Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Meditación sobre el abajamiento de Cristo en su sacrificio de amor en la Cruz.

Homilía o312004a, predicada en 20141104, con 5 min. y 2 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy está tomada de la carta a los Filipenses en el capítulo segundo. El texto que hoy nos ofrece nuestra Madre la Iglesia es el famoso himno, himno cristológico, es decir, un himno que describe el misterio de Cristo, himno cristológico. Creo que vale la pena recordar la cita bíblica completa Filipenses capítulo dos, versículos del cinco al once. Tiene nuestra Madre la Iglesia tanto aprecio por este himno que invita a todos los que rezamos la liturgia de las Horas a que lo digamos todos los sábados, o si voy a ser más preciso en las primeras vísperas de los domingos. Porque cuando se rezan Laudes, vísperas, cuando se reza la liturgia de las horas, lo que corresponde al día sábado por la tarde, no son propiamente vísperas del día sábado, sino las primeras vísperas del domingo para la Iglesia. El domingo empieza en la tarde del sábado. Siguiendo en eso la tradición y la usanza de los judíos.

Entonces, en las primeras vísperas de los domingos, es decir, lo que corresponde al sábado por la tarde, la Iglesia nos propone siempre este himno de la carta a los Filipenses. Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios. Al contrario, se anonadó a sí mismo y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Yo quisiera ofrecer una breve reflexión sobre el tema de la humildad, porque nadie duda de que la humildad es precisamente el centro del mensaje en este himno cristológico. No la humildad como virtud humana o como virtud que facilita la vida en sociedad. Sino la humildad de Cristo, es decir, el movimiento de anonadamiento. El movimiento de kenosis. Esa es la palabra que se dice en griego para indicar el aniquilarse, el anularse, entregarse completamente, el darse sin reservas, pero con una condición muy especial, escogiendo la condición de siervo, escogiendo la característica de servidor. El que se da en servicio, el que se vacía de sí mismo, el que se desocupa de sí mismo y se entrega en servicio y en donación a los demás sin reservas.

Eso es lo que aparece en este himno de la Carta a los Filipenses. Pero hay algo más que destacar. ¿En dónde está esa plenitud? ¿En dónde está esa perfección de la humildad? Aún siendo breve el texto de este himno, encontramos dos momentos en los que se destaca lo que significa esa humildad hasta el extremo. El primer punto es allí donde dice San Pablo: tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. El anonimato, el no sobresalir, el actuar, vivir, hablar de tal manera que se puede prescindir de nosotros, el llegar a convertirse muchas veces en paisaje, digo yo, convertirse en paisaje, convertirse en fondo. Porque hay otros que quizás pueden o tal vez quieren brillar más. Esa es una cumbre de la humildad. Y fíjate que es una anti cumbre, porque se llega a la plenitud de la humildad, no cuando se está en una cúspide, sino más bien cuando se está en un llano. El que está como los demás. El que permanece en el mismo nivel de otros. El que no pretende un tratamiento particular. El que sabe de algún modo desaparecer en medio de los demás, como realizó Cristo ciertamente en los años de su vida oculta.

Pero luego aparece otro extremo de humildad. Y ese otro extremo es el de la cruz. En la cruz se refleja plenamente lo que significa la humildad, en la cruz donde acontece el máximo servicio. En la cruz, donde se derrama el máximo amor, en la cruz, donde se vence toda soberbia, es donde también brilla la máxima humildad. Aprender a dar espacio para que otros brillen y servir y amar hasta el extremo. Las lecciones preciosas de Cristo recordadas aquí por San Pablo.

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