los Filipenses tened entre vosotros los mismos sentimientos de Cristo. Lo que se necesita es que en el momento de la muerte tú mueras como Cristo y con Cristo. La vida, en ese sentido, es una larga preparación de ese momento de encuentro. Es una larga preparación de esa fusión, ese beso de amor.

La mujer consagrada y especialmente la monja en su monasterio, debe entender esto y vivirlo cada día, habiendo renunciado a todo. La verdadera religiosa, y muy particularmente la monja contemplativa, solo espera el abrazo, el beso de Cristo, las bodas con el Amado. Es lo único que espera y espera entonces, que su corazón, que su cuerpo, que su mente sean semejantes a los de Cristo. Cuando uno pone como meta esa meta, entonces deja el inmediatismo. Entonces deja las recompensas parciales, los aplausos prematuros, las pagas próximas. Uno está esperando la paga final. En el mismo sentido nos dice Cristo. No pongan sus tesoros en la tierra donde hay ladrón y polilla. Pónganlos en el cielo. Poner tesoros en el cielo aparece en esa enseñanza de Cristo como contrario, como contrapuesto a buscar tesoros en la Tierra. Eso explica la extraña alegría de algunos santos que precisamente en medio de las tribulaciones se alegraban. Y entre esos santos está Domingo de Guzmán. Entendían perfectamente iluminados por el Espíritu Santo. Entendían que si uno hace el bien y no se lo reconocen, si uno hace el bien y nadie paga, si uno hace el bien y ni siquiera agradecen, ¡Aleluya! ¡Consignación, depósito en el cielo! Esa es la manera correcta.

Por el contrario, cuanto más agradecimiento, cuanto más reconocimiento, cuanto mayor paga y recompensa en esta tierra, más riesgo de que el corazón se aferre a eso y no logre hacer verdadero depósito en la gloria del cielo en el banco del cielo. No busques reconocimiento próximo, no busques aplauso prematuro. No busques la paga inmediata. Para facilitar que nuestro corazón haga este ejercicio. Dios, en su bondad, utiliza lo que la doctora de Siena llama Juego de amor. ¿Juego de amor qué es? Juego de amor es que a veces usted hace las cosas bien y se siente bien y se llena de alegría y recibe incluso algún reconocimiento y otras veces usted hace todo igual. O usted cree que lo está haciendo igual y no llega nada. Si usted trata de hacer bien su oración pero no siente nada, no recibe ninguna consolación. Más bien se queda como un poco perplejo diciendo ¿Por qué me siento así? Esa también se llama consignación. Depósito en los cielos. Entonces Dios para entrenarnos, para que no estemos buscando recompensas inmediatas, sino que sepamos que nuestra causa y destino está más allá del umbral de la muerte, para que podamos vivir esa espiritualidad Dios aplica lo que Catalina llamaba el Juego de amor. Juego ¿Por qué? Porque a veces como que se acerca, a veces como que se aleja. A veces está y a veces no está. Y es un juego porque uno se queda como perplejo y uno no termina de entender ¿por qué? Pero ¿por qué? ¿Por qué que se me hizo? ¿Por qué no llega? Está haciendo ese juego de amor que es parecido al cortejo. Los enamorados también saben que tienen que acercarse y alejarse. Mi abuelo materno le decía a mi mamá y a sus hermanas. No se vuelvan tan comunes. Tienen que hacerse extrañar. Uno tiene que hacerse extrañar. No puede venir así todos los meses. Tiene que demorarse un poquito, no volverse tan común. ¿Por qué? Porque ese es juego de amor. Entonces, ya cuando por fin aparece. Pues se supone que la gente se alegra. Entonces ese es el juego de amor. Eso es lo que Dios hace con nosotros. que aprendamos a posponernos, que aprendamos a no reclamar lo inmediato, que aprendamos a trabajar con generosidad.

Es muy hermoso lo que aparece en esta parábola, porque ese trabajador, después de trabajar todo el día en el campo, cuando ya vuelve a la casa, el amo ¿qué hace? le pone otro trabajo. Entonces, hay unas maneras muy bonitas de interpretar ese doble trabajo, porque son dos trabajos. Uno era el trabajo duro que estaba haciendo allá en el campo y llegó a la casa y todavía no descansa, sino que le puso otro trabajo. Prepárame de cenar, cíñete y sírveme. Le puso otro trabajo. ¿Cuál es la diferencia entre estos dos trabajos? ¿Qué enseñanza mística se esconde en esos dos trabajos? Vamos a comentarlo y con eso terminamos esta reflexión.

El primer trabajo, el que se realiza a campo abierto, corresponde a la actividad, a la vida apostólica. El otro trabajo, que está sólo centrado en el amo, que es el amado, corresponde a la vida contemplativa. Pero hay que tener en cuenta que incluso en los monasterios no todo es solamente el coro, los salmos y las alabanzas. También aquí hay que hacer otros trabajos. Lo uno es vida más activa y lo otro es vida más contemplativa. Y en ambos casos. A este pobre trabajador le toca ser humilde y posponerse. Ese es el verbo de hoy posponerse. Después de haber evangelizado medio mundo llega y todavía le queda otra tarea. La tarea de la vida contemplativa. Hay que pasar por la acción y pasar por la contemplación. Hay que saber posponerse en la vida activa y posponerse en la vida contemplativa. Uno se pospone en la vida activa cuando renuncia al reconocimiento y aplauso de la gente. Uno se aplaza y se pospone en la vida contemplativa cuando uno renuncia a las consolaciones del Espíritu Santo, Dios sabrá cuándo las da. El que está verdaderamente fiel es el que renuncia a los aplausos afuera y las consolaciones adentro. Y estando así completamente desnudo como Cristo desnudo, se aferra únicamente a Él, lo abraza únicamente a Él, lo espera únicamente a Él. Esa es la santidad. Con esa doble renuncia activa y contemplativa, esa persona, ese siervo, podrá decir que ama a Dios sobre todas las cosas. Bien puede decir que ama sobre todas las cosas porque ha amado a Dios por encima del reconocimiento de la gente, de las ganancias de este mundo y por encima de las consolaciones espirituales y los bienes interiores. Ese sí, ha amado a Dios sobre todas las cosas, y ese es el que puede escuchar la palabra que sale en el Evangelio de hoy.

Después comerás y beberás tú. No fue que lo dejó sin nada, sino que es después, después, porque el yo siempre quiere resucitar. El yo siempre quiere decir lo que dijo Pedro, ¿se acuerda de lo que dijo Pedro? Pedro, que ya estaba cansado de tanta renuncia, le dice a Jesús bueno, ya nosotros dejamos todo ¿esto para cuando hermano? Y qué le dijo Cristo. Básicamente le dijo después. Entonces usted esta noche puede hacer un hermoso letrero con una sola palabra Después. ¿yo para cuando? Después. Eso se llama posponerse. ¿Y cuando me tendrán en cuenta? Después ¿Cuando sabrán quién era yo? Cuando me haya muerto. Después. Hay que poner el letrero grande, Después. Esa fue la vida que llevaron los santos. Esa es la vida que quiere Cristo de nosotros. Después. Pero tiene una gran promesa. Después comerás y beberás tú. Y será en el banquete del reino de los Cielos.

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