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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La oración colecta del día resume bien el camino de la vida cristiana y el propósito de un buen retiro espiritual: que podamos cumplir libremente la voluntad de Dios.
Homilía o322005a, predicada en 20161108, con 11 min. y 13 seg. 
Transcripción:
Queridas hermanas, más que cualquiera de nosotros, es Jesucristo el que está interesado en estos días de retiro espiritual. Es Él quien tiene interés particular de encontrarse con ese lugar que Él mismo bendijo desde el bautismo. Es el lugar que se llama tu corazón. Hermosamente dice el Papa Juan Pablo Segundo en Veritatis Splendor, que en el interior de cada uno de nosotros hay un recinto santo al que la Biblia llama el corazón. Y ese recinto inviolable es el lugar del que emanan nuestras decisiones. Es el lugar de nuestra deliberación. Es el lugar de nuestra verdad y es también el único lugar posible para un encuentro genuino, un encuentro profundo con Cristo. Es el lugar interior del corazón, es el que Él quiere visitar a través de su Palabra bendita que proclamamos. Y por eso tenemos que orar por el predicador. Porque en medio de las limitaciones que como seres humanos todos tenemos limitaciones que incluyen hasta la simpatía, quien me cae bien o quien me cae mal. Más allá de eso, lo que nos interesa en estos días es que todo concurra para que sea Jesús el que se haga presente. Jesús, el que visite esa zona que le pertenece, esa zona que es suya. Eso vale para todo ser humano, pero es todavía más claro y es todavía más bello en el caso de las personas consagradas. Porque cuando nos hemos consagrado, lo que le hemos dicho al Señor es que queremos que ese espacio no sea pequeñito, sino que llene toda nuestra vida. Eso es lo que le hemos dicho. Queremos que todo nuestro cuerpo. Queremos que todos nuestros sueños. Queremos que todas nuestras cosas estén impregnadas de su presencia. Eso es lo que significa ser consagrados, ser religiosos. Y sobre eso vamos a reflexionar estos días, siguiendo las luces que nos dé el Espíritu Santo, al que hemos invocado bellamente desde el comienzo de esta Eucaristía. El lugar está adentro y todo lo que está afuera sirve para llegar adentro, de modo que cambiamos nuestras ocupaciones habituales, cambiamos nuestro lugar de residencia, nos vamos a un sitio diferente, en este caso a esta casa de retiro. ¿Para qué? Pues para aquí, en un contexto diferente, de un modo distinto. Reencontrarnos con el que no cambia parece una contradicción. Nos vamos lejos para encontrar al que está cerca y cambiamos nuestro entorno y nuestra cotidianidad para encontrarnos con el que no cambia. ¿Qué explicación tiene esto? Mis hermanas, lo que sucede es que todos estos cambios que incluyen quizás alguna pequeña incomodidad, suponen como una especie de ruptura, como una especie de fractura. Y esas rupturas son buenas porque en esas grietas puede entrar la luz de Dios. El corazón humano tiene la pésima costumbre de irse volviendo impermeable. El corazón humano tiene la pésima costumbre de devolverse sellado. ¿Por qué? Porque. Debido a nuestros miedos. Debido a nuestros intereses. Debido a nuestras vergüenzas uno se va encerrando. Uno se encierra en su mundo de intereses. Uno se encierra en sus temores. Uno se encierra en sus prejuicios. ¿Qué estarán pensando esta que me mira? ¿Será aliada? ¿Será enemiga? ¿Qué será lo que quiere? ¿Cómo quiere? Entonces uno se va encerrando. Y esa cerrazón, esa muralla, nos vuelve impermeables. ¿Cómo va a entrar Dios ahí? Por eso es necesario fracturar un poquito, un poquito esas murallas. Es necesario abrirle grietas a esas seguridades nuestras. Y a través de esas grietas, entonces va entrando la luz de Dios. Por eso cambiamos de lugar, por eso nos incomodamos un poco, rompemos nuestra rutina. ¿Cuál es la mejor manera de aprovechar este cambio de horarios, de ocupaciones y de lugar? Pues empezar a absorber, como se dice popularmente, como una esponja, empezar a absorber toda esta oferta que nos da la providencia de Dios. Entonces, fíjese, hay una oración. La oración propia de la Misa del día. Ustedes me conocen, saben que yo le creo mucho a la providencia de