Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Al despreciarse la fe se desprecia también la razón. La Biblia nos muestra que ofrecer la verdad de Dios es una gran misericordia; por el contrario, ocultar la verdad del Evangelio es una terrible crueldad.

Homilía o322008a, predicada en 20201110, con 5 min. y 10 seg.

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Transcripción:

La primera lectura en la Santa Misa de hoy está tomada de la carta del apóstol San Pablo a Tito. El Nuevo Testamento nos deja saber que hay dos discípulos que fueron muy cercanos y muy importantes para Pablo y a los cuales dirigió sendas cartas. Bueno, de hecho fueron dos cartas a Timoteo y una carta a Tito. Y en esta carta, en estas cartas llamadas pastorales, siempre aparece un tema: la sana doctrina. Vivimos en una época en la que no se aprecia. Creo que no se aprecia como se debiera lo que es y lo que trae la doctrina. Más bien es lamentable que en muchas ocasiones se presenta casi que una oposición, una oposición entre lo pastoral y lo doctrinal.

Como quien dice que si una persona es firme en la doctrina, entonces es una persona que va a ser implacable y en ese sentido, falta de misericordia y en últimas inútil para el servicio al prójimo. Es como si quisiéramos oponer verdad y amor, como que la doctrina es la parte de la verdad y el trato con la gente, la atención a la gente es la parte del amor. Y se ha regado mucho la idea de que es necesario bajarle el volumen a la verdad para que crezca el volumen del amor, porque si nosotros subimos la verdad, entonces vamos a ser implacables y faltos de misericordia. Yo creo que quienes hemos tenido reflexiones semejantes con otros temas ya nos damos cuenta que tiene que haber una trampa ahí. Ahí hay una trampa, porque te voy a recordar otro tipo de falsos, de falsas dicotomías, de falsos dilemas que nos han planteado en tiempos recientes.

Por ejemplo, nos han dicho que la fe y la razón se oponen. ¿Y eso qué significa? Eso significa que si una persona es muy, muy inteligente, entonces no puede ser creyente. Si ves, sube, sube la razón, baja, baja la fe. Porque si la persona es muy, muy piadosa, si sube la piedad, entonces tiene que bajar la razón. Por supuesto, cuando uno ha tratado los escritos, la sabiduría, por ejemplo, de un santo Tomás de Aquino, uno se da cuenta que no es así.

Y en tiempos recientes el Papa Benedicto también hacía ver eso, que en la medida en que se ha despreciado y se ha despreciado la razón, se ha despreciado y se ha despreciado la fe, termina despreciándose también la razón. La peor de estas falsas alternativas está entre Dios y el hombre. Es como si se quisiera presentar que si le damos importancia a Dios, entonces no somos suficientemente humanos. Y es curioso que las sociedades ateas más fuertes del mundo, por ejemplo la Humanist Society o Association en Gran Bretaña, siempre se ha presentado como humanista. Nosotros somos humanistas, es decir, nuestra pelea no es con Dios, sino que nosotros exaltamos al ser humano. Y se considera que para subir al ser humano hay que bajar a Dios.

Yo creo que es muy importante darnos cuenta que todas esas alternativas son falsas, como también hay otra y es la última que quiero mencionar, la de la gran mentira del demonio. El demonio nos quiere presentar las cosas como que entre más felicidad quieras, menos obediencia puedes tener. Si sube la felicidad, baja la obediencia, porque si tú subes la obediencia, obediencia a Dios, cada vez vas a ser más amargado, más prisionero, más infeliz. Esa es la manera de presentar las cosas, el demonio. Todas esas alternativas son falsas. Por supuesto que sí. Hay circunstancias en las que uno tiene que decir sí. Avanza la luz, tienen que retroceder las tinieblas. Hay casos en que sí.

Pero en los cuatro ejemplos que he dado, incluyendo esto de lo doctrinal y de lo pastoral, es decir, la doctrina y la misericordia, hay que tener mucho cuidado, no dejarnos confundir porque la Biblia es muy clara al respecto. La Biblia nos muestra que precisamente es una gran misericordia, una gran misericordia, dar la verdad, ofrecer la verdad, sobre todo la verdad de Dios, la verdad del Evangelio, ofrecer la verdad del evangelio es una gran misericordia y por el contrario, ocultar el evangelio, ocultar la verdad del evangelio es una terrible crueldad. O sea que el mensaje en la Biblia está muy claro y nadie, nadie debe confundirte.

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