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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La vida cristiana es heroica y martirial, no distorsiona el Evangelio, llama al pecado pecado; aunque caigamos una y otra vez volvemos a levantarnos.
Homilía o313006a, predicada en 20181107, con 4 min. y 41 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy está tomado del capítulo catorce de San Lucas. Si tuviéramos que ponerle un título, tal vez sería exigencias para los discípulos de Cristo y no son pocas. Este pasaje es particularmente elocuente, después de que hemos hecho nuestras reflexiones de los días pasados, en particular aquella del domingo. Recuerdas que el domingo hablábamos del amor y hablábamos de cómo amor en la Biblia tiene dimensiones muy precisas. Amar significa preferir. Amar significa obrar, hacer el bien, producir el bien. Y amar significa defender, defender ese mismo bien. Desde esa perspectiva bíblica creo que comprendemos mucho mejor las exigencias que Cristo propone cuando habla a sus discípulos.
Cristo dice: «El que no pospone a su padre o a su madre, no puede ser discípulo mío». Claro, cuando uno oye eso, uno dice: Pero qué crueldad. No es crueldad, es exactamente el sentido del amor. ¿Qué significa ese posponer al papá o a la mamá? Significa preferir, en términos positivos, significa preferir a Dios. O sea que cuando Cristo dice que es necesario posponer al papá o a la mamá, también está diciendo: Es necesario que tú prefieras a Dios. O sea que la lógica en todo esto es una lógica de amor, pero atención, amor según la Biblia, amor que implica preferir. Y esta preferencia ha de notarse en todo. Ha de notarse, incluso cuando está en juego nuestra propia condición humana, lo que más queremos, como puede ser nuestro bienestar, nuestra salud, nuestra vida misma, nuestra vida misma. Ahí, ahí también hay que preferir a Dios.
Por supuesto, esto nos enseña algo o nos recuerda algo. Y es que el modelo más perfecto de cristiano es el mártir, porque el mártir es aquel que definitivamente lo ha pospuesto todo, hasta su propia vida. Todo su confort, su familia, sus proyectos, todo lo ha inmolado, todo lo ha entregado en el altar de la gloria divina. Y por eso los mártires son la gran referencia para la vida cristiana. Pero esto también nos enseña cómo se debe predicar el cristianismo, porque si se pone algo como una especie de excusa, tema de hace poco en las lecturas de esta semana, si se pone algo como excusa para no preferir a Dios, ese no es el Evangelio de Cristo.
Por ejemplo, ese algo puede ser que las exigencias serían muy duras, hace poco ese lenguaje ha empezado a resonar tristemente en nuestra Iglesia Católica. Eso no se le puede pedir a la gente, porque eso sería heroico. Pero es que ¿quién te dijo que la vida cristiana era otra cosa? Si lo quieres poner en esos términos, la vida cristiana es heroica. Aún más, la vida cristiana es martirial. Y el que predique una cosa diferente se ha apartado del Evangelio de Jesucristo. Es que es demasiado claro lo que está en la Palabra de Dios. Entonces, el que te dice: Mira, tú estás en pecado. Pero como ese pecado es tan difícil de dejar que te traería tanto sufrimiento y te haría sentir tan mal, tranquilo, no dejes ese pecado, sigue pecando.
Con esto no estamos diciendo, al predicar esto, no estamos diciendo en concreto, yo no estoy diciendo que yo sea una persona sin pecado, claro que no. Todos somos pecadores, pero la solución no es empezar a decir: Mira, acostumbrémonos al pecado, démosle espacio al pecado, admitamos el pecado. La solución no puede ser esa, la solución es reconocemos nuestro pecado. Hemos caído, nos levantamos, volvimos a caer, nos volvemos a levantar. Oye, caímos por tercera vez, nos levantamos la tercera y la cuarta y la décima y la milésima vez, pero seguimos llamando pecado al pecado y seguimos llamando Cristo a Cristo, y seguimos llamando discípulo al que es discípulo. Mentiras no, contaminación del Evangelio no, disolución del Evangelio no, verdadero cristianismo si.

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