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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Cómo se concilia lo que Pablo dice dice la justificación por la pura fe con lo que aquí nos dice de trabajar por la salvación?

Homilía o313005a, predicada en 20141105, con 4 min. y 27 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy está tomada de la carta a los Filipenses en el capítulo segundo. Esta carta, podemos decir que, condensa elementos realmente únicos y muy profundos de la espiritualidad de San Pablo, no solamente por la madurez que ya había alcanzado en su apostolado, sino también porque las condiciones particulares de los Filipenses y la relación entrañable que tenían con San Pablo, permitía que el corazón del apóstol se expandiese con mayor confianza, hablase no solamente como un maestro, sino podemos decir como un amigo. Y la recomendación que hace Pablo en el día de hoy verdaderamente es la recomendación de un amigo: «Trabajen por su salvación con respeto y seriedad». Es una invitación a no perder lo que se ha recibido. Es una invitación a llegar hasta el final y es una invitación a esforzarse.

En esta ocasión quisiera detenerme en esa palabra, la palabra esfuerzo, porque tal vez es una palabra que algunos no sabrían muy bien cómo conectar con otras enseñanzas de San Pablo. Resulta que Pablo, en muchos lugares, especialmente en su Carta a los Gálatas y en su Carta a los Romanos, enfatiza en el aspecto de gratuidad que tiene la salvación. Por ejemplo, dice Pablo que la salvación no se debe a las obras. Dice Pablo que nosotros somos salvados gratuitamente por gracia y mediante la fe. Dice Pablo que todos son rescatados únicamente por fe. Eso no depende de si eres judío, si eres griego, si eres hombre o mujer, si eres esclavo o eres escita. Eso no importa, solamente la fe. Entonces, puede parecer extraño que este mismo apóstol, que en tantas otras ocasiones ha enfatizado la gratuidad de la salvación, aquí nos está diciendo que nos esforcemos y que trabajemos.

Pero es que aquí hay un detalle muy importante. Se trata de un trabajo y de un esfuerzo que no brota simplemente de nuestras fuerzas humanas. Porque esa fuerza, esa energía para trabajar, no viene simplemente de nosotros, es Dios quien nos da, explica el mismo apóstol, el querer y el obrar. Es verdad que la salvación llega de una manera completamente gratuita, pero llegando ese amor de Dios no permanece inactivo en nosotros, sino que, como muy bien explica Santo Tomás de Aquino, ese mismo amor que llega se convierte en principio de acción y de mérito para nosotros. Es decir, el amor de Dios que entra en nuestra vida de un modo absolutamente gratuito, también de modo gratuito, transforma nuestro entender para que podamos abrirnos verdaderamente a la revelación de Dios y transforma nuestra voluntad para que podamos abrirnos verdaderamente al querer de Dios.

Por eso, dice Pablo Dios es el que nos da el querer. O sea que en realidad nuestro esfuerzo es el esfuerzo de no frenar lo que Dios está haciendo. En el fondo, el consejo que les da Pablo a los Filipenses es: No frenen ustedes lo que Dios ya empezó a hacer en ustedes. No detengan esa avalancha de amor que ya entró cuando ustedes empezaron a creer. Denle campo libre al amor de Dios para que haga toda su obra, para que llegue a plenitud en ustedes. Y esta es la razón por la que el trabajo del que nos está hablando San Pablo no es solamente un trabajo humano, no es solamente nuestras fuerzas, es el trabajo que Dios mismo quiere hacer para llevarnos a su plenitud. Esa plenitud en la teología católica tiene un nombre muy sencillo, santidad, llamados a ser santos desde la obra que Dios realiza en nosotros.

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