Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Olvídate de las excusas y justificaciones porque no hay nada que Dios ignore y porque no hay ninguna imagen que puedas presentar a quien te conoce realmente.

Homilía o312005a, predicada en 20181106, con 4 min. y 59 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado del capítulo número catorce de San Lucas. Podemos decir que esta es la gran catequesis de Cristo sobre las excusas y las disculpas. Yo creo que muchos de nosotros hemos gastado una buena parte de nuestra vida a base de disculpas, a base de excusas. Por supuesto, el texto, el pasaje de hoy es es muy rico y se puede mirar desde varios ángulos. Permítanme que hoy lo veamos desde este ángulo particular. Un estudio sobre el tema de las excusas. ¿Qué es una excusa? Una excusa es una manera de explicar por qué lo que se esperaba de nosotros no es lo que nosotros dimos o lo que nosotros vamos a dar. Es una explicación, una excusa es una explicación.

Entonces, en el pasaje de hoy aparecen diversas explicaciones. Por ejemplo, uno dice he comprado un campo y no puedo ir a tu banquete. Compré unas, he adquirido unas yuntas de bueyes, no puedo ir a tu banquete, me casé, no puedo ir a tu banquete. Es decir, la persona que da excusas se supone que está presentando de alguna manera razones. Y por supuesto, si hay una razón, si hay un motivo, pues entonces nuestra imagen queda a salvo. Si la razón por la que yo no acepto tu invitación es suficientemente fuerte, se supone que nosotros seguimos siendo amigos. Y se supone que tú sigues teniendo el mismo concepto que tenías de mí. Supongo que un concepto bueno, un concepto alto. Entonces, para preservar un concepto alto que tú tienes de mí y al mismo tiempo para no hacer lo que tú esperas de mí, para eso damos una excusa. Pero inmediatamente uno se da cuenta que las excusas suponen una especie de ignorancia en la persona a la que yo le estoy hablando. Es decir, si tú no sabías que yo me he casado, pues permíteme que te cuente que yo me he casado. Y entonces esa es la razón.

A dónde quiero ir con esto es, que las excusas solo funcionan cuando la otra persona no sabe algo que es lo que a mí me va a servir de razón para decirle. Pero qué excusa cabe? Y este es el punto central. ¿Qué excusa cabe frente al Dios que todo lo sabe? ¿Qué le puedo decir a Dios que Él no sepa? ¿Qué le puedo presentar como una razón adicional para sustentar mi postura? Es decir, mi negativa. Y otra cosa. ¿Qué diferencia hay entre la imagen que yo quiero proyectar ante la gente y la imagen que Dios tiene de mí? Pues resulta que Dios no tiene una imagen de mí. Dios me conoce. Entonces, básicamente lo que uno entiende es que las excusas no tienen ningún sentido en nuestra relación con Dios, porque no hay nada que yo le diga que Él no conozca. Y no hay ninguna imagen que yo pueda salvar, porque Él ya sabe cómo soy yo realmente. O sea que la invitación del Señor en este texto del Evangelio es: Olvídate de las excusas, porque no hay nada que Dios ignore, y porque no hay ninguna imagen que tú puedas presentar ante Él. Entonces quita esas excusas.

Y en el momento en el que tú quitas esas excusas que también se llaman fachadas, que también se llaman máscaras, en el momento en el que tú quitas todo eso, en el momento en el que todo eso cae, ¿qué queda? Queda tu desnudez, la desnudez de tu ser con todas sus necesidades, con todas sus indigencias y ese es el lenguaje que Dios quiere tener con nosotros. Hablemos de tus necesidades reales. Hablemos de tus pecados reales. Hablemos de tus defectos. Hablemos de tus carencias. Hablemos de tus heridas. No vengas con excusas, no valen ningún trapo, no valen ninguna explicación, no vale ninguna justificación. Cuando empezamos a presentarnos de esa manera ante Dios puede ser muy difícil al principio, pero por una razón, por una poderosísima razón dijo Jesucristo: la verdad los hará libres. Y es totalmente cierto. Es solamente la verdad la que nos hace libres. Y cuando empezamos a presentarnos de esa manera, desnudos, como está Cristo desnudo en la cruz, en ese momento llega el torrente de su amor a nuestras vidas. Y entonces entonces empezamos a ser cristianos.

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