Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Quien verdaderamente quiere ser cristiano es capaz de separarse de un bien que desea y aceptar un mal que no desea porque en primer lugar está Jesús en su vida.

Homilía o313008a, predicada en 20241106, con 7 min. y 39 seg.

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Transcripción:

Cristo, en el Evangelio de hoy, nos habla de una renuncia y de una aceptación. Renunciar es como soltarse de algo, deshacerse de algo. Aceptar es como abrazar o acoger. O sea que en cierto sentido son dos movimientos opuestos. Cristo nos dice: «El que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío». Y también dice: «El que no abrace, el que no acepte su cruz, no puede ser discípulo mío». El problema está en que estas dos expresiones, pues, tocan fibras muy sensibles, yo creo, de todos nosotros, porque dice Él que renunciemos a los bienes y que aceptemos la cruz, la cual, por lo menos exteriormente, tiene un aspecto como de cosa dura, de cosa mala, cosa dolorosa.

Podríamos decir que Cristo se sitúa aquí exactamente en el ángulo contrario de lo que uno quisiera, porque uno lo que quiere es llenarse de bienes y evitar los sufrimientos, evitar los males, evitar los problemas. Uno quiere abrazar los bienes y uno quiere eso, aceptar los bienes y rechazar los males. Y parece que Cristo casi nos estuviera diciendo lo contrario. El mismo Cristo es consciente de que su mensaje va en contravía de lo que muchas veces uno quisiera. El mensaje va en contravía y por eso Cristo, en la parte final del Evangelio de hoy, pues nos dice algo así como: Hagan bien sus cuentas, hagan bien sus sumas y restas, porque posiblemente ustedes no se han dado cuenta lo que implica ser discípulo mío. O sea, analicen bien las cosas, analicen bien si de verdad quieren ser discípulos o no quieren ser discípulos. Yo creo que ese es un lenguaje, un lenguaje muy fuerte.

En resumen, Cristo lo que está diciendo es les traigo una propuesta, esa propuesta va en contravía de lo que el mundo enseña. Esa propuesta va en contravía de lo que suele escoger el corazón humano. Y por favor, piensen bien lo que están haciendo, porque ustedes creen que ser discípulo mío es muy fácil. Y yo les invito a que hagan muy bien sus sumas y restas, porque no es tan fácil ser discípulo mío. Ese es como el modo, la mirada que le podemos dar al Evangelio de hoy. Pero esto, por supuesto, requiere de una explicación y que Dios nos ayude.

Una explicación porque uno podría decir bueno, pero qué es lo que Cristo quiere decir con que renunciemos a los bienes, que no los tengamos, que no tengamos entonces, qué sé yo, las cosas que utilizamos, incluso que no tengamos los bienes de la amistad, del cariño, de la presencia de amigos, qué es lo que Cristo quiere decir con esa renuncia de los bienes y qué es lo que Cristo quiere decir con ese abrazar la cruz, que entonces tenemos que ser como esos místicos o pseudo-místicos hindúes que creen que manteniendo continuamente el sufrimiento, el sufrimiento en su vida, están creciendo en la espiritualidad, tenemos que ser como masoquistas, aunque el sentido literal de masoquista es otra cosa, tenemos que ser como masoquistas que buscan el dolor. ¿Qué es lo que Cristo nos está proponiendo y por qué lo está proponiendo?

La clave, me parece, está en que Él dice que es condición para ser discípulo de Él. Es decir, nosotros renunciamos bienes para tenerlo a Él como bien principal, por encima de todo otro bien y por consiguiente, con la disposición clara del corazón de que yo voy a perder lo que sea, perderé lo que sea con tal de no perder a mi Señor Jesús, eso es lo que significa renunciar a los bienes. Es posible que yo siga utilizando esos bienes, de esto nos habla San Pablo en la primera Carta a los Corintios, capítulo 7. San Pablo dice: Mire, la situación del mundo es tal que los que tengan como si no tuvieran. Como quien dice, no te apegues demasiado a las cosas que tienes, porque en algún momento esas cosas, el uso de esas cosas, el disfrute de esas cosas u otros elementos relacionados con esas cosas pueden entrar en conflicto con tu fe en Cristo.

Y si entra en conflicto con tu fe en Cristo un determinado bien, tú tienes que estar en la disposición interior para renunciar a ese bien. Es decir, la renuncia es fundamentalmente una renuncia intencional por la cual yo digo: Está bien, yo utilizo esto, pero no me amarro a esto, porque en el momento en el que esto vaya a ser conflicto con Cristo, sale, muere de mi vida, porque primero está Cristo, ese es el punto.

Y lo mismo con el tema de la cruz, la cruz es una expresión del sufrimiento peor que se podía pensar en aquella, en aquella etapa, en aquella época de la historia. Entonces, cuando Cristo dice que uno abrace la cruz, no quiere decir necesariamente que uno viva en dolor perpetuo, sino que, de tal manera amamos a Cristo, de tal manera esta Cristo primero en nuestra vida, que llegue el dolor que llegue la persecución que llegue, la tortura, el aislamiento, el ridículo, la calumnia, lo que caiga sobre mí, no me va a apartar de que Cristo es lo primero en mi vida. Cristo es lo primero en mi vida y eso es lo que le da sentido a todo este Evangelio. Yo pongo a Cristo como auténtico Señor y amor, Señor y amor de mi vida.

Y, por consiguiente, si algún bien pretende ocupar el lugar de Cristo, lárgate de mi vida, lárgate de mi vida, ídolo inmundo, primero está Cristo, y si viene a mí un mal que pretende asustarme, que pretende acobardarme, que pretende con su terror separarme de Cristo, no me importa asumir ese dolor porque estoy con Cristo, porque primero está Cristo. De una manera muy bella lo dijo San Benito en su regla: Nada antepongáis a Cristo. Cristo primero. Ese es el resumen. Entonces, la renuncia es una renuncia intencional y la aceptación es una aceptación intencional.

¿Qué queremos decir con intencional? Queremos decir que si entra un conflicto de bienes o entra un conflicto de males, entonces yo ya sé lo que tengo que hacer. Si tengo que separarme de un bien que yo deseo, pues entonces me separaré de ese bien. Y si tengo que aceptar un mal que no deseo, entonces lo aceptaré, porque en primer lugar está Cristo en mi vida. Ese es el sentido de lo que quiere ser discípulo. Y si uno no ha hecho estas cuentas, Cristo nos está diciendo: Haga usted muy claramente sus cuentas, para que usted sepa exactamente en qué se está metiendo. Si usted verdaderamente quiere ser cristiano, por ahí va el Evangelio. Y creo que pocas veces lo predicamos con esta claridad, pero hace falta decirlo así, seguro que hace falta.

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