Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La inclusión es el llamado universal a la santidad y la exclusión es en realidad auto-exclusión: es la consecuencia del rechazo que le hacemos al llamado del amor de Dios a través del incumplimiento de sus mandamientos.

Homilía o312006a, predicada en 20241105, con 7 min. y 43 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy es un precioso texto que nos invita a reflexionar sobre palabras que están en la actualidad, palabras como inclusión y exclusión. Yo creo que la mayor parte de la gente siente que la exclusión es una palabra perversa porque está indicando racismo, sexismo, xenofobia, o sea, cosas terribles. Mientras que la inclusión es una palabra que tiene muy buena prensa hoy, porque ser inclusivo significa que uno es tolerante, que uno tiene la mente abierta, que uno está realmente abierto a acoger a todos. Las cosas son un poco más sutiles y hay que discernirlas muy bien y el Evangelio de hoy nos va a ayudar en esa tarea. Lo que nos cuenta es una parábola. Es la parábola de un hombre que está invitando un banquete. Es un banquete fabuloso, un banquete muy agradable, pero cuando empieza a invitar a la gente a que llegue a su banquete, pues muchos empiezan a disculparse. Parece que tienen otras cosas más importantes que hacer.

No están dispuestos a aceptar esa invitación y por consiguiente, parece que esa palabra de invitación cae en el vacío. Es una situación que se presenta ahí. Bueno, esa es la primera parte de la parábola. Luego viene una segunda parte y es que este hombre quiere que se llene la casa y entonces les dice a sus criados, les dice salgan a los cruces de camino, traigan a todo el mundo. Yo quiero que se llene mi casa. Traigan a todo el mundo. Eso yo creo que le hace recordar a uno aquellas palabras tan famosas del Papa Francisco cuando dijo que todos, todos, todos están invitados y han de ser recibidos por la Iglesia. Algo parecido es lo que encontramos en la parábola de hoy. Por lo menos en la segunda parte de la parábola, donde dice el dueño de casa dice: Necesito que se me llene la casa, tráiganme a todos. Y evidentemente no todos los que van a ser invitados son ni tan cercanos ni tan amigos, y probablemente son personas que también tienen sus propios problemas, por decirlo de una manera discreta.

¿Qué podemos aprender sobre inclusión y exclusión? Alguien podría decir bueno, esa tiene que ser la Iglesia. La Iglesia tiene que simplemente invitar a todos y tiene que recibir a todos. No es tan sencillo. No se te olvide, por favor. Y esta es la parte a la que quiero llegar. No se te olvide la parte final. La frase final de la parábola. Porque Cristo dice: Quiero que se me llene la casa. Pero también dice Y os aseguro que esos primeros invitados. Ninguno. Óyeme esto. Ninguno de esos primeros invitados probará mi banquete. Eso es exclusión, cierto. Si me explico. Cuando nosotros nos quedamos solo en el todos, todos, todos, Parece que bueno, ahí evidentemente tiene que caber todo el mundo. Pero hay unos que están excluidos. ¿Cuáles están excluidos? los que rechazaron la primera invitación. Ese dato es importante. Es decir, que no se puede. No se puede pensar que simplemente porque hay una oferta de amor, porque hay una oferta de gracia. Ya con eso queda garantizado que hay que admitir a todas las personas, sea cual sea su condición. Porque lo que debemos entender, me parece a mí, es que aquellas personas que han rechazado la palabra de invitación se han autoexcluido. Esto no lo debemos pasar por alto y este no es un tema menor.

Si una persona se separa del Evangelio, si una persona rechaza el Evangelio, no es tanto que Dios la esté excluyendo, es que la persona se está autoexcluyendo. Por eso repito la frase final de la parábola de hoy hay que tomarla en serio. Ninguno de aquellos primeros invitados, es decir, ninguno de aquellos que rechazó la invitación, probará mi banquete. Ninguno de ellos va a entrar en el banquete. Es decir, que el que se autoexcluye, pues Dios no lo va a obligar. Como decía muy sabiamente un predicador refiriéndose al tema del infierno, decía: Negar la existencia del infierno equivale a decir que Dios va a obligar a todos, incluso a los que no quieran estar con Él, los va a obligar a estar con él. Y esa es la supresión de la voluntad misma. Entonces, existe algo que se llama autoexclusión. Cuando Dios me invita y yo rechazo la invitación de Dios, me estoy autoexcluyendo. Y el texto de hoy nos está mostrando que si tú te auto excluyes, pues Dios no te va a obligar, porque Dios que te dio libertad no te la va a quitar. Y si tu libertad implica que tú rechazas el llamado de Dios, lo rechazaste.

Por supuesto, el siguiente paso en este camino de reflexión es preguntarnos ¿en qué consiste rechazar el llamado de Dios? Bueno, pues hay muchos textos que nos muestran qué es eso. Por ejemplo, en el Evangelio de Juan encontramos que Cristo dice a sus apóstoles: Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les estoy mandando. Y habla varias veces en plural de los mandamientos, no solamente el mandamiento. Porque alguien podría pensar que el único mandamiento es que nos amemos y nos amemos. No habla de los mandamientos. Y en el Evangelio de Marcos encontramos que la primera condición para seguir a Cristo es precisamente que la persona obedezca los mandamientos. Eso es parte del seguimiento de Cristo. Entonces, si yo rechazo los mandamientos que me ha dado Dios, y yo rechazo el mandamiento de Cristo. Si yo rechazo la voluntad de Cristo, me estoy autoexcluyendo. Dicho de otra manera, si existe la inclusión como llamado universal de la gracia a la conversión. Pero existe también la exclusión, es parte del mensaje cristiano. Si tú te autoexcluyes, si tú escoges la desobediencia, si tú escoges la rebeldía frente a Dios, pues Dios no va a suprimir la libertad que Él mismo te dio.

Por eso decía al principio que este pasaje nos enseña mucho sobre lo que es la inclusión y la exclusión, porque la inclusión es el llamado universal a la conversión, a la santidad, a la gracia y la exclusión es la consecuencia del rechazo que le hacemos con nuestra desobediencia y Dios nos libre. ¿Que le hacemos a ese llamado del amor de Dios? Así que por favor tener claro esto y no confundir los lenguajes actuales que son muy populares y que se riegan en el nuevo Orden mundial. No confundir eso con el mensaje del Evangelio. Que Dios te bendiga.

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