Dios en la palabra que nos va dando. Mire lo que dice la oración colecta de hoy: Aparta de nosotros todos los males. Eso es liberación, arrepentimiento, Sanación ¿para qué? Bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, nuestro cuerpo por el descanso y nuestro espíritu por la oración, podamos libremente cumplir tu voluntad. Esta es la consigna del retiro. No hubo que buscarla más lejos. Este es. Esta es la ruta del retiro. ¿Para qué hace uno un retiro espiritual? Para libremente cumplir la voluntad de Dios, que en el caso nuestro, por supuesto, se expresa con mucha claridad en nuestra consagración y en nuestros votos. Pero que el cumplimiento de los votos no sea como una imposición, que no sea como una carga, sino dice la oración nos la regaló el Espíritu Santo, que libremente podamos cumplir la voluntad del Señor. Entonces, corazones desprendidos, corazones que viven la pobreza, pero no de una manera obligatoria ni en apariencia, sino libremente corazones unificados con su afecto en Cristo, corazones puros como delirio, corazones limpios de toda vulgaridad, de toda Impureza, pero no por una especie de amargura, no por una especie de obligación, sino más bien como llamados, como atraídos. Eso es lo hermoso de las flores, que parece que la luz las, las chupará, las llamará, las succionar hacia arriba. ¡Qué hermoso! Es un corazón verdaderamente puro que está como llamado por la luz, como atraído por la luz. Entonces, almas castas, con una pureza hermosa y perfumada, pero libremente, libremente. Y lo mismo con la obediencia. No es posible la unidad de una comunidad sin la obediencia. No es posible. No es posible porque necesariamente la desobediencia va a producir tensiones internas que nos desgastan. Si yo quiero caminar para allá, pero mi pierna izquierda quiere ir en sentido contrario. Se me va la fuerza entre si camino o no camino. Eso es lo que está pasando en la Iglesia. La Iglesia tiene recursos tecnológicos, teológicos, humanos, financieros impresionantes, pero las tensiones internas nos desgastan, nos desgastan a los sacerdotes, nos desgastan en términos de las corrientes de teología por un lado y por el otro, y se nos va la vida en eso. Entonces una persona quiere ir para allá y la otra quiere ir para el otro lado y no avanzamos. No es posible, no es posible la unidad sin la obediencia. Lo dicen expresamente las constituciones de nosotros los frailes. No es posible la unidad sin la obediencia, pero no puede ser una obediencia de conveniencia ni de hipocresía. No puede ser una obediencia servil. No puede ser una obediencia del que adula, del que busca cómo ganar puntos. Decimos en mi país. A ver cómo hago para ganar puntos frente a la autoridad. Eso es mezquino, eso es miserable. Necesitamos es una obediencia, como dice la oración. Podamos libremente cumplir tu voluntad. Esa luz, esa gracia que trae Dios. Entonces ahí está la ruta de nuestro retiro. No tuvimos que buscarla más lejos. Solo le digo una cosa. Cuando hayamos hecho todo, debemos decir: Somos simples. Dice esta es lo que se llama una traducción caritativa. Una traducción caritativa. Porque la traducción original dice: Somos siervos inútiles. Eso es lo que dice. Pero aquí lo pusieron así, más caritativo para que no se sienta uno tan mal hoy como que nos protegen la autoestima. Pero otro día que no será hoy, otro día quizás hablamos sobre por qué es importante la palabra inútil. Ahí, esa palabra tiene su importancia. La Biblia no le sobran palabras. Pero lo importante en medio de esto, que es que nosotros podamos decir la otra parte de la frase no hemos hecho más que cumplir lo que nos tocaba, lo que debíamos hacer. ¿Pero cómo? Libremente. Libremente. Eso es muy hermoso ver una religiosa que va llegando al final de su vida, como nos toca a todos, porque para allá vamos todos. Una religiosa que va llegando al final de su vida y va viviendo sus votos y va viviendo sus compromisos con generosidad, con perfume, con exquisita delicadeza, pero al mismo tiempo con gran libertad. Sigamos esta celebración eucarística pidiéndole a Dios que esto se haga realidad en nuestra vida, que podamos libremente cumplir su voluntad. Amén.

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