|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La genuina humildad de los santos nos invita a reconocer la inmensidad de lo recibido y lo poco que hemos agradecido.
Homilía o322003a, predicada en 20121113, con 4 min. y 37 seg. 
Transcripción:
Cuando se habla de los apóstoles uno piensa en las grandes virtudes con que Dios adornó a estos hombres. Pero también es inevitable recordar aquellos defectos de los que tuvieron que ser purificados y en los que tuvieron que ser muy bien corregidos y educados. Porque ciertamente aquellos hombres escogidos por Cristo eran seriamente inhábiles para la obra de Dios en más de un sentido. Siempre preocupados por quién es el primero, preocupados por su recompensa. En un momento dado, Pedro dice: ¿A nosotros qué nos va a tocar? Codiciosos del poder, resentidos unos con otros. Por ejemplo, cuando Santiago y Juan dicen que quieren un puesto a la derecha y otro puesto a la izquierda de Cristo, todos los demás quedan dolidos, quedan resentidos con estos dos hijos del Zebedeo. Ignorantes. En otra oportunidad Cristo los regaña y dice ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Todavía no entienden por qué Cristo escogió personas tan imperfectas desde el punto de vista de la obra de la evangelización. Pues un motivo quizás se encuentra en aquello que dijo San Francisco de Asís refiriéndose a sí mismo con gran humildad dijo Francisco Dios no encontró otro peor que yo, y ha querido mostrar en mí su obra. Ese mismo tono de humildad y de realismo lo tiene el apóstol San Pablo. Por ejemplo, en la primera carta a Timoteo dice Pablo: Dios ha querido mostrar en mí primero que en los demás la abundancia de su compasión. Como diciendo: El Dios que es capaz de hacer algo bueno con alguien como yo, ese Dios indudablemente puede hacer maravillas con cualquier otro. Santa Catalina de Siena tiene una actitud semejante. Sabemos cuánta admiración rodeó a esta mujer. Sabemos que era un dicho común entre los sacerdotes que la conocieron y trataron. Decían: Hasta donde la conocemos ella nunca cometió ningún pecado mortal. Eso es mucho decir de una persona. Y sin embargo, mira el lenguaje que utiliza Santa Catalina. Ella dice: Soy la peor de todos. Porque si Dios le hubiera dado a otro o a otra persona lo que me ha dado a mí, los frutos hubieran sido inmensos. Pero en cambio, es poco lo que se ha conseguido por la multitud de mis pecados. Y no merezco otra cosa sino el infierno. ¡Qué manera tan dura de tratarse! San Francisco. San Pablo Apóstol. Santa Catalina de Siena. Quizás es una manera dura de tratarse, o quizás es el realismo. Quizás es la claridad que el Espíritu da cuando comprendemos que en verdad, en verdad, los dones de Dios son gigantescos, gigantescos, y en verdad nuestra ingratitud es enorme. Y esto tiene que ver con el Evangelio de hoy. Porque solo cuando uno descubre esas dos cosas que Dios ha dado muchísimo y que la ingratitud de uno ha sido muchísima. Solo desde ahí es posible decir con el corazón sincero: Señor, soy un siervo inútil, siervo inútil. ¿Cuánto podrías hacer tú en otra persona o con otra persona? ¡Qué privilegio! Entonces para mí que sigas contando conmigo, que quieras utilizarme para algo bueno. El ejemplo de los santos y sobre todo la acción del Espíritu, traiga a nosotros estos sentimientos de genuina humildad.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